Nuestro futuro

Un mapa con dos rutas

Elegir una carrera universitaria casi siempre implica construir una imagen previa de lo que va a venir. En el caso del Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual de la UCLM, esa imagen suele tener mucho de cámara, redacción, plató, fotografía y creatividad. Sobre el papel, la propuesta resulta atractiva: cinco años de formación para obtener una doble titulación en dos ámbitos que parecen complementarse de forma natural. Sin embargo, entre la expectativa inicial y la realidad cotidiana de la Facultad de Comunicación de Cuenca hay una distancia que merece ser contada.

Muchos estudiantes llegan a este doble grado atraídos por una vocación más cercana a la imagen, la fotografía o el mundo audiovisual. Comunicación Audiovisual aparece como una opción deseada, pero la posibilidad de cursarla junto a Periodismo se presenta como una oportunidad difícil de rechazar. Dos títulos en lugar de uno. Parece haber más formación, más salidas o, simplemente, más posibilidades. Esa es, probablemente, la primera gran expectativa: pensar que estudiar dos grados al mismo tiempo equivale necesariamente a duplicar las oportunidades profesionales. La realidad, sin embargo, es más discutible.

El doble grado promete una formación amplia, pero esa amplitud no siempre se traduce en profundidad. Pienso que, cuanto más quieras abarcar, menos estás abarcando. Quien entra esperando una experiencia muy práctica puede encontrarse, sobre todo durante los dos primeros años, con una carga teórica considerable y con una sensación de avance más lenta de lo imaginado. La universidad no tiene por qué ser únicamente un taller profesional, pero en unos estudios vinculados a la comunicación, la expectativa de aprender haciendo es inevitable. Y ahí aparece uno de los primeros choques.

A esa sensación se suma otro elemento: algunas herramientas utilizadas durante la carrera no siempre parecen conectar con los programas o dinámicas que después se encuentran fuera del aula. La práctica universitaria, cuando no se actualiza o no se vincula del todo con el contexto profesional, corre el riesgo de quedarse a medio camino. Sirve para aprender una lógica de trabajo, pero no siempre para sentir que se está entrando realmente en el terreno profesional al que se aspira.

Eso no significa que la experiencia sea negativa en su conjunto. De hecho, muchas asignaturas consiguen cumplir expectativas, aunque no siempre por el contenido en sí, sino por la forma en que el profesorado las imparte. En una carrera como esta, el papel del docente resulta decisivo. Hay materias que podrían pasar desapercibidas y que, sin embargo, se convierten en útiles, interesantes o incluso motivadoras gracias a quien las enseña. Del mismo modo, hay asignaturas con potencial que pueden volverse pesadas si la carga de trabajo no está bien medida o si se acumulan demasiadas exigencias al mismo tiempo.

En ese punto surge una pregunta incómoda: ¿merece realmente la pena cursar el doble grado? La respuesta no es sencilla, pero desde la experiencia de muchos estudiantes puede inclinarse hacia el no. Si a alguien le gusta el Periodismo, quizá le convenga centrarse en Periodismo. Si lo que le interesa de verdad es la Comunicación Audiovisual, tal vez tenga más sentido apostar directamente por CAV. Es cierto que ambas disciplinas comparten lenguajes, herramientas y espacios profesionales. Por eso la existencia de un doble grado tiene lógica sobre el papel. Pero que tenga sentido como oferta académica no significa necesariamente que sea la mejor opción para todos los estudiantes.

El problema no está en que Periodismo y Comunicación Audiovisual no puedan convivir. Al contrario, en el mercado actual cada vez es más importante saber escribir, grabar, editar, comunicar en distintos formatos y adaptarse a plataformas diversas. El problema aparece cuando esa convivencia se percibe más como una suma de cargas que como una integración real. Un doble grado debería sentirse como un recorrido coherente, no como dos caminos que se rozan sin terminar de encontrarse del todo.

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