Una Ciudad Encantada oculta entre gigantes
Grandes y pequeños, poderosos y humildes conviven también en el deporte. La ciudad de Cuenca no es una excepción: mientras casi todos los titulares deportivos se los llevan entidades como la Unión Balompédica Conquense o el REBI Cuenca de balonmano, hay algunas que sobreviven lejos del foco, sin hacer demasiado ruido.
Es el caso del Ciudad Encantada, club que milita en el grupo 3 de la 2ª división autonómica, la categoría más baja del fútbol castellanomanchego. Aquí, el juego se sostiene más por compromiso que por recursos, representando a la perfección esa parte más sacrificada – y muchas veces oculta – del deporte.
Una transición eficiente
Rafael Roche González es la figura al frente del equipo y cuenta con una amplia experiencia dentro del club, donde lleva 10 años ejerciendo como entrenador, coordinador y secretario. “El balance de la temporada es muy positivo”, asegura. Además, ensalza la juventud de un proyecto que va mejorando sus prestaciones con respecto a la pasada temporada, momento en el que se creó el equipo senior.
Tras un inicio marcado por la renovación de buena parte de la plantilla y la adaptación al ritmo competitivo, el Ciudad Encantada ha logrado asentarse en la categoría. Actualmente ocupa la 13ª posición en una liga de 18 equipos con 24 puntos en 25 partidos. Además, los 6 puntos cosechados en los dos últimos partidos dan fe del buen estado de forma que el equipo está atravesando en este trecho final de competición.
Más allá de los resultados, el técnico pone el foco en las particularidades de un grupo joven, formado en gran medida en la propia cantera, que continúa en pleno proceso de crecimiento. “Lo más difícil es trabajar sus cualidades individuales y ponerlas al servicio del equipo”, explica. Roche cuenta que esta juventud, que también otorga beneficios, a veces les resulta contraproducente: “Los chicos son muy jóvenes y nos enfrentamos siempre contra rivales de mayor edad y experiencia en la categoría”, resalta. Eso sí, esa pequeña desventaja es suplida con esfuerzo y compromiso.
A mayor profundidad, mayor dificultad
Ese esfuerzo tiene un reflejo claro en el día a día de los jugadores. Compaginar entrenamientos, partidos y vida personal es uno de los principales desafíos. “Entrenas tres días a la semana y, en cuanto haces algo por tu cuenta, ya tienes prácticamente todos los días ocupados”, explica Jorge Sausor, uno de los futbolistas del equipo. A esa exigencia se suman los desplazamientos, especialmente en una provincia con baja densidad de población. “Los viajes son como mínimo de una hora y los pagamos nosotros con la cuota”, añade.
Las dificultades no terminan ahí. Las condiciones en las que entrena y compite el equipo son, según los propios jugadores, otro de los grandes obstáculos. “No te voy a pedir jugar en el (Santiago) Bernabéu, pero sí unas condiciones mínimas”, reclama Sausor, que denuncia la falta de vestuarios en el estadio Obispo Laplana o en el Joaquín Caparrós. La situación les obliga en ocasiones a cambiarse en almacenes o a desplazarse a otras instalaciones para poder ducharse, una realidad que, a su juicio, “no son condiciones dignas ni siquiera para esta categoría”.

La localía no elimina a las leyendas
Figuras como la de Sausor ayudan a entender la dimensión real del equipo. El jugador, que llegó al club siendo un niño, afronta ya su octava temporada en el Ciudad Encantada. “He crecido mucho como persona, también como jugador, pero a estos niveles el aprendizaje es más personal”, señala. Su trayectoria refleja la esencia del fútbol modesto, donde la evolución va más allá del rendimiento deportivo.
Este vestuario se caracteriza por la humildad, el trabajo, el compañerismo… Los valores que transmiten es lo que más valoramos. No tenemos queja.
Rafael Roche, entrenador del Ciudad Encantada sénior.
Pese a las dificultades, la motivación sigue intacta. “Lo hacemos por el amor al fútbol, porque estamos a gusto con los compañeros”, resume. Un sentimiento compartido en un vestuario en el que, según explica, predomina el buen ambiente y la cercanía tanto entre jugadores como con el cuerpo técnico, factores que resultan clave para mantener el compromiso en este tipo de categorías.

Será, además, un final de temporada especial para el jugador natural de Landete. Tras ocho años en el club, Sausor se prepara para concluir una etapa que ha marcado su vida. “Va a ser duro, al final es cerrar una parte de tu vida”, reconoce. Su intención, por ahora, es centrarse en recuperarse de las lesiones que llevan meses aquejándole y disfrutar de sus últimos encuentros con el equipo antes de que el fútbol deje paso a otras prioridades.
Encantados de jugar al fútbol
El club es humilde, pero ambicioso. De cara al futuro, Roche comenta que el objetivo deportivo es «mantener el bloque de jugadores, dar cabida y continuidad a la cantera» y, por qué no, «conseguir poco a poco ascensos de categoría, aunque siempre teniendo los pies en el suelo». A nivel institución, la misión es continuar como hasta ahora, «funcionando bien económicamente y profesionalizando cada vez más al club».
En una ciudad donde el protagonismo deportivo se reparte entre unos pocos, el Ciudad Encantada continúa escribiendo su historia en silencio. Lejos de los focos y de grandes recursos, sí, pero con la convicción de quienes conciben el fútbol como algo más que un resultado. El equipo sigue demostrando que, incluso en las categorías más bajas, el juego mantiene intacta no solo su esencia, sino que también su encanto.
