DEPORTES

Deporte sin límites desde la inclusión

Un método muy eficaz para integrar a niños con capacidades especiales en su entorno

Al recopilar los beneficios que el deporte aporta a la sociedad, siempre aparecen el compañerismo, la superación personal y el bienestar físico y mental. Sin embargo, sorprende cómo la inclusión queda en un segundo plano cuando en una idea tan presente en la actualidad. Para muchas personas con dificultades sociales y físicas o capacidades especiales, el deporte es un lenguaje universal. Gracias a practicar un deporte, conectar con personas que perciben el mundo de forma diferente es más fácil. Seguramente sea el método más eficaz de romper barreras que, a veces, resultan impenetrables.

Para acercar a personas con condiciones especiales al mundo que les rodea y a su entorno más cercano, la labor de asociaciones como Amiab. Su objetivo en toda España no es otro que la plena inclusión de personas con discapacidad o en riesgo de exclusión social. Sobre todo hacen énfasis en la inserción laboral y el deporte adaptado. Uno de sus trabajadores en Cuenca, Jorge López, conoce de primera mano cómo el deporte puede cambiar la vida de estas personas desde su labor como trabajador social y licenciado en ciencias del deporte.

P. Tu trabajo es muy vocacional, ¿cuándo decidiste dedicar tu vida a la inclusión de personas discapacitadas a través del deporte? ¿En qué se centra tu trabajo en Amiab y con qué profesionales compartes tareas?

R. Desde que acabé el grado TAFAD (Técnico Superior en Animación de Actividades Físicas y Deportivas) he trabajado en campamentos y escuelas de verano con niños de diferentes edades, tanto en mi pueblo, como en Toledo o en Cuenca. Gracias a un profesor del grado que me animó a hacer las prácticas con niños con capacidades especiales, realicé unas prácticas en el centro de educación especial Infanta Elena, cerca de Cuenca. Mi experiencia allí me motivó a empezar mis estudios de trabajo social, que acabé el año pasado y desde entonces trabajo con Amiab como monitor deportivo para niños con discapacidad intelectual e hiperactividad.

Nuestro equipo está compuesto por dos trabajadores sociales, otros dos educadores sociales, que actuamos como monitores junto con grupos de voluntarios. Por otro lado, contamos con un psicólogo y un logopeda. Nuestra labor es formarlos físicamente para las competiciones en las que participan durante todo el año en disciplinas como baloncesto, pádel, fútbol sala o atletismo. Además, gracias a un proyecto en colaboración con el Ayuntamiento de Cuenca, también trabajamos con personas mayores haciendo actividades deportivas.

P. El deporte es una herramienta muy útil para la inclusión de personas discapacitadas, sobre todo en niños ¿qué beneficios observas en los niños de la asociación y cómo afectan a su conducta, tanto con sus compañeros, como con su entorno?

R. Para nosotros, es lo que hace les hace más fuertes y más poderosos en el día a día. Muchos de los chicos con los que trabajo actualmente pasaron por el Infanta Elena durante mi época de prácticas. Hay una diferencia asombrosa de verlos en clase a verlos dentro de la asociación practicando todo tipo de deportes. Me emociona ver cómo afrontan cada actividad y cada entrenamiento porque no tiene comparación a verlos en un aula. Allí están sujetos a normas y procedimientos muy estrictos pero indispensables para su evolución que saben que tienen que cumplir. En los entrenamientos cambian por completo.

Para ellos, el entrenamiento es un momento de diversión y desfogue, por eso es muy importante motivarles para cumplir con los objetivos que tiene asignados. Es muy importante estar preparados para ayudarles ante posibles crisis, culpa de la frustración o en dificultades que encuentran a la hora de realizar alguna prueba. Sus capacidades son completamente diferentes a las otros niños sin discapacidad y no tienen las mismas condiciones físicas. En muchos casos, por ejemplo, debemos enseñarles a coordinarse para poder correr bien.

Jorge con uno de sus niños

P. ¿Cómo se relacionan estos niños con las normas de cada deporte, es necesario adaptarlas para que puedan practicarlos y competir? ¿Su relación con la competición es muy diferente a cómo la percibe alguien sin discapacidad?

R. Para baloncesto, por ejemplo, las normas son más permisivas y no penalizan tanto infracciones como los “dobles” o los “pasos”, que debido a su poca coordinación cometen a menudo. En atletismo, en pruebas como el salto de valla, la distancia de salto para personas sin discapacidad es de 3 metros, nosotros debemos reducirlo a 1,5 metros para que puedan hacerla correctamente. Las pruebas de velocidad, en cambio, no tienen ninguna modificación. Ellos tienen que correr por su carril y no pueden invadir el contrario.

Su mayor dificultad es la falta de coordinación, porque saben cómo tienen que hacer cada prueba o ejercicio pero esa limitación se lo impide y se frustran. En contra de lo que pueda pensar la gente, su mayor problema es físico o de psicomotricidad, por encima de comprender las normas de cada deporte. A lo mejor la técnica con la que realizan cada prueba no es la más eficaz, pero comprenden cómo hacerla y saben reconocer cuando no la ejecutan correctamente.

En cuanto a convivir con la competición, no es nada diferente a cómo la perciben otros niños sin discapacidad. Es muy importante hacerles ver que la derrota no es un fracaso y los mentalizamos en que lo importante es dar lo mejor de uno mismo y respetar al rival.

P. Desde tu visión, ¿El deporte ayuda a desmentir ciertos prejuicios que existen sobre los niños con discapacidad?

R. Igual que en su momento, mi profesor me animó a mí para dedicar mi vida a mejorar la vida de estos niños, yo le pediría a la gente que, al menos una vez, se vieran cara a cara con la situación de trabajar con niños con discapacidad. Cuando lo hagan, descubrirán que esos niños tienen virtudes únicas y transmiten un cariño y un amor que cautivan a cualquiera. Te demuestran que su mundo es más grande de lo que creemos y no es tan diferente al nuestro.

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