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Rocódromos: ¿Son realmente el nuevo Tinder?

¿Alguna vez se te había ocurrido que la pared de un rocódromo podría ser un escenario para conocer gente? Si alguien buscara hoy consejos para ligar, probablemente encontraría varias opciones habituales. Desde descargar una aplicación de citas o salir de fiesta, hasta incluso a través de amigos en común. Pero el rocódromo no entraría en los planes de nadie. Entre intentos de escalada y conversaciones al pie de la pared, estos espacios deportivos se están transformando en un inesperado punto de encuentro social. Aquí un consejo sobre cómo colocar el pie puede convertirse en la excusa perfecta para iniciar una charla y, en ocasiones, algo más.

El auge de la escalada Indoor

Hace apenas veinte años, la escalada era un deporte relativamente minoritario en España. Estaba asociado sobre todo a la montaña y a un perfil muy limitado de personas. Actualmente, la situación es algo diferente. El país cuenta con más de 300.000 federados en deportes de montaña y escalada, según datos de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada (FEDME). Además, el número de instalaciones para practicar este deporte en entornos urbanos no ha dejado de crecer en la última década. A nivel global, el número de rocódromos supera ya los 25.000 y sigue creciendo. En cuanto a España, existen más de 366 distribuidos en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao o Málaga. Estas cifras reflejan la creciente popularidad de esta disciplina.

El perfil de los usuarios también ayuda a explicar el crecimiento. Informes sobre la industria de la escalada señalan que alrededor del 60% de los escaladores indoor tienen entre 18 y 34 años. Sin embargo, la edad media de los usuarios de rocódromos se sitúa entre los 28 y 35 años. En Europa, la edad media de los practicantes ronda los 26-30 años, confirmando el peso de generaciones más jóvenes dentro de la actividad.

Uno de los factores que explica este cambio es la modernización de los espacios de escalada. Los primeros rocódromos en España empezaron a surgir a principios de los años 2000. Normalmente, eran instalaciones vinculadas a clubes de montaña o centros deportivos municipales. Sin embargo, el verdadero salto llegó en 2010 cuando comenzaron a abrirse centros especializados en escalada indoor. Instalaciones amplias con zonas de boulder (escalada sin cuerda en paredes de menor altura) que fomentan la convivencia entre usuarios. Laura Martínez, escaladora desde hace 3 años explica que en el boulder es muy fácil hablar con desconocidos. “Aunque no conozcas a nadie, siempre habrá alguien que te de un consejo”. A su vez, afirma que juntarse para escalar le ayudó a descubrir un espacio seguro con gente que le anima en su proceso y, «lo más importante, que no te juzga”.

Zona Boulder/ Quality climbing center

El sector creció aun más cuando se incluyó la escalada deportiva en los Juegos Olímpicos de Tokyo 2020. Según el Comité Olímpico Internacional, la audiencia olímpica ayudó a impulsar el interés por los deportes urbanos y de aventura entre las nuevas generaciones.  A partir de ese momento, la visibilidad del deporte se multiplicó. Las retransmisiones en televisión y una mayor presencia en redes acercaron esta disciplina a un público más amplio y joven. A este fenómeno también se le han sumado figuras mediáticas, como el escalador Chris Sharma. Este ha impulsado varios centros de escalada en España bajo el proyecto Sharma Climbing. Muchos de ellos incorporan cafeterías, zonas de descanso, tiendas especializadas o actividades paralelas que amplían la experiencia más allá de la propia escalada.

El rocódromo como nuevo espacio social

Los rocódromos cada vez operan más como espacios de encuentro social. Además, se trata de un deporte que con frecuencia se practica en grupo. Aunque cada escalador realice su propio intento en la pared, lo habitual es acudir acompañado o terminar integrándose en pequeños grupos que comparten entrenamiento. Mientras una persona escala, el resto observa, anima o comenta posibles movimientos para resolver la vía. A diferencia de otros centros deportivos y de otros deportes más individualistas, la dinámica de la escalada favorece la interacción entre las personas. Paula Hernández, escaladora principiante asegura que tiene un componente de colectividad, como ocurre en otros deportes.  “No puedes escalar una roca o hacer una vía atada sin otra persona abajo que te asegure”.

Los escaladores suelen acudir varias veces por semana para progresar en las rutas o entrenar técnica y fuerza. Esta repetición favorece que la gente coincida con regularidad y terminen por conocerse, aunque solo sea de vista. En ese entorno, algunos usuarios describen el rocódromo como un lugar donde resulta relativamente fácil iniciar conversaciones o conocer gente con intereses similares. “Es un lugar de encuentro de personas bastante parecidas o que, por lo menos, comparten el amor a la escalada, entonces seguramente sea fácil encontrar personas que te gusten.”, comentaba Lucía Barquín García. Un contexto que, según reconocen escaladores habituales, también ha abierto la puerta a nuevas formas de socialización, incluido el flirteo.

@ritagali_

Difícil de ver la verdad 😂 @Sputnik Climbing #pickme #escalada #humor #parati #lentejas

♬ sonido original – Rita 🙂

Aun así, quienes practican este deporte insisten en que el objetivo principal sigue siendo escalar. La mayoría de escaladores acuden a entrenar, mejorar su técnica o simplemente disfrutar de la actividad física. “Creo que hay algo en la escalada que atrae a las disidencias, y si ellas encuentran ahí el espacio que quizá no encuentren en otros lugares para ligar, pues oye está genial», explica Irene Sanz.

De las apps de citas a los hobbies compartidos

En los últimos años, algunos expertos en relaciones sociales han señalado un cambio en la forma en que las personas se conocen. Aunque las aplicaciones de citas siguen siendo muy utilizadas, cada vez más jóvenes buscan establecer conexiones a través de actividades compartidas. Para la psicóloga social Cristina Santos Torralba, especializada en relaciones de pareja, este fenómeno responde a un cierto cansancio hacia las aplicaciones. “Muchas personas sienten fatiga de las aplicaciones de citas. Los hobbies y actividades grupales permiten conocer a alguien en un contexto más natural y sin la presión de una cita”, explica.

Los espacios deportivos tienen una ventaja clara frente a otros entornos de socialización, pues permiten observar a las personas en situaciones reales. “Hay mucha intimidad en dejar tu vida y tu seguridad en manos de otra persona y eso hace que se creen sobre todo formas muy amables y cariñosas de estar.” Explica Adrián Alameda, entrenador y escalador. Eso dice mucho más de una persona que un perfil en una aplicación.

Para quienes acuden con frecuencia, esa dimensión social se ha convertido en parte de la experiencia. No se trata necesariamente de buscar pareja, sino de compartir retos y progresos con otros escaladores. A veces la relación se queda en un consejo, otras continúan fuera del rocódromo. Quizá por eso, mientras algunos siguen deslizando perfiles en aplicaciones de citas, otros simplemente disfrutan de lo que más les gusta, con personas afines a ellos. Porque, en ocasiones, una conversación puede empezar de la forma más inesperada, preguntando cómo colocar el siguiente pie. Y quién sabe, terminar en una bonita relación de amistad, o incluso amorosa.

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