Infraestructuras

La UCLM vende deporte, pero Cuenca juega sobre caucho y barro

La Universidad de Castilla-La Mancha presume de apostar por el deporte universitario. Competiciones y torneos como el Trofeo Rector o la Copa Primavera son grandes baluartes del discurso de la institución que promueve el deporte. Sin embargo, al acercarse a las instalaciones deportivas del Campus de Cuenca se puede observar una realidad muy distinta a la que se promueve con esos mensajes.

Un mantenimiento paupérrimo de las instalaciones

El ejemplo más evidente aparece en el campo de fútbol 7. Sobre el papel, la universidad dispone de un terreno de césped artificial. En la práctica, cuesta incluso identificarlo como tal. El verde, prácticamente desaparecido en muchas partes del terreno de juego deja su lugar a lo que se asimila más a una enorme superficie de caucho negro que a un campo de fútbol. Las zonas con césped parecen pequeños milagros en mitad de un tapete desgastado por el paso del tiempo y la falta evidente de mantenimiento.

 La situación no solo afecta a la imagen exterior de las instalaciones. El alumnado que se anima a practicar este deporte observa el campo como un peligro constante, donde una mala caída o una entrada pueden causar lesiones fruto del mal estado del campo. El material aportado también deja que desear, siendo pocos los balones de fútbol aportados por la institución y en muchas ocasiones en mal estado. 

Unas pistas de pádel que dejan que desear

La problemática continúa en las pistas de pádel. Atendiendo al estado de las exteriores, Cuenca, cuenta con un clima duro, caracterizado por el frío, la lluvia y el viento, que se convierten durante gran parte del año académico en un impedimento. Es por este motivo que sorprende aún más la falta de preparación de estas pistas frente a la climatología que caracteriza a la ciudad, dejando estas completamente expuestas a las inclemencias meteorológicas. Cada episodio de lluvia convierte la superficie de juego en un barrizal, donde los resbalones, las caídas y los botes irregulares se convierten en la tónica habitual que dicta la sentencia de los partidos.

Sin embargo, más llamativo aún parece la única pista cubierta del campus. Una instalación que debería ofrecer una alternativa de calidad frente a las canchas exteriores. Pero ocurre todo lo contrario. La pista ni siquiera cumple lo que muchos entienden como pista de pádel, al cambiar las paredes de cristal que caracterizan este deporte por muros de cemento que dejan paso a botes irregulares y poco predecibles. 

Los brotes verdes del sistema de deportes

Pese a lo mencionado previamente no todo es negativo. El pabellón deportivo presenta un estado mucho más cuidado y funcional. Acorde a lo que se espera de una universidad que apuesta por el deporte. Además, los vestuarios ofrecen una imagen moderna y acorde con un complejo deportivo moderno.

La cuestión ya no es únicamente deportiva. También afecta a la imagen que arroja el campus al exterior y a la calidad de la vida universitaria para los estudiantes de la capital conquense. Porque fomentar el deporte no solo consiste en contar con espacios para ello, sino ofrecer un mantenimiento y actualización dignos para que los espacios deportivos sean seguros y adaptados a las necesidades de aquellos que las utilizan día a día.

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