La universidad, un puente o precipicio para el futuro laboral
Desde que somos pequeños, nos han repetido una y otra vez que la universidad es la puerta hacia el futuro. El lugar de máxima excelencia académica, donde, supuestamente, vamos a aprender todo aquello que necesitaremos para desempeñar con éxito nuestra futura profesión. Sin embargo, no todo es como parece.
Vivimos en un mundo que cambia a pasos agigantados. La tecnología, la comunicación y el mercado laboral evolucionan constantemente, una realidad que debería obligar a las carreras universitarias a renovarse de manera continua. Lo que un lunes parece una tecnología revolucionaria, el viernes ya es una herramienta más, reemplazada por otra nueva sin tiempo a reacción. Mientras tanto, muchos estudiantes continúan aprendiendo contenidos, en ocasiones desactualizados o excesivamente teóricos, que poco tienen que ver con la realidad laboral que encontrarán al graduarse.
La universidad pone la semilla y tú te encargas de germinarla
El gran marco teórico que ofrece la universidad no siempre resulta necesario para comprender o desempeñar las tareas reales de una profesión. En carreras prácticas, como las relacionadas con la comunicación, muchas veces no se trabajan las habilidades que verdaderamente exige el oficio. Demasiadas horas de teoría terminan sustituyendo prácticas orales y escritas que resultan fundamentales en una profesión que se encuentra en constante evolución.
No digo que las asignaturas prácticas no existan. Sí las hay, y todas ellas cuentan con grandes profesionales y docentes comprometidos. El problema es que, en numerosas ocasiones, no tienen el tiempo ni la importancia suficiente dentro del plan de estudios como para satisfacer las necesidades reales que el alumno encontrará en el futuro. A veces, menos es más. En muchos planes de estudios se debería tener en cuenta.
Tras media década en el aula, las prácticas representan el primer contacto real de muchos estudiantes con el mundo laboral. Es el momento en el que descubren si aquello que eligieron años atrás realmente les apasiona. También es la primera vez que deben demostrar que todo lo aprendido durante la carrera tiene la utilidad que les habían prometido. Sin embargo, la realidad muchas veces resulta decepcionante.
Algunos estudiantes llegan a sus prácticas sin dominar herramientas básicas que las empresas utilizan diariamente. Sería extraño imaginar a un graduado en Derecho incapaz de conocer artículos fundamentales de la Constitución. ¿Por qué esto ocurre día tras día con estudiantes de Periodismo o Comunicación? La realidad es dura. Muchos jóvenes terminan sus estudios sin sentirse preparados ni con la confianza necesaria para desempeñar aquello para lo que llevan años formándose.
La conclusión termina siendo demoledora, En ocasiones, unos pocos meses de experiencia real enseñan más sobre una profesión que años enteros en la universidad. Esto no quiere decir que esta no sea importante. Al contrario, sigue siendo un espacio fundamental y el lugar propicio donde conseguir desarrollar pensamiento crítico, disciplina y conocimientos especializado. Pero sí evidencia la necesidad de adaptar la enseñanza a un mercado laboral que avanza mucho más rápido que las aulas. Mientras que esto no ocurra, obtener un título en la universidad ya no siempre garantiza estar preparado para tu futuro. El tiempo avanza y la universidad sigue anclada.
