DEPORTES

La rotura del ligamento cruzado: causas, impacto y recuperación

La lesión de ligamento cruzado anterior (LCA) consiste en un desgarro o ruptura, parcial o completa, de uno de los ligamentos principales de la rodilla. Este ligamento conecta el fémur con la tibia y aporta estabilidad a la articulación. Afecta sobre todo a deportistas jóvenes, entre 15 y 35 años. La incidencia es mayor en mujeres, con un riesgo entre 3 y 7 veces superior al de los hombres. Es frecuente en deportes que implican pivotes, saltos o cambios bruscos de dirección.

Se trata de una lesión relevante porque provoca inestabilidad crónica. También implica largos periodos de baja, que suelen ir de 6 a 12 meses. Además, aumenta el riesgo de desarrollar artrosis en el futuro. Cada año se producen unas 250.000 lesiones de este tipo solo en Estados Unidos. En el fútbol, la incidencia también es notable: aproximadamente un jugador por equipo cada dos temporadas sufre esta lesión.

Aunque las roturas de LCA representan solo alrededor del 2 % de todas las lesiones en el fútbol élite europeo, su impacto es muy alto. Según el UEFA Women’s Elite Club Injury Study la mediana de baja es de 292 días, es decir, unos 9,7 meses. Solo el 41 % de los jugadores vuelve antes de los 9 meses.

Los estudios epidemiológicos de la UEFA Elite Club Injury Study muestran que los jugadores operados tardan, de media, unos 10 meses en volver a competir en partido oficial. Además, la tasa de segunda lesión es del 17,8 %. De ese total, el 9,3 % corresponde a la misma rodilla y el 8,5 % a la contraria, tras un seguimiento medio de 4,3 años.

La literatura científica también advierte del riesgo a largo plazo. Diferentes médicos han encontrado que el 16 % de las rodillas desarrolla signos radiográficos de osteoartritis patelofemoral a los 15 años. En su cohorte, el porcentaje asciende hasta el 47 % en rodillas reconstruidas. Esto ocurre incluso tras una cirugía exitosa. Este dato muestra que la lesión no solo puede cortar carreras, sino también afectar a la calidad de vida décadas después.

Dos casos de élite ilustran bien esta realidad. Zlatan Ibrahimović sufrió una grave rotura de LCA en la rodilla derecha en 2017, cuando jugaba en el Manchester United. Años después, en 2022, jugó durante seis meses sin ligamento cruzado anterior en la rodilla izquierda con el AC Milan, antes de operarse a los 40 años.

Por su parte, Alexia Putellas, doble Balón de Oro, se rompió el LCA de la rodilla izquierda en julio de 2022, justo antes de la Eurocopa Femenina 2022. Se perdió el torneo y casi toda la temporada 2022-23. Tras cerca de diez meses de rehabilitación, regresó en abril de 2023. Recuperó su papel como referente del FC Barcelona Femenino y de la Selección Española. Su caso demuestra que es posible volver al máximo nivel con el tratamiento adecuado.

Alexia Putellas sacando un córner en la temporada 2021/22. Pixabay: makamuki0.

José Luis García explica las causas de esta lesión. “El valgo y la rotación interna forzada sin contacto son el mecanismo más frecuente”, señala. Añade que no es solo cuestión de mala suerte. Según él, existe un fallo en el control neuromuscular que se puede entrenar. Sobre el tratamiento, afirma que no todos los LCA rotos requieren cirugía. En pacientes seleccionados, un buen programa puede ofrecer resultados excelentes. Sin embargo, en deportistas de pivoteo, la reconstrucción suele ser la mejor opción para volver al mismo nivel sin aumentar el riesgo.

Respecto a la recuperación, insiste en que no debe medirse solo en meses. Lo importante son los criterios objetivos. Entre ellos, destaca una fuerza simétrica superior al 90 %, un buen control neuromuscular, confianza psicológica y la superación de tests funcionales. Solo así se reduce el riesgo de recaída, que puede alcanzar el 20-30 % en el primer año. En cuanto a la prevención, es claro: no es opcional, sino parte del entrenamiento. Recomienda fortalecer isquiotibiales y glúteos, evitar el valgo dinámico en saltos, mejorar la técnica de frenado y giro, usar calzado adecuado y realizar cribados previos de riesgo.

Daniel Cobos, de 22 años, vivió esta lesión en primera persona. Describe una sensación de inestabilidad muy marcada. “Estaba haciendo un giro para cambiar de dirección cuando sentí un crujido seco”, recuerda. La rodilla se hinchó en segundos. Al intentar apoyarla, se le doblaba sola. “Era pánico: pensaba que nunca volvería a jugar”. El dolor era intenso, pero lo peor era la sensación de que la pierna no respondía. Su testimonio coincide con lo que señala José Luis García: la inestabilidad subjetiva es el síntoma más incapacitante y guía gran parte de la rehabilitación.

Hoy en día, la lesión de LCA ya no implica necesariamente el final de una carrera. Un diagnóstico precoz ayuda a mejorar el pronóstico. También es clave un tratamiento personalizado y una rehabilitación basada en criterios objetivos. Aun así, la prevención sigue siendo fundamental. Entrenar de forma adecuada reduce el riesgo de forma significativa. Permite a los deportistas prolongar su carrera y practicar con mayor seguridad. Como resume José Luis García, “reconstruir un ligamento es importante, pero reconstruir al deportista es lo que realmente importa”.

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