SOCIEDAD

Ser payaso de hospital: la risa como terapia

Es bastante común entrar en un bar y, en el corto trayecto de la puerta a la barra, quedar inundado por el bullicio de las carcajadas y el ambiente festivo. También lo es escuchar risas en el parque o en los recreos. Pocos, en cambio, relacionan esta conocida representación acústica de la alegría con la luz blanca de una sala de espera, con el silencio de un chequeo médico o con el frío sonido de un estetoscopio. Sin embargo, pese a este prejuicio, existen personas que, entre análisis de sangre y tratamientos, consiguen devolver la risa a los pasillos de los hospitales. Personas que, con una nariz roja y un delantal de colores, inyectan sonrisas en un entorno marcado por la incertidumbre.

Sanidad y artes escénicas

Ser payaso de hospital no es un pasatiempo. Se trata de un profesional de las artes escénicas especializado en clown. “La principal diferencia de actuar con pacientes es que tienes que conocer bien el hospital, sus instalaciones y, sobre todo, aprender a trabajar en colaboración con el equipo sanitario”, explica José Antonio Gil, payaso y cofundador de la asociación Más Que Una Ilusión.

También conocido como Colorín, su nombre artístico, José Antonio recuerda el motivo que lo llevó a recorrer este camino: “Tras un diagnóstico, tanto a niños como a padres se les cae el mundo encima; nosotros, a través de la interpretación, tratamos de fomentar la expresión emocional de las personas hospitalizadas”.

La Federación Española de Payasos de Hospital (Clowns por la Salud) agrupa a 102 profesionales que actúan en más de 30 hospitales y centros sociosanitarios. Según la asociación, en 2024 realizaron más de 65.000 intervenciones a lo largo del año.

Payasos de la Asociación más que una Ilusión. Fuente: Más que una Ilusión

Más que un recuerdo

Más de 3 millones de niños en España padecen alguna enfermedad crónica o de larga evolución, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En una etapa vital caracterizada por la inocencia, enfrentarse a hospitalizaciones prolongadas y tratamientos continuos puede afectar al bienestar emocional y social de los más pequeños.

Es en este contexto donde entra en juego la labor de los payasos de hospital, que con su humor y cercanía logran que los pacientes pediátricos se preocupen por ser lo que son: niños.

Existen evidencias de que el estado de ánimo del paciente influye en su tratamiento. Un estudio publicado en Scientific Reports en 2024, titulado Medical clowns improve sleep and shorten hospitalization duration in hospitalized children, demostró que la intervención de payasos de hospital antes de dormir mejora la calidad del sueño de los niños ingresados y reduce la duración de su hospitalización.

Además, otro estudio publicado en BMC Pediatrics en 2024, titulado Effects of clowning on anxiety, stress, pain, and hormonal markers in pediatric patients, evidenció que las intervenciones de payasos de hospital disminuyen los niveles de cortisol, la hormona del estrés, y aumentan los de oxitocina, la hormona asociada con el bienestar, reduciendo así el dolor y la ansiedad en niños hospitalizados.

En otras palabras, la risoterapia puede no ser una cura en sí misma, pero sí una herramienta que contribuye al bienestar integral del paciente. Además de favorecer la liberación de hormonas positivas, la risa estimula la circulación, mejora la oxigenación y fortalece el sistema inmunitario

La risa como terapia. Fuente: Pixabay

La vida del payaso

Si algo demuestran estos datos es que la risa puede llegar a ser el mejor medicamento. No obstante, detrás de quienes se cubren con una nariz roja y provocan carcajadas hay, ante todo, personas. Individuos que, como cualquiera, tienen facturas que pagar y una vida que sostener.

Muchos payasos de hospital deben compaginar su vocación con otros trabajos para llegar a fin de mes. “En otros países, dentro de los equipos de intervención sanitaria, se incluye la figura del payaso de hospital, pero aquí en España aún no se considera una profesión como tal”, añade José Antonio Gil.

En España resulta complicado encontrar profesionales que trabajen exclusivamente en el ámbito sanitario. Existen asociaciones que los contratan para intervenciones puntuales, generalmente de corta duración. En muchos casos, estas iniciativas dependen de financiación privada o del trabajo voluntario.

“No es que desmerezcan su labor, porque son igual de profesionales, pero yo llevo más de 17 años y más de 15.000 visitas a habitaciones, y siempre lo he hecho como voluntario”, afirma Gil.

Preparación exhaustiva

Más allá de la precariedad que puede esconderse tras esta labor, se trata de una profesión que requiere una preparación exhaustiva. Según asociaciones como Payasospital o Clowntigo, los artistas reciben formación continua para saber cómo actuar ante situaciones de dolor, ansiedad o duelo, siempre en coordinación con el personal médico.

“Nosotros damos unos conceptos teórico-prácticos sobre lo que es la intervención. No puedes preguntarle al paciente por su enfermedad: hay que frivolizar con la situación, no con la persona”, explica Gil.

Ser payaso de hospital no es una tarea fácil. Tampoco lo es estar enfermo y pasar largos periodos ingresado. Entre batas blancas y tratamientos, la risa se convierte en un refugio inesperado donde los niños pueden olvidar su dolor y recuperar, aunque sea por un momento, la alegría de ser protagonistas de su propia historia.

Como resume José Antonio Gil, “cuando ves a un niño reír y olvidarse de su enfermedad, te das cuenta de que vuelve a ser el protagonista”.

Esa sonrisa fugaz refleja la esencia de un trabajo que combina arte y empatía. En un entorno marcado por el miedo y la incertidumbre, la risa se convierte en un bálsamo insustituible.

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