Así se vive un día de cuartos de la Champions League
El día de ayer siempre quedará en la mente de todos los atléticos. El Atlético de Madrid volvió a semifinales de Champions League, 9 años después, doblegando al Barcelona en cuartos como ya hizo en 2014 y 2016. Los aficionados sabían que podría ser un día grande y así lo hacían notar desde la previa.
Desde las primeras horas de la tarde, los alrededores del Metropolitano se llenaron de un ambiente especial. Miles de personas vestidas de rojo y blanco caminaban en grupos, con bufandas al cuello y banderas que ondeaban con el viento fresco de abril. El olor a bengalas, a comida de los puestos ambulantes y a la expectación general se mezclaba en el aire. Familias enteras, amigos y seguidores de todas las edades formaban un pasillo humano que rodeaba el estadio. Algunos cantaban el himno del Atlético con voz firme, mientras otros charlaban en voz alta, con una mezcla visible de nervios y entusiasmo. Los seguidores del Barcelona también pudieron mostrar sus camisetas sin ningún problema.



A pesar del buen ambiente general, el único percance se produjo entre la policía y varios aficionados. Uno de ellos cuenta: “He sentido miedo por si me iban a pegar, y ha habido un momento que incluso lo he asimilado”. Otro: “Cuando he visto que han empezado a lanzar pelotas de goma, he metido a mi hermano pequeño entre unos arbustos”.
Dentro del estadio, el panorama era imponente. Las gradas se cubrieron poco a poco con un mosaico de colores rojiblancos que ocupaba casi todo el aforo. En la curva sur, el sector más ruidoso, los aficionados no paraban de moverse y de corear consignas, creando un sonido constante y grave que se sentía en el pecho. Las pantallas gigantes mostraban imágenes de la llegada de los equipos y el público respondía con aplausos y silbidos. En la zona visitante, unos 3.000 seguidores del Barcelona, con sus camisetas blaugranas y banderas catalanas, intentaban hacerse oír con sus propios cánticos. Sus voces sonaban claras y organizadas, pero quedaban envueltas por el volumen mayor del público local.

Cuando el partido comenzó, el estadio ya vibraba por sí solo. El Barcelona se adelantó pronto en el marcador con un gol en el minuto 4 y luego amplió la ventaja en el 24. Por un momento, el ambiente se volvió más tenso y silencioso en algunas zonas, aunque los cánticos de apoyo no cesaron. La reacción llegó en el minuto 31 con el tanto del Atlético que igualó el encuentro y devolvió la energía a las gradas. A partir de ahí, el juego quedó en un segundo plano para muchos: cada acción, cada parada o cada falta servía sobre todo para alimentar el ruido y la unión en las tribunas.

La segunda parte transcurrió con una tensión constante. El público local mantuvo el apoyo sin descanso, golpeando los asientos al ritmo de los cánticos y levantándose en cada jugada peligrosa. La grada rugió como un gol el tanto anulado al Barcelona en el minuto 55 y la expulsión de Eric García en el minuto 79. Al pitido final, que confirmó el pase del Atlético a semifinales, el Metropolitano se convirtió en una celebración contenida pero intensa. Los aficionados se abrazaron, saltaron y corearon al unísono el himno con las gargantas ya cansadas.
Al final del partido, los jugadores dieron la vuelta de honor, agradecidos por el apoyo de la afición. El fondo sur del estadio sacó una pancarta que decía “Dejamos todo para ganar la Copa, espíritu del 96”, centrándose en la final de Copa del Rey que disputa el sábado ante la Real Sociedad y recordando aquella victoria en este torneo del año 1996. Antoine Griezmann se quedó solo cantando y saltando con los aficionados, y animó a sus compañeros a salir otra vez, ya estando en los vestuarios.

Por parte del Atlético, Simeone volvió a conducir a los suyos a esta ronda, algo que, con el partido de ayer, ya ha hecho 4 veces (antes de su llegada, el Atlético solo lo había conseguido 3). Por parte del Barcelona, ya son 11 años sin ganar la competición, lo que incrementa la tensión y el enfado de los blaugranas.
Fotografías realizadas por Rodrigo Carrasco Palomar.
