Alonso Romero: «Entré a 1 de la ESO con 10 años, aunque para mí eso siempre fue lo normal»
Alonso Romero no esperaba que su vida diera un giro a los 6 años, cuando lo diagnosticaron con altas capacidades. Nació en un pequeño municipio de la provincia de Cuenca de apenas 300 habitantes. Como cualquier niño normal, vivió su infancia en el pueblo con normalidad. Pero ni él, ni sus padres se esperaban que una de sus profesoras lo viera distinto al resto de sus compañeros de clase. «Me hicieron dos flexibilizaciones; primero fue de infantil a 2º de primaria, y luego de 5º primaria a la ESO». Desde entonces ha convivido en clase día a día con compañeros dos años mayores que él y con una educación superior a la de los niños de su edad. Aun así, el vivir en un pueblo pequeño le ha asegurado no dejar de juntarse con los de siempre.
Se estima que, según datos del Ministerio de Educación, tan solo el 0,84% de la población española tiene altas capacidades. Si bien muchas personas que poseen este ‘don’ no están diagnosticadas, por lo que se valora que el índice sea algo más alto. Aun así, es un porcentaje inferior a la mayoría de la población general, por lo que hace a Alonso Romero un alumno especial.
Normalmente, estos casos suelen darse en la infancia. Como en el caso de Alonso, una profesora se da cuenta y da la voz de alarma. En muchas ocasiones, ni siquiera nadie llega a darse cuenta. Una vez se inicia este proceso, en este caso el niño pasa por distintas pruebas hasta que se determina esta condición o en qué curso debería estar, según sus capacidades. «En el colegio recuerdo que me sacaban de clase una vez por semana». Le realizaban juegos para agilizar la mente, como puzzles o ajedrez. «En la segunda flexibilización vino una inspectora de Valera para valorar ella también la situación». Nos cuenta que, una vez entró al instituto estas pruebas cesaron y siguió un ritmo normal.
Es curioso encontrarse con este tipo de casos, ya que resulta muy extraño que una persona haya podido entrar al instituto con tan solo 10 años, acabar Bachillerato con 15, para empezar la Universidad fuera de casa con 16. En su caso, comenta como anécdota que el viaje de fin de curso de los estudios en su instituto a Mallorca lo hizo teniendo tan solo 15 años. Y quizá, la mayor traba que ha experimentado siempre, sobre todo en esos años, es no poder salir de fiesta con normalidad como el resto de sus compañeros, ya que era menor.
Podría parecer que uno debe sentirse orgulloso de sí mismo por ir adelantado a su edad. Pero Alonso no se siente mejor que el resto ni más por ello. De hecho, siempre dice que es algo que no suele decir; no lo oculta, pero tampoco lo presume. «Siempre hay gente que actúa como si de una condición extraña se tratara, cosa que se escapa de mi entendimiento».
