Carlos Rojas, un conquense jugando en Ucrania: “El fútbol sigue siendo fútbol, aunque el país esté en guerra”
Nacido en Cuenca el 18 de abril de 2002, Carlos Humberto Rojas Mosquero es el extremo conquense que ha convertido su origen de tierra adentro en combustible para un viaje inesperado.
De las canchas del fútbol base local pasando por la cantera del Levante UD y posteriormente en la cantera atlética, pasó por la Sub-19 española antes de dar el salto profesional con el Murcia CF para después dirigirse al conjunto alicantino (Hércules CF).

Ahora, en plena temporada 2025/26, vive su aventura más ambiciosa: cedido hasta junio en el Epicentr Dunaivtsi de la Premier League ucraniana. En el encuentro con el jugador ha compartido su perspectiva del fútbol en un país inmerso en una guerra.
Una rutina que no cambia pese a la guerra
Desde la ciudad donde juega, una localidad del oeste de Ucrania completamente ajena a los combates, Rojas desmonta de un plumazo la imagen que muchos tienen de lo que significa ser futbolista en zona de conflicto. “Sinceramente mi rutina puede parecer mentira, pero sigue siendo la misma”, asegura con naturalidad. Comidas, entrenamientos de campo y gimnasio, descanso… todo idéntico a cuando estaba en España. “Vivo en una ciudad que está 0 afectada por la guerra, entonces todo lo que se refiere al fútbol se puede llevar de la misma manera”.
Los viajes, el único punto donde se nota el conflicto
El único momento en el que el conflicto se hace presente es en los desplazamientos. Los aeropuertos siguen cerrados por precaución, así que los equipos se mueven en autobús por un país enorme. “Tenemos que dar mucha más importancia al descanso porque los viajes son muy largos”, explica. Aun así, ni entrenamientos ni partidos se han visto alterados. “Nunca desde que he llegado hemos tenido ningún susto ni ningún temor. Siempre hemos podido llevar a cabo los partidos y entrenos sin ningún problema”.
El susto contra el Dynamo Kiev
Hubo un único susto colectivo: el día que jugaban contra el Dynamo Kiev. Sonó la alarma antiaérea, el partido se retrasó unos minutos… y al final se disputó con total normalidad. “Las alarmas son para todas las ciudades del país, no porque suene una es porque vaya a haber un ataque justo donde estás. El país tiene defensa aérea y mucha protección. Además, los partidos los tienen muy protegidos en cuanto a horarios y dónde se juegan”, cuenta. Desde dentro, asegura que nunca le ha afectado ni a la concentración ni psicológicamente: “Nosotros con el fútbol nunca vamos a ciudades que realmente pueden ser peligrosas. Siempre realizamos nuestra actividad en ciudades donde puedes estar totalmente tranquilo”.
El fútbol como pasión nacional
Lo que más le ha sorprendido es el papel del fútbol en la sociedad ucraniana. “Esto es algo que me sorprendió bastante cuando llegué”, reconoce. “Es un país muy futbolero. A la gente le encanta ir a los estadios y animar a sus equipos”. Aunque el reglamento no permite llenar el aforo completo por seguridad, los estadios se llenan hasta el límite permitido. Fuera del campo, la gente lo reconoce por la calle y habla de fútbol con pasión. “Muchas veces pienso que si no tuviese esta situación el país, el fútbol sería aún más importante dentro de la sociedad ucraniana de lo que ya lo es”.

“Nunca me he planteado marcharme”
¿Se ha planteado alguna vez dejar el país? La respuesta es rotunda: “Personalmente nunca desde que llegué he tenido la idea de dejar el país. Nunca he tenido una situación que me hiciese llegar a esa conclusión. Me da lástima la situación que se vive con respecto a la guerra porque es un país realmente acogedor y yo personalmente estoy disfrutando mucho esta experiencia de vivir el fútbol aquí”.
La gran diferencia con España: lo físico
En el terreno de juego, la principal diferencia que nota con respecto a España es el componente físico. “Sobre todo la diferencia mayor que he notado es el aspecto físico. Creo que es una liga y un fútbol que te demanda estar en ese aspecto de la mejor manera porque es un fútbol que lo exige mucho”.
Sin contacto directo con la guerra
Sobre el contacto directo con la realidad del conflicto, Rojas es claro: “Se puede decir que nunca he tenido contacto con personas afectadas por este tema. A veces en la calle ves gente vestida de militar que está volviendo a casa o que puede estar en alguna base militar, pero lo que es contacto directo se puede decir que nunca he tenido. Por suerte vivo en una ciudad de Ucrania que tiene contacto 0 con la guerra”.
“Le animaría a cualquier jugador a venir”
Si tuviera que explicarle a otro futbolista qué significa jugar en Ucrania, su respuesta es una invitación clara: “Por mi experiencia vivida hasta el momento es algo que incluso si cualquier jugador que conozco tiene pensado venir yo le animo. Creo que es una oportunidad realmente grande de poder ser futbolista profesional en una liga muy competitiva con equipos históricos en cuanto a competiciones europeas. Te puede dar la posibilidad de conseguir grandes retos ya sea dentro de Ucrania o en países de alrededor. Es una liga que está muy bien organizada y creo que es una experiencia que aconsejaría. Lógicamente cada caso es un mundo… por suerte mi caso está pudiendo ser así”.
Carlos Rojas, el conquense que cruzó media Europa para seguir jugando al fútbol en medio de una guerra, resume su experiencia con una frase que suena a lección: aquí, a pesar de todo, el fútbol sigue siendo fútbol. Y él, por ahora, solo quiere seguir disfrutándolo.
