Sol y mente: cómo la primavera reordena nuestro bienestar
La primavera ha aterrizado en España. Después de un invierno pasado por agua y marcado por las bajas temperaturas, el cambio de estación ha dado un respiro a los pluviómetros. Tanto el mes de marzo como la Semana Santa han representado la vuelta a los registros normales, de acuerdo con la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
El año echó a andar con el mes de enero más lluvioso desde 2001. Las precipitaciones rebasaron en un 85% los valores de referencia fijados por la AEMET para la España peninsular. La dinámica no cambió en el mes de febrero. En este caso, los registros de lluvia superaron el 141% respecto a las cifras habituales.

Eso sí, el mes de marzo supuso el regreso a la normalidad. Las precipitaciones incluso se quedaron un 14% por debajo del umbral de referencia que establece la AEMET. Por su parte, la temperatura media subió en un 0,1º C respecto al promedio habitual para dicho mes.
De cara a la primavera, la AEMET prevé un incremento general de las temperaturas, en especial en las vertientes cantábrica y mediterránea, entre abril y junio. El organismo, además, prevé una primavera seca en el tercio sur peninsular. De esta forma, el húmedo y frío invierno quedaría definitivamente atrás.
Buen tiempo y salud mental
Las investigaciones en esta línea indican generalmente una influencia de las condiciones climáticas en el bienestar de los seres humanos. Así lo explica el psicólogo Manuel Coniglio: «Por lo general, una mayor exposición a la luz solar y una temperatura agradable se asocian con emociones positivas y un mayor bienestar psicológico», cuenta.
Esta perspectiva general, sin embargo, depende también de los casos específicos: «Es fundamental tener en cuenta las diferencias individuales y que cada uno de nosotros responde de manera diferente a los estímulos externos. Por ejemplo, hay algunas personas, a las que podríamos definir como “búhos”, que tienen un mayor estado de activación a partir de última hora de la tarde. Asimismo, hay personas que prefieren los días lluviosos a los soleados», añade Coniglio.

Entra en juego, además, el cambio de hora. A partir de finales de marzo, los días han ganado una hora de luz. Sin embargo, esto también puede repercutir en el sueño: «Puede ocurrir que, al alargarse los días, el ritmo del sueño se vea afectado y tendamos a acostarnos más tarde, pero nuestro despertador sigue sonando a la misma hora, por lo que potencialmente podríamos perder algunas horas de sueño. Recordemos que para funcionar bien necesitamos una media de 8 horas de sueño y, por lo tanto, es bueno tener presente esta necesidad que nuestro cuerpo nos exige.», explica el psicólogo.
La cara B: el cambio climático
Los cambios de temperatura bruscos, no obstante, pueden tener un efecto contraproducente. Esto se debe al cambio climático, de cuyos efectos sobre la salud mental ha alertado la OMS. En este caso, el calentamiento global puede provocar trastornos de salud mental inmediatos, como ansiedad o estrés postraumático, además de problemas a largo plazo, derivados de ciertos cambios de dinámicas.
Manuel Coniglio recuerda que el cuerpo se adapta con más facilidad a las transiciones graduales: «Nuestro cuerpo se encuentra bien cuando vive en un estado de homeostasis, que no es más que un equilibrio; si este se viera perturbado de forma brusca, podría generar una serie de dificultades que requerirían un esfuerzo equivalente para recuperar ese equilibrio», advierte.

En este caso, una mejora repentina del tiempo debe ser abordada con la mirada puesta en el equilibrio. «Incluso una exposición excesiva a la luz solar, sobre todo en los meses más cálidos, puede tener un impacto negativo en el estado emocional. Por lo tanto, como en todo, también en esto se necesita un equilibrio», destaca Coniglio.
En definitiva, el psicólogo recomienda poner la atención en las señales que nos manda el cuerpo: «Escuchar nuestras propias necesidades y a nuestro cuerpo, que siempre nos envía signos de advertencia cuando realizamos actividades; nos da retroalimentación, tanto positiva como negativa. Esto nos ayuda a comprender mejor cómo nos encontramos en un momento determinado», concluye.
