María Moreno de la Llave, entre tatamis y resiliencia
Con tan solo dos años María Moreno de la Llave comenzó a practicar judo en el Club Santacruz de Consuegra. Desde entonces, el tatami se convirtió en su segunda casa. Su progresión fue rápida y constante, hasta alcanzar en 2018 el título de Campeona de España en la categoría -57 kg en Talavera de la Reina. “Ese campeonato fue un punto de inflexión, me demostró que podía estar entre las mejores”, recuerda.
Su preparación se intensificó en el Club Body Training de Madridejos y en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, donde entrenaba a diario con judocas de nivel internacional. “Pasaba las tardes en carretera para entrenar en Madrid, y aunque era duro, sabía que era necesario para competir al máximo nivel.” Allí perfeccionó técnicas de proyección como el ipon seoi nage, que le permitía aprovechar su explosividad, y el osoto gari, con el que encontraba seguridad frente a rivales más corpulentos. Se convirtieron en sus recursos más habituales en competición. “Me sentía muy cómoda entrenando rápido a seoi nage, era mi técnica más natural”, explica.

“Pasaba las tardes en carretera para entrenar en Madrid, y aunque era duro, sabía que era necesario para competir al máximo nivel.”
Además de sus logros, Moreno recuerda con detalle cómo se enfrentaba a cada combate desde el punto de vista técnico. Su estilo se caracterizaba por la rapidez en la entrada y la búsqueda constante del equilibrio del rival. “Siempre intentaba imponer mi ritmo desde el primer agarre, porque sabía que, si dejaba que la otra marcara la cadencia, me costaba remontar”, señala.
No obstante, reconoce que había aspectos que le exigían un esfuerzo extra. El trabajo de suelo, el ne-waza, era uno de ellos. “Me costaba mucho mantener la concentración en los agarres prolongados y en las transiciones al suelo. Cuando el combate se alargaba más de lo previsto, la clave estaba en no perder la calma y seguir buscando el momento exacto para entrar”, recuerda.

VALENCIA KARLA VS MARIA MORENO DE LA LLAVE
Moreno subraya que la preparación física, la táctica y la mentalidad se unían en cada enfrentamiento. “En el tatami no basta con saber la técnica, tienes que tener la cabeza fría y la capacidad de adaptarte a tu rival”, afirma. Esa combinación de factores fue la que le permitió competir al máximo nivel como una judoca de referencia en su categoría.
La exigencia de la alta competición la llevó a disputar torneos internacionales como la Copa de Europa Cadete de Coímbra o el Torneo Internacional de Fuengirola. En cada combate acumulaba experiencia y medallas, pero también aprendizaje.
Uno de los aspectos más complejos fue el control del peso. Competir en – 57kg exigía disciplina externa. “Bajar de peso era un reto físico y psicológico. Había semanas en las que todo giraba en torno a la báscula y sabía que tocaba envolverme en papel fil, y ponerme a hacer mucho ejercicio para sudar y perder peso mucho más rápido”, admite. Esa preparación le enseñó a ser meticulosa y entender que la constancia era clave. “Aprendí que la constancia es más importante que el talento inicial”.
“Aprendí que la constancia es más importante que el talento inicial”
El judo, para Moreno, no era solo un deporte, sino una forma de vida. La rutina diaria de entrenamientos incluía randori con rivales de mayor peso, sesiones de técnica repetidas hasta la extenuación y trabajo físico para mejorar la explosividad. En verano mantenía la rutina en campamentos especializados en Asturias y Galicia, donde combinaba entrenamientos con actividades como el surf.
Su retirada llegó hace un par de años, obligada por una desviación de la columna, uno de los golpes más duros de su vida. “Psicológicamente me dolió mucho dejar el judo. Era mi vida, mi rutina, mi identidad, no sabía vivir sin él”, confiesa. La transición no fue sencilla, pero encontró en la enseñanza una manera de seguir vinculada al deporte. Hoy transmite a jóvenes judocas valores como la humildad, el respeto y la resiliencia. “El judo me enseñó a caer y a levantarme, y eso es algo que todos necesitamos en algún momento”.

“Psicológicamente me dolió mucho dejar el judo. Era mi vida, mi rutina, mi identidad, no sabía vivir sin él”
Durante la entrevista, realizada por videollamada, reflexionó sobre el papel de las mujeres en este deporte. Reconoce que, cuando ella empezó, la visibilidad era mucho menor, aunque en su último club las categorías femeninas acumulaban grandes logros. “El deporte femenino ha avanzado mucho, pero todavía queda camino por recorrer. No estamos lejos, pero tampoco cerca”, apunta.
La trayectoria de María Moreno de la Llave refleja la entrega de una deportista que convirtió el judo en su mundo. Más allá de los títulos, lo que permanece es la enseñanza de un deporte que le dio disciplina, fortaleza y una filosofía de vida. Para ella, cada caída en el tatami fue una oportunidad para levantarse más fuerte.
