CULTURA

Entre pólvora y pasodobles

Las Fiestas de Moros y Cristianos de Almansa constituyen uno de los eventos más importantes de la localidad, combinando tradición, historia y devoción en una celebración que cada año reúne a miles de personas. Sin embargo, más allá de su valor cultural y turístico, estas fiestas adquieren un significado mucho más profundo cuando se viven desde dentro, formando parte activa de un grupo festero.

En este trabajo se analiza esta celebración desde una doble perspectiva: por un lado, su valor histórico y social; y por otro, la experiencia personal como festero del grupo La Estrella, aportando una visión cercana y real de lo que supone participar en estas fiestas. Esta combinación permite entender no solo qué son las fiestas, sino qué significan realmente para quienes las viven intensamente.

Las Fiestas Mayores de Almansa tienen su origen en el siglo XVII, vinculadas a la devoción hacia la Virgen de Belén, patrona de la ciudad. Con el paso del tiempo, esta celebración evolucionó incorporando las representaciones de moros y cristianos, que simbolizan los enfrentamientos históricos entre ambos bandos, así como la convivencia cultural que caracteriza a la región . Actualmente, estas fiestas representan una de las principales señas de identidad de Almansa, combinando elementos históricos, religiosos y sociales en una tradición que se transmite de generación en generación.

Vivir las fiestas desde dentro supone una experiencia completamente diferente a la de un espectador. Como miembro del grupo festero La Estrella, la implicación comienza mucho antes de que lleguen los días grandes de mayo. Durante todo el año, los grupos festeros organizan convivencias y actividades destinadas a preparar las fiestas. Estas jornadas incluyen la elaboración de comidas típicas como la gachamiga, así como eventos musicales y exposiciones de trajes que se lucirán en los desfiles . Este trabajo previo es fundamental, ya que permite comprender el esfuerzo colectivo que hay detrás de cada acto.

Cuando llegan los días de celebración, la intensidad es constante. Cada jornada está llena de actos en los que la participación activa genera una sensación de responsabilidad y orgullo. No se trata solo de disfrutar, sino de representar una tradición que forma parte de la identidad del pueblo. Desde los desfiles hasta las embajadas, cada momento se vive con emoción, sabiendo que se forma parte de algo mucho más grande.

Dentro de este contexto, el grupo festero La Estrella desempeña un papel fundamental en la experiencia personal de muchos participantes. Se trata de una agrupación en la que la convivencia y el compañerismo son elementos clave. Durante los días de fiesta, los miembros comparten prácticamente todo: comidas, desfiles, momentos de descanso y celebraciones. Esta convivencia intensiva crea vínculos muy fuertes entre los festeros.

Como señala uno de los miembros más veteranos del grupo:
“La Estrella no es solo un grupo festero, es una familia. Aquí hemos crecido juntos, hemos vivido las fiestas desde pequeños y ahora seguimos manteniendo esa tradición con los más jóvenes”.

Uno de los elementos más característicos de las fiestas son los desfiles de comparsas, donde tanto el bando moro como el cristiano exhiben trajes elaborados con gran detalle. Estos trajes no solo tienen una función estética, sino que representan el esfuerzo de todo un año. La música juega un papel fundamental en estos actos, acompañando cada desfile con marchas que generan una atmósfera única y emocionante.

Otro momento clave son las embajadas, donde se representan los enfrentamientos entre moros y cristianos mediante discursos y actuaciones. Este acto es considerado por muchos como el corazón de las fiestas, ya que combina historia, interpretación y emoción. Como explica otro festero veterano:
“Cuando estás en una embajada o en un desfile importante, sientes que estás representando a todo el pueblo. Es una responsabilidad, pero también un orgullo enorme”.

Más allá de los actos, las fiestas tienen un fuerte impacto social. Durante estos días, la ciudad se transforma por completo, las calles se llenan de gente y se genera un ambiente de convivencia difícil de encontrar en otros momentos del año. Las fiestas actúan como un elemento de cohesión social, uniendo a personas de diferentes edades y contextos.

En palabras de otro miembro de La Estrella:
“Las fiestas son el momento en el que todo el pueblo se une. Da igual la edad o el grupo, todos estamos ahí para lo mismo: disfrutar y mantener viva la tradición”.

En los últimos años, las fiestas han experimentado una evolución significativa, ampliando su alcance más allá del ámbito local. Un ejemplo de ello es su proyección internacional, como el desfile realizado en Nueva York, que demuestra la capacidad de esta tradición para trascender fronteras . Este tipo de iniciativas refuerzan el orgullo de los festeros y ponen en valor el esfuerzo colectivo de toda la comunidad.

Desde una perspectiva personal, formar parte del grupo festero La Estrella ha permitido vivir las fiestas de una manera mucho más intensa y significativa. La experiencia va más allá de los actos, ya que implica compartir momentos únicos y formar parte de una comunidad unida por una tradición común. El ambiente que se genera, la cercanía entre los miembros y la implicación de todos hacen que esta experiencia sea especialmente enriquecedora.

En definitiva, las Fiestas de Moros y Cristianos de Almansa son mucho más que una celebración anual. Representan una manifestación de identidad, cultura y comunidad que se mantiene viva gracias a la implicación de los festeros y de toda la población. Vivir estas fiestas desde dentro permite comprender su verdadero significado: no son solo tradición, son una forma de vida.

Autor