CUENCA

Lucía Mora, una escritora forjada en lo pequeño

La escritora conquense Lucía Mora vuelve a las librerías con Cualquier coincidencia con la realidad es pura ficción, una obra que, como su propio título sugiere, juega con los límites entre lo vivido y lo narrado. Pero entender su literatura pasa inevitablemente por volver al origen: Cuenca.

Crecer en una ciudad pequeña como Cuenca sí que forja bastante el carácter”, explica Lucía, consciente de que el entorno condiciona la forma de mirar el mundo. Frente al anonimato de las grandes urbes, la autora reivindica una infancia donde:

“La ciudad entera es tu casa, conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce a ti”

Esa cercanía tiene su doble filo. Por un lado, seguridad y pertenencia; por otro, cierta sensación de límite: “A veces sientes que no tienes la misma libertad que en una ciudad grande, que no eres nadie y nadie te va a juzgar”. Una ambivalencia que, lejos de resolverse, se convierte en materia literaria.

Cuenca como paisaje emocional

La relación de Mora con su ciudad natal no es solo biográfica, sino profundamente estética. En su discurso aparece constantemente esa fusión entre lo urbano y lo natural que define a Cuenca.

Hay pocas ciudades que tengan tan integrado dentro de la ciudad un paraje natural tan diverso”, afirma. Y va más allá:

“Cuando paseo por las zonas verdes de Cuenca, siento una paz que en la gran ciudad no encuentro”

No se trata únicamente de escenarios, sino de una forma de sentir y de escribir. Su literatura bebe de ese entorno, de esa calma que permite detenerse en lo aparentemente insignificante. “Observar es lo esencial para escribir, y en Cuenca eso se hace de una manera quizá más profunda”, reflexiona.

Un lenguaje con raíz: lo manchego, lo cotidiano

En Cualquier coincidencia con la realidad es pura ficción, el lenguaje también es territorio. Mora reconoce que su escritura está atravesada por su origen: “En ciertas expresiones, ciertas palabras… se distingue que soy de Castilla-La Mancha, incluso de Cuenca”.

Esa huella no es impostada, sino orgánica. Surge de una tradición cultural y familiar que la acompañó desde pequeña: “Pude introducirme en el mundo de la cultura gracias a mi familia… no me faltaron oportunidades”.

Sin embargo, la autora no quiere quedar encasillada en lo local: “Una narración tiene que poder apelar a todo el público… ser muy de tu tierra pero también internacional”. Ahí reside una de las tensiones más interesantes de su obra: lo particular como puerta a lo universal.

Madrid: distancia, expansión y materia narrativa

Como tantos creadores, Mora tuvo que salir para ampliar horizontes. Su traslado a Madrid no ha supuesto una ruptura, sino una expansión.

Necesitaba vivir nuevas experiencias que recoger en mi literatura”, reconoce. Y aunque afirma sentirse cómoda en la capital, admite que el vínculo con Cuenca sigue siendo necesario: “Necesito volver de vez en cuando para relajarme y reconectar con quien soy”.

Esa ida y vuelta constante entre espacios —y entre versiones de sí misma— alimenta su escritura. No hay conflicto dramático, sino equilibrio:

“No hago un drama de estar fuera, pero sí noto cuándo necesito volver”

La memoria como refugio: volver para seguir siendo

Más que un lugar concreto, lo que ata a Mora a Cuenca es un conjunto de rituales y recuerdos. “Me gusta repetir las cosas que hacía desde pequeña… volver a los lugares donde he sido feliz”, explica.

En ese gesto hay algo más que nostalgia: hay una forma de resistencia frente al paso del tiempo. “Que esos momentos sigan ahí, que se mantengan cuando vuelvo sobre mis pasos”, dice.

Su literatura, como su vida, parece moverse en ese mismo impulso: conservar lo vivido, transformarlo y devolverlo al lector convertido en ficción.

Escribir desde lo real para reinventarlo

El título de su libro no es casual. Mora escribe desde la vida, pero no se limita a reproducirla. La transforma, la filtra, la reinterpreta.

Porque, como ella misma sugiere, la clave está en mirar:

“Escribir de la vida, de lo que ves, de lo que te rodea”

Entre lo íntimo y lo universal, entre la raíz y el movimiento, Lucía Mora construye una narrativa que confirma, paradójicamente, que toda ficción tiene algo de verdad.

Autor