Jayro Pérez: esfuerzo, equipo y disciplina
En el deporte no siempre destacan los nombres que más suenan, sino aquellos que sostienen al equipo desde dentro. Jugadores que no entienden el esfuerzo como una opción, sino como una forma de estar dentro de la pista. Jayro Pérez es uno de ellos. Capitán del Oviedo Base, su trayectoria no se explica solo en partidos o categorías, sino en una manera muy concreta de entender el balonmano: como compromiso, familia y aprendizaje constante.
El flechazo en un patio de colegio
No hubo focos ni grandes expectativas en el primer contacto de Jayro con el balonmano. Todo comenzó en el colegio, en uno de esos días en los que un deporte se presenta como una actividad más. Sin embargo, algo cambió. No fue solo el juego en sí, sino lo que lo rodeaba: la dinámica, la intensidad y ese ritmo que obliga a estar siempre alerta.
El balonmano le ofreció desde el principio la sensación de pertenecer a un grupo donde cada pieza era importante. Esa mezcla de velocidad y compañerismo fue suficiente para engancharle definitivamente.
“Me enamoró el cómo se jugaba, ver que todo el mundo era importante y lo rápido que era el juego”
Raíces firmes
Si hay un elemento constante en su recorrido es el apoyo familia. No como un simple acompañamiento, sino como un motor que le ha impulsado en los momentos clave. Su padre, especialmente, ha jugado un papel fundamental en esa exigencia diaria que no permite relajarse.
“Siempre me han apoyado y me han hecho luchar en todo momento sin dejar que me confíe”
En paralelo, su crecimiento deportivo también se ha nutrido de referentes dentro de la pista. No uno concreto, sino muchos. Compañeros con los que ha coincidido y de los que ha ido absorbiendo aprendizajes, construyendo así su propia personalidad como jugador.
Carácter de equipo
Más allá de lo técnico, Jayro entiende el balonmano como un espacio de convivencia. Su forma de definirse, como trabajador y respetuoso, no es casual, sino el reflejo de una manera de integrarse en el grupo.

Esa actitud ha permitido generar cohesión, algo imprescindible en un deporte colectivo. Porque no se trata solo de competir, sino de crear un entorno donde todos puedan rendir mejor. Su mentalidad constante, su negativa a rendirse y su intención de aportar al equipo le convierten en una pieza clave, incluso cuando el protagonismo no pasa por los goles.
Aprender también es competir
Con el paso de los años, el deporte ha dejado de ser solo competición para convertirse en una fuente de aprendizaje. Jayro lo tiene claro: el esfuerzo siempre acaba teniendo sentido, aunque no sea inmediato.
“Siempre vienen momentos malos, pero hay que seguir hacia delante”
Idea que refleja no solo su experiencia en la pista, sino también su manera de afrontar las dificultades fuera de ella. Además, pone en valor al que a menudo queda en segundo plano: las relaciones. El balonmano le ha permitido construir amistades que van más allá del juego, consolidando vínculos que forman una parte esencial de su vida.
El momento previo a un partido es, para muchos, un espacio de tensión. En el caso del capitán, ese nervio existe, pero está trabajado. No aparece de golpe, sino que se gestiona desde el día anterior, en un proceso progresivo de control.
Cuando llega el partido, la perspectiva cambia. La confianza en el trabajo realizado durante la semana se impone y permite competir con serenidad. Desde ahí, su objetivo es claro: disfrutar y aportar todo lo posible al equipo.
Un sueño que resiste
El objetivo de alcanzar la ASOBAL ha estado presente en su carrera. Es el sueño que acompaña a muchos jugadores y que, en su caso, sigue vivo.
Aunque el contexto actual hace que las oportunidades sean más limitadas, no renuncia a esa aspiración. La ilusión, lejos de desaparecer, se mantiene como una motivación constante que le empuja a seguir compitiendo
El ascenso en casa
Entre todos los momentos vividos, hay uno que condensa el sentido de su trayectoria: el ascenso con su equipo en casa. No fue solo un logro deportivo, sino una experiencia emocional compartida con su entorno más cercano:
“Fue delante de toda mi familia”
Ese detalle convierte el momento en algo más profundo: no solo un éxito personal o colectivo, sino la materialización de años de trabajo con quienes han estado siempre a su lado.
Una temporada marcada por la lesión
El presente ha puesto a prueba su resiliencia. La lesión de hombro sufrida hace meses le ha apartado de la dinámica competitiva, obligándole a cambiar el ritmo y a afrontar una recuperación larga.
Este tipo de situaciones, tan comunes en el deporte, suponen un reto mental además de físico. La imposibilidad de disfrutar plenamente de la temporada contrasta con sus objetivos iniciales, pero no cambia su enfoque: seguir aportando, aunque sea desde otro lugar, y regresar en las mejores condiciones posibles.
La responsabilidad de ser capitán
Llevar el brazalete en el equipo donde has crecido tiene un valor especial. No es solo una cuestión de liderazgo, sino de identidad. Representar al Oviedo Base significa, para Jayro, cerrar un círculo que empezó años atrás.
Hay en ello un componente emocional evidente: competir al máximo nivel posible con el club de siempre. Una mezcla de orgullo y compromiso que define su manera de asumir el rol de capitán.
Formar personas antes que jugadores
Al mirar hacia quienes empiezan, su mensaje se aleja de la obsesión por el rendimiento. No habla de ser el mejor, sino de aprovechar cada etapa, aprender de cada entrenador y, sobre todo, construir relaciones.
Porque, como él mismo resume, el verdadero éxito no está únicamente en el nivel deportivo, sino en los valores que se desarrollan por el camino. Una visión que explica, en gran parte, quién es dentro y fuera de la pista.
