Distancias no tan largas
Cualquier joven que comienza sus estudios universitarios empieza con un sentimiento agridulce. Primero tienes la euforia e ilusión de comenzar a estudiar la profesión que sueñas. A este sentimiento se une el miedo a lo desconocido. La incertidumbre de saber si has acertado o no puede enturbiar la mente de alumnos que temen fallar. Estas situaciones afectan a todos los alumnos, pero aquellos que abandonan sus casas y se trasladan lejos de su entorno, pueden ser más vulnerables. Esto es exactamente lo que me pasó a mí.
La universidad, en muchos casos, es una prueba de fuego para esos jóvenes que deben ser adultos de forma repentina. Lidiar con malas decisiones, aceptar el error como parte del día a día y no venirse abajo es un auténtico reto. Se podría decir que mi llegada a la UCLM es el resultado de un fracaso. Después de comenzar una carrera que no me gustaba y de la que no obtuve ningún resultado en mi ciudad, decidí apostar por buscar lo que me hacía feliz, ser periodista. Si la comodidad de mi casa no me lo permitía, debía cumplir mis sueños fuera. En un abrir y cerrar de ojos, me encontraba matriculado en una universidad a cientos de kilómetros de casa. Sin saber lo que iba a ser de mí, busqué a la desesperada información sobre la universidad y la ciudad que me acogía. La sensación fue muy tranquilizadora.

Un trato casi personal
Gracias a los servicios online de la UCLM, pude resolver todas las dudas y completar los trámites necesarios. La dificultad era considerable, pues desde la distancia se complica resolver las dudad más simples. En ese aspecto, el trato virtual con los responsables de la universidad fue casi personal. El intercambio de mensajes era casi constante ante cualquier duda o error. En universidades de ciudades grandes, recibir respuestas rápidas y tan cercanas es algo impensable. Esto hizo más fácil mi llegada a la UCLM y a Cuenca. Al arropado recibimiento, esta relación cercana también se vio reflejada en el trato con los profesores. La UCLM ofrece una relación con los profesores muy especial. En toda mi estancia en la universidad, jamás me he sentido un número, tampoco para lo malo.
Durante mi paso por la universidad, he vivido de todo. Se podría decir que Cuenca me ha visto crecer. Durante ese crecimiento, me he dado cuenta que la universidad no es para tanto. El fracaso no es el fin del mundo y en la vida hay cosas más importantes que aprobar o no una asignatura. Mi relación con la vida universitaria y con la carrera en estos momentos no es la mejor. La falta de motivación y el desgaste forman parte de mi día a día y en estos momentos, la carrera no es mi prioridad número uno. Uno nunca sabe cuándo va a encontrarse mejor ni si recuperará la ilusión por retomar los estudios. Sin embargo, estoy convencido que, igual que hace cinco años, la UCLM y la Facultad de Comunicación me estarán esperando con los brazos abiertos.
