El dragon boat: otra forma de hacer piragüismo
En Cuenca, hablar de piragüismo no resulta extraño. Es un deporte arraigado, cercano, que forma parte del paisaje y de la rutina de muchos, impulsado en gran parte por el entorno natural de la ciudad y por espacios como el río Júcar, que atraviesa la provincia y ofrece condiciones ideales para su práctica.
Sin embargo, lo que para algunos puede parecer un deporte que se practica de una única manera, en realidad engloba diversas modalidades que pasan mucho más desapercibidas.
Entre esas formas menos visibles de entender el piragüismo, hay una que transforma el esfuerzo individual en un movimiento colectivo. Se llama dragon boat: una disciplina en la que todo depende de remar al mismo tiempo.
Modalidad del piragüismo
Según la International Dragon Boat Federation, el dragon boat es una embarcación larga propulsada por la fuerza de sus tripulantes, que reman sentados y mirando hacia delante, utilizando palas de una sola hoja. Sin embargo, es en sus raíces donde reside gran parte de la magia de este deporte, que va más allá de su definición técnica.
Tal y como recoge la International Canoe Federation, su origen se remonta a más de dos mil años en el sur de China, donde estas embarcaciones formaban parte de tradiciones culturales y rituales vinculados al agua. Con el paso del tiempo, aquella práctica ancestral evolucionó hasta convertirse en una disciplina deportiva moderna, cuyo impulso definitivo llegó en 1976 con la celebración en Hong Kong de las primeras competiciones internacionales.
Lo que comenzó como un ritual ha terminado expandiéndose como un deporte oficial por distintos rincones del mundo, llegando también a ciudades como Cartagena, donde Eva Ros lo practica como una parte muy importante de su día a día.
“Para mí el dragon boat es una forma de salir del día a día, de escapar en el agua. Es ver las colinas de Cartagena, sentir el oleaje, clavar la pala con fuerza… y también ser consciente de tu cuerpo, incluso en los días en los que estás agotada y no puedes más” explica la deportista.
Palistas, timonel y tambor
En Cartagena (Murcia), Eva Ros forma parte del equipo de Real Club de Regatas Cartagena. Desde 2020 practica este deporte, que ha supuesto un antes y un después en su vida. A través de su experiencia, explica en qué consiste esta modalidad del piragüismo: “es una modalidad que se realiza en equipo… hay dos tipos de embarcaciones, un standard boat, con 22 tripulantes, 20 palistas, un tambor y un timonel, y un small boat, con 12 personas… y al final consiste en ir todos a ritmo”.
Dentro del dragon boat, cada integrante cumple una función específica. Los palistas son los encargados de remar y generar la fuerza del barco; el tambor, situado en la parte delantera, marca el ritmo de las paladas; y el timonel, desde la parte trasera, dirige el rumbo y controla la trayectoria durante la carrera.
Aunque cada integrante cumple una función específica, no todos tienen el mismo peso en la embarcación. Tal y como explica Eva Ros, el tambor “es muy llamativo porque le da mucha emoción a la competición… el ritmo de los tambores hace que todo sea mucho más intenso”, aunque no es el elemento más determinante. En cambio, los palistas de la parte delantera, conocidos como “marcas”, tienen un papel clave, ya que son los encargados de entender qué necesita el barco y marcar el ritmo.
Aun así, la mayor responsabilidad recae en el timonel, que debe dirigir la embarcación durante toda la carrera y evitar errores decisivos. Como señala la propia deportista, recogiendo una idea que se repite dentro de este deporte, “un timonel no te puede hacer ganar las regatas, pero puede hacértelas perder”.
Beneficios del dragon boat
Más allá de su funcionamiento, el dragon boat es un deporte muy completo a nivel físico. Tal y como explica Eva Ros, “a nivel cardiovascular lo tienes todo hecho… se genera mucha fuerza, sobre todo a nivel de tren superior y core”, aunque también intervienen las piernas y la coordinación de todo el cuerpo. En este sentido, subraya que no solo se trata de fuerza, sino también de coordinación.
Por otro lado, el dragon boat ha adquirido una especial relevancia en el ámbito de la salud, especialmente en mujeres que han superado un cáncer de mama. Según la Asociación Española de Linfedema, la práctica de este deporte ayuda a prevenir el linfedema y a mejorar la movilidad del brazo afectado, al favorecer el drenaje linfático mediante el movimiento repetitivo. En el mismo sentido, una revisión sistemática realizada por investigadores de la Universidad Isabel I, publicada en la revista Healthcare, analiza los efectos del dragon boat en pacientes oncológicas. El estudio concluye que esta práctica contribuye a mejorar la calidad de vida y a reducir los síntomas asociados a la enfermedad en supervivientes de cáncer de mama.

“Las mujeres que han sido operadas tienen un mayor riesgo de linfedema si no realizan ejercicio físico. Esa movilidad que le das al brazo afectado hace que el riesgo sea menor o incluso que no aparezca», añade Eva Ros.
Más allá de lo deportivo
De este modo, el dragon boat trasciende lo puramente deportivo. Además, también se convierte también en una herramienta de recuperación, apoyo y mejora de la calidad de vida para muchas mujeres.
Así, en un entorno donde el piragüismo forma parte de lo cotidiano, el dragon boat aparece como una forma distinta de entender el agua. No es el deporte más visible ni el más practicado, pero sí uno de esos que se descubren casi por casualidad y acaban quedándose. Quizá la diferencia no esté solo en la embarcación o en la forma de remar, sino en la manera de vivirlo: en equipo, a ritmo y compartiendo esfuerzo.
Porque, al final, más allá de lo conocido, siempre hay otras formas de acercarse al deporte. Solo hace falta parar, mirar un poco más allá y atreverse a probar.
