DEPORTES

Jesús Lucas Martínez, de Huesca al mundo zancada a zancada

Si el atletismo es el arte de avanzar paso a paso, el maratón es su versión más honesta. No hay atajos ni excusas, 42 kilómetros de asfalto, cuerpo y cabeza empujando juntos hasta la meta. No se trata solo de correr rápido, sino de resistir. De aprender a escucharse, a frenar cuando toca y apretar cuando las fuerzas parecen agotadas. En ese territorio de constancia y paciencia se mueve Jesús Lucas Martínez, el primer oscense en completar las seis grandes maratones del mundo.

Jesús tiene 64 años y una forma tranquila de hablar, como quien no necesita exagerar nada para que su historia impresione. No se define como un atleta, ni mucho menos como un profesional. “Soy una persona normal, tranquila, sin grandes hobbies”, dice. Le gusta viajar, ver al Real Madrid, jugar al ajedrez y, desde hace años, correr.

Su relación con el deporte no nació por ambición ni por retos épicos. Empezó casi por necesidad. “Había engordado bastante y me apunté al gimnasio en el Patronato de Huesca”, recuerda. Allí coincidió con personas mayores y mujeres del barrio, hasta que le sugirieron cambiar de grupo. En ese nuevo entorno conoció a un pequeño grupo que salía a correr los domingos. Ocho o diez kilómetros, sin presión. Así comenzó todo.

Conjunto de las seis medallas

Lo que empezó como una rutina saludable se convirtió poco a poco en algo más profundo. No por los tiempos ni por las marcas, sino por las personas. “Conoces mucha gente, haces amistades y empiezas a compartir cosas”, explica. Los entrenamientos se alargaron, llegaron las medias maratones y casi sin darse cuenta, apareció el gran objetivo: correr un maratón.

Su debut fue en Madrid, el 30 de abril de 2006. Veintiséis corredores de Huesca, seis meses de preparación y una experiencia que marcaría un antes y un después. “La terminamos todos y fue una satisfacción enorme”, recuerda. En aquel momento, ni por asomo pensaba en las grandes maratones del mundo. El sueño real era uno: Nueva York.

A los pocos años, ese sueño se hizo realidad. La ciudad, el ambiente y la magnitud del evento lo impresionaron profundamente. “Correr por la Octava Avenida, con ocho carriles solo para nosotros y la gente aplaudiendo… eso no se olvida”. Después llegaron LondresBerlín y otras ciudades europeas, siempre sin prisas, sin obsesión. Hasta que apareció Tokio. 

Japón le fascinaba desde siempre y cuando cruzó la meta de Tokio, el puzle empezó a encajar, solo le faltaban Boston y Chicago para completar las seis majors. Al año siguiente lo consiguió. No fue fácil. Boston fue la más dura, con frío extremo, agua, nieve y temperaturas bajo cero. Chicago, la última, la afrontó con una lesión reciente con miedo a no poder terminar. Pero lo terminó consiguiendo.

Para Jesús, lo más complicado nunca fue correr, sino preparar cada maratón. “Son casi cuatro meses entrenando cuatro o cinco días a la semana. Tienes que sacar tiempo y ser constante”. Aun así, nunca lo vivió como una carga. “Si no disfrutas del proceso, no tiene sentido”.

Cree firmemente que el maratón no es solo para profesionales. “Con constancia y sin lesiones, cualquiera puede hacerlo”. Para él, el verdadero valor está en el camino, el esfuerzo compartido, los viajes o las historias improbables, como encontrarte a alguien de Huesca en Times Square. Y la sensación de haber llegado más lejos de lo que uno imaginaba.

El oscense no corre para huir de nada. Corre para encontrarse y a veces, para llegar hasta el otro lado del mundo.

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