Las actividades que más aportan no siempre son las más populares
Cada vez que la Universidad de Castilla-La Mancha anuncia una gran actividad universitaria, casi siempre ocurre lo mismo. Los carteles llamativos, mucha difusión en redes y gran participación, como por ejemplo: El Torneo Rector o las fiestas universitarias consiguen movilizar a cientos de estudiantes en cuestión de días. Y no creo que eso sea algo negativo. La universidad también tiene que ser un espacio de ocio, convivencia y desconexión. El problema aparece cuando esas actividades terminan eclipsando casi todo lo demás.
Desde que estudio en la Facultad de Comunicación de Cuenca, tengo la sensación de que muchas de las actividades académicas y culturales pasan completamente desapercibidas. Charlas con profesionales, talleres o encuentros audiovisuales suelen tener mucha menos repercusión que cualquier competición deportiva. A veces ni siquiera nos enteramos de que existen hasta que ya han terminado.
Y me parece una pena, porque precisamente en una facultad como Comunicación esas actividades son las que más pueden acercarnos a la profesión que algún día queremos ejercer de ello. Una charla con un periodista o un director de cine quizá no tenga la emoción de una final deportiva, pero puede enseñarnos más sobre nuestro futuro que muchas horas de teoría. Sin embargo, parece que todo aquello que no genera ruido, fotos o grandes cifras de participación queda automáticamente en segundo plano.
Creo que parte del problema está en cómo entendemos los jóvenes la vida universitaria. Muchas veces se asocia la experiencia universitaria únicamente con socializar, salir de fiesta o participar en eventos. Y sí, todo eso forma parte de esta etapa, pero no debería convertirse en lo único visible. La universidad también tendría que ser un lugar donde la cultura y las actividades relacionadas con cada carrera tengan el protagonismo que se merecen.
De todas maneras, noto una diferencia entre las actividades de la universidad y las que organiza la propia facultad. Las primeras suelen estar pensadas para atraer al mayor número posible de personas y las segundas, tienen un carácter mucho más cercano. En muchas ocasiones permiten hablar directamente con profesionales y participar de forma activa.
Tampoco creo que el problema sea únicamente de los estudiantes. Muchas veces estas iniciativas culturales o académicas tienen menos promoción, peores horarios o menos recursos. Es difícil competir contra eventos que cuentan con una campaña constante de difusión.
A mi parecer, me gustaría que la universidad diera más importancia a estas propuestas menos visibles. No para sustituir las actividades deportivas o con más asistentes, sino para equilibrar el espacio que ocupan. Porque estudiar en la universidad no debería consistir solo en asistir a clase y esperar el próximo evento del campus. También debería implicar descubrir experiencias que realmente nos aporten algo más allá del entretenimiento.
Quizá una charla en un aula nunca tendrá el ambiente de un torneo universitario. Pero, al menos bajo mi punto de vista, muchas veces he salido de esas actividades con la sensación de haber aprendido algo útil.
