UNIVERSIDAD

El camino más allá del título: cómo se vive un año después de la graduación

En la Facultad de Comunicación, como todos los universitarios durante los años que dura la carrera, lo principal es disfrutar y terminarla. Una vez en la recta final, en el último año del grado, comienzan a aparecer preparativos de la graduación, ansiedad y uno o varios Trabajos de Fin de Grado que realizar. Una vez realizado el acto y con tu orla en las manos, el futuro es incierto. Mientras unos ultiman los preparativos de la defensa de su TFG, otros plantean cómo acabar las asignaturas que llevan pendientes desde primero mientras compaginan su trabajo. A priori, esta es una tarea que se realiza en las últimas instancias de tu vida universitaria, sin embargo, cada caso es diferente un año después de graduarse.

En busca de un contrato

Una de las principales vías al terminar el TFG es buscar trabajo de lo que has estudiado. Para Juan José del Toro, un contrato en formación en Castilla-La Mancha Media fue la solución. Cuando se dio cuenta de que la etapa universitaria y su grado en periodismo habían terminado, no sintió liberación, sino desorientación absoluta. «¿Y ahora qué?», se preguntaba. Los últimos instantes de carrera fueron un torbellino de emociones que no le dieron tiempo a asimilarlos como el periodo de adaptación que verdaderamente son. «Estás tanto tiempo preparándote el paracaídas para salir de la carrera que no te enseñan a cómo abrirlo. Cuando te quieres dar cuenta ya estás en el suelo».

En su caso, la llamada de CMM llegó de forma inesperada, lo que lo llevó a rechazar otro tipo de ofertas laborales. «Me moví por mi cuenta, tuve que decir que no a otra oferta, que era peor, para apostar por esto» recuerda. Si bien tiene un contrato de formación que acaba en octubre y, como dice él «es un trámite», ha trabajado mucho para llegar donde está. Aunque entró muy rápido al mundo profesional, no se considera especialmente agraciado. «Me considero recompensado, quería que fuera de lo mío y no pensaba que fuera tan fácil, pero también me lo he currado mucho».

Su consejo a quienes están en el limbo una vez acabas es claro: «Que piense, que no actúe». Recomienda escucharse a uno mismo antes que las presiones que nos rodean. Cada persona elige un camino diferente y todos son respetables. «Si tu cuerpo te pide un curso de yoga, hazlo. Si te pide dinero y sale un curro de logística, perfecto». Además, matiza que mientras esas decisiones sigan la línea que cada uno quiere seguir con su vida, entonces todas las decisiones son aprendizaje.

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La formación nunca termina

Si bien la graduación suele indicar el clímax de la etapa de formación, hay casos como el de Shavely Aguiar en los que nunca termina. Un año después, ha sumado un máster en su vida que ahora parece ir a «x2 de velocidad». «Siento como la presión de tener que hacer algo más importante con mi vida y tiene que ser ya» explica.

La decisión de seguir estudiando vino incluso antes de graduarse. Llegó a lo largo de la carrera, donde descubrió su pasión por el cine y el montaje. Cada persona es un mundo, pero ella tenía claro que seguir formándose «era una necesidad y, a la vez, una obligación». Esa decisión venía dada por el sentimiento de que «la carrera no te forma del todo como para dedicarte de manera profesional». El ansia de seguir aprendiendo es lo que la ha llevado a no dejar su formación académica de lado.

La decisión definitiva de matricularse fue de última hora: «No decidí la escuela en concreto hasta final de curso, y realmente no tenía pensado hacerlo este año». La oportunidad se acabó dando y, ya en Madrid, su rutina es un ejercicio de equilibrio: clases entre semana, trabajos y prácticas en el máster, un empleo los fines de semana y un TFG en sus etapas finales. «No tengo ni un día libre a la semana, es así en bucle, pero con organización todo se lleva. Es cansado, no difícil».

Un nuevo punto de partida

Un año después de la graduación, Selena Ruescas siente que le falta algo. Se quedó en Cuenca, mantiene su trabajo como camarera los fines de semana, pero confiesa que «se hace raro no seguir yendo a clase después de tantos años». Como todos los universitarios, el tiempo pasa muy rápido, sin embargo, su caso es especial y una lesión en la pierna impidió que acabara su TFG. «Estaba en mi pueblo con lo de la pierna, no sentía esa presión por terminar. Si no es ahora, será el año que viene» recuerda.

El verdadero golpe emocional llega al darte cuenta de que la etapa ha acabado y no solo se rompe la rutina, sino que te tienes que despedir de gente que consideras familia. Mientras cada uno hace su vida, tú te quedas en un punto muerto. «Me organizo y tengo la semana libre para avanzar. Este año es diferente, ya que tengo que acabar todo. No me quiero quedar otro año más en Cuenca». Entregar el TFG es su puerta de salida hacia el mundo laboral que pretende encontrar en Madrid. «Con suerte, viviré allí trabajando de lo que estudio, aunque sea aprendiendo».

Otro caso que volvió a casa para seguir con su TFG es el de Mario Bricio. Volver fue una decisión principalmente económica, ya que gran parte de los másteres del sector son privados y costearse una vivienda fuera era inviable. Mario explica que «sentía necesario volver a casa e intentar ahorrar y adentrarme más en el mundo audiovisual. Encima Alicante, que es mi ciudad, es una de las que más oportunidades te puede llegar a dar en el sector».

Desde finales del pasado curso interiorizó que iba a posponer la entrega de su TFG para centrarse en disfrutar y aprender durante sus últimos meses estudiando. «Me dediqué a buscar unas últimas prácticas y a no sentir que hubiera desaprovechado estas últimas oportunidades» narra. El temor a salir del ciclo universitario es real en una carrera en la que un título no te garantiza trabajo, por lo que él intenta aprovechar el tiempo para «desarrollar portfolio y hacer contactos». Además, no ha estado parado y, para evitar el estancamiento, ha realizado distintos cursos incluidos los que propone RTVE.

Este año que para muchos es sabático, para Mario ha sido de aprendizaje y de encontrarse a uno mismo. Deja claro que «no te puedes quedar quieto, porque ya entras en un bucle malo en el que desaprovechas el tiempo. Ahí ya cuando ese año se convierte en uno perdido, dejas de dar pasos hacia delante». Puede sentir que este año ha progresado más o menos, pero sigue encontrando pequeños trabajos en el sector audiovisual ya sea musical o cinematográfico, pero tiene grabado que lo más importante es no decaer en su proceso.

Videoclip realizado por Mario Bricio / Marcs
Mario Bricio haciendo de cámara en el videoclip / Norte perdido

Las lecciones de un año después

La sensación general nos dice que el tiempo compartido con tus amigos en clase ya es pasado y que el mundo real te va a comer si no lo ha hecho ya. La rapidez con la que va todo deja poco margen de decisión y de error en un mundo en el que estos se pagan muy caros. Sin embargo, no hay un único camino válido y todos merecen ser contados.

No entregar todo en tiempo y forma, no tener el dinero para el máster deseado o no encontrar trabajo de lo tuyo no es fracasar. Cada caso vive o sobrevive a su manera con sus circunstancias. El esfuerzo constante no sería nada sin una chispa de suerte. Es por eso por lo que limitarse a hablar de meritocracia en estos casos no solo es egoísta, sino que carece de ética. La vida universitaria un año después de la graduación está llena de sorpresas, pero el éxito real radica en ser feliz con lo que haces y estar orgulloso de ti mismo.

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