“La mente también compite”: Raquel González, psicóloga deportiva
En los últimos años, dentro del deporte, la salud mental ha dejado de ser un aspecto secundario para convertirse cada vez más en un elemento fundamental del rendimiento y del bienestar de los deportistas. La presión competitiva, la autoexigencia, la exposición pública y la necesidad constante de resultados han puesto en evidencia que el cuerpo no puede sostener lo que la mente no acompaña. Cada vez más entrenadores, clubes y atletas reconocen que la fortaleza psicológica es tan determinante como la preparación física, y que ignorarla puede derivar en bloqueos, lesiones, desmotivación o abandono deportivo. En este contexto, la figura del psicólogo deportivo se ha vuelto imprescindible para comprender, entrenar y cuidar la salud mental de los deportistas.
En este escenario se sitúa Raquel González, psicóloga deportiva y corredora de Trail, una profesional que combina su experiencia clínica con su vivencia personal. Como atleta, ha experimentado cómo el entrenamiento mental y físico puede mejorar la calidad de vida, la salud y el progreso deportivo. Como psicóloga, acompaña a deportistas de distintas edades y niveles en el desarrollo de habilidades que sostienen su rendimiento.
La importancia en el rendimiento deportivo
González subraya que la salud mental es inseparable del rendimiento. “La salud mental es una parte más de la salud y el bienestar de las personas”, afirma. “Igual que si no me encuentro bien físicamente no voy a poder dar mi mejor rendimiento, si no me encuentro bien mentalmente el rendimiento se va a ver condicionado”.
Para ella, el entrenamiento psicológico no es un añadido, sino un pilar fundamental: “El trabajo mental no es un complemento o algo opcional, es parte del propio rendimiento”. Y aunque reconoce avances, advierte que todavía no existe una equiparación real con la preparación física: “La preparación física está completamente normalizada, mientras que la psicológica sigue siendo vista en algunos entornos como algo ‘opcional’ o solo necesario cuando hay un problema”.
«El trabajo mental no es un complemento o algo opcional, es parte del propio rendimiento»
Raquel González
Ansiedad, miedo al error y autoexigencia
Entre los problemas más frecuentes que observa en deportistas, González menciona “la ansiedad competitiva, el miedo al error, la baja autoconfianza, la autoexigencia extrema, la dificultad para gestionar la presión externa y los bloqueos en momentos clave”. Estas dificultades suelen intensificarse en etapas de cambio: “cambios de categoría, de rol, nuevas responsabilidades, cambios de club o de entrenadores”, así como en procesos de adaptación tras una lesión o en periodos de resultados irregulares.
El miedo y la autoexigencia, explica, pueden impulsar o frenar. “El miedo es una emoción natural, necesaria y útil, pero puede convertirse en un obstáculo cuando surge ante amenazas irreales”. En cuanto a la autoexigencia, señala que “el problema aparece cuando se transforma en perfeccionismo rígido, ese que no permite fallar y bloquea el proceso normal de aprendizaje”.
La presión competitiva
La presión competitiva influye directamente en la ansiedad, la concentración, la toma de decisiones y la autoconfianza. González describe cómo un exceso de presión puede generar “una percepción de peligro y amenaza que activa fisiológicamente en exceso, pensamientos intrusivos irracionales y elevada intensidad emocional”. Esto interfiere en la ejecución técnica y puede desencadenar un círculo de errores, pérdida de confianza y mayor ansiedad.
Uno de los casos más habituales es el deportista que rinde a un nivel alto en los entrenamientos, pero no logra reproducir ese rendimiento en competición. Para González, la clave está en evaluar cómo percibe esa presión y entrenar habilidades de autorregulación física y emocional.
Entrenar la mente
El entrenamiento mental combina técnicas basadas en evidencia científica con un proceso de autoconocimiento. González trabaja desde enfoques cognitivo-conductuales y una mirada humanista que atiende la experiencia de cada deportista. Entre las herramientas que utiliza se encuentran “la visualización y práctica en la imaginación, el entrenamiento atencional y mindfulness, la regulación emocional, la reestructuración cognitiva, el trabajo con valores y motivación, ejercicios de respiración consciente y relajación, auto-instrucciones y establecimiento de rutinas y hábitos psicológicos”.
Con estas técnicas el objetivo es comprender la identidad deportiva, los patrones de conducta y la relación que cada deportista mantiene consigo mismo y con su entorno, para desarrollar habilidades que fortalezcan tanto el rendimiento como el bienestar.
Impacto emocional de las lesiones
Uno de los momentos más difíciles dentro de la carrera de cualquier deportista son las lesiones. Aunque el daño físico es visible, González recuerda que “el impacto emocional puede ser igual o incluso más intenso”. La lesión implica enfrentarse a “la incertidumbre, la pérdida de control y la interrupción forzada de la actividad deportiva”, lo que puede generar frustración, miedo a no recuperar el nivel, pérdida de identidad deportiva o aislamiento.
Mientras que la rehabilitación física cuenta con plazos y protocolos claros, la recuperación psicológica es más silenciosa y, a veces, más prolongada en el tiempo. Gestionar la impaciencia, la inseguridad y el miedo a recaer es un proceso que requiere acompañamiento.
Impacto de las redes sociales
Por otro lado, González advierte del impacto de las redes sociales en la salud mental de los deportistas, especialmente los más jóvenes. “Pueden amplificar la presión, fomentar la comparación constante y exponerlos a críticas inmediatas”. Y donde el uso excesivo puede provocar “dependencia y una búsqueda continua de aprobación externa”, además de aumentar la autoexigencia y la tendencia de alcanzar estándares imposibles.
La importancia del cuidado
Entre las mejoras necesarias en el ámbito deportivo, González destaca la normalización de la figura del psicólogo deportivo dentro de los equipos técnicos, la formación de entrenadores y familias en comunicación y gestión emocional, y la creación de entornos donde el error no se castigue. “El error debe entenderse como parte natural del aprendizaje y del desarrollo deportivo”, afirma.
No trabajar la salud mental puede derivar en bloqueos, bajadas de rendimiento prolongadas, lesiones relacionadas con el estrés, pérdida de motivación e incluso abandono deportivo. En los casos más graves, la falta de atención psicológica puede desembocar en dificultades emocionales que afectan al día a día del deportista.
González concluye con un mensaje dirigido a los jóvenes deportistas que empiezan a experimentar ansiedad o presión en la competición: “Es una oportunidad para aprender, desarrollar valores y habilidades para todos los ámbitos de su vida. No están solos, pueden pedir ayuda para avanzar”. Y recuerda algo esencial: “El rendimiento y los resultados no definen su valor como personas”.
“El error debe entenderse como parte natural del aprendizaje y del desarrollo deportivo”
Raquel González
