Extension universitaria

El deporte universitario merece algo más que abandono

Las actividades extraescolares representan una parte importante de la vida universitaria. Más allá de las clases y los exámenes, el deporte permite a los estudiantes desconectar, mantener hábitos saludables y relacionarse con otras personas del campus. Por ello, las universidades deberían garantizar unas instalaciones adecuadas y una buena organización de las competiciones deportivas. Sin embargo, en el caso del campus de Cuenca de la Universidad de Castilla-La Mancha, especialmente en lo relacionado con el pádel y el Trofeo Rector, existen numerosos problemas que reflejan una clara falta de atención hacia el deporte universitario.

Uno de los aspectos más criticables es el estado de las instalaciones deportivas, concretamente de las pistas de pádel. Aunque se trata de uno de los deportes con mayor participación entre los estudiantes, las pistas presentan un evidente deterioro y una preocupante falta de mantenimiento. El suelo se encuentra desgastado, las paredes y redes muestran desperfectos y, en general, la sensación que transmiten es de abandono. Además, la limpieza y el cuidado de las instalaciones no parecen ser una prioridad, algo difícil de entender teniendo en cuenta que muchos estudiantes pagan tasas universitarias y esperan unos servicios mínimos de calidad.

La situación resulta aún más contradictoria si se tiene en cuenta que la universidad promueve constantemente la participación en actividades deportivas. No basta con organizar torneos o anunciar eventos si después las instalaciones no están a la altura. El deporte universitario no debería verse como un simple complemento secundario, sino como una parte importante de la experiencia estudiantil.

Por otro lado, la gestión del Trofeo Rector también deja mucho que desear. Esta competición debería promover valores como la deportividad, el compañerismo y el juego limpio, pero en muchas ocasiones ocurre justamente lo contrario. Uno de los mayores problemas es la escasa flexibilidad ante situaciones justificadas que impiden disputar un partido en la fecha prevista. Cuando surge un problema importante, como un motivo médico, la organización debería ofrecer soluciones razonables y actuar de manera imparcial.

Sin embargo, actualmente parece que toda la responsabilidad recae en que el equipo rival acepte voluntariamente cambiar el partido. Esto genera situaciones claramente injustas, ya que al equipo contrario le beneficia directamente mantener la fecha original y conseguir la victoria por no comparecencia. La universidad no puede desentenderse de este tipo de situaciones y limitarse a decir que el cambio depende exclusivamente de los participantes. Una competición organizada por la propia universidad debería contar con normas más humanas y con mecanismos que permitan valorar cada caso de manera objetiva.

En definitiva, tanto el estado de las instalaciones deportivas como la gestión del Trofeo Rector reflejan una falta de compromiso con el deporte universitario en el campus de Cuenca. La universidad debería escuchar más a los estudiantes y entender que estas actividades forman parte de su experiencia académica y personal. Mejorar el mantenimiento de las pistas y aplicar una organización más justa no requiere medidas imposibles, sino simplemente una mayor implicación y preocupación por ofrecer un servicio de calidad.

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