¿Hay universidad más allá de las clases?
La universidad es más que una institución de enseñanza. Sus funciones a nivel social y cultural son innumerables. Las universidades cumplen desde roles ligados a la construcción del pensamiento crítico como la cohesión entre la población joven que se desplaza para ampliar su formación. Todo ello, sin mencionar su misión, centrada tradicionalmente en la docencia, la investigación y la transferencia.
En este sentido, la actividad universitaria es muy amplia, sobre todo en contextos territoriales, como las instituciones del G-9. Sin embargo, el volumen de esta actividad no siempre llega al público principal de los centros: el estudiantado. Y esto se aplica en especial a las actividades extraescolares.
De forma empírica, me ha sido difícil encontrar estudiantes que hayan participado en actividades extraescolares a lo largo de la etapa universitaria. Y ello se ha debido principalmente a una falta de información. Esto obliga a poner el foco en las dinámicas comunicacionales de las universidades.
Cada mañana, no falta en la bandeja de entrada del estudiantado de universidades como la UCLM un boletín de correo electrónico de parte de la institución. En numerosos casos, en estos boletines predominan las noticias institucionales, sin que se busque incentivar la participación del estudiantado en las actividades. Sobre todo, en un canal de comunicación que dista de ser de los preferidos del estudiantado.
Hace falta estrechar la lente hacia las facultades y los campus para encontrar una leve difusión de las actividades extraescolares. Y, aun así, es difícil, sobre todo en las redes sociales, donde las universidades parecen más interesadas en proyectar su imagen institucional que en fomentar la participación del estudiantado.
Y es que quien sabe de las actividades extraescolares tiene más posibilidades de enterarse por el boca a boca. Compañeros que hablan sobre el Trofeo Rector o sobre la banda universitaria. A falta de trabajo por parte de las instituciones, este proceso se lleva a cabo a través de la más primigenia de las comunicaciones.
En este sentido, cabe plantearse si las universidades se esmeran por cumplir las funciones tan relevantes de las que hablábamos al inicio del texto. Dando por hecho que en este tipo de contextos lo que no se comunica no existe, las universidades deberían revisar si sus esfuerzos por fomentar mediante actividades complementarias la participación del estudiantado llegan a la percepción del propio estudiantado.
