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Martín Romero: crecer entre clientes, decisiones y viviendas

Incorporarse al mundo laboral a una edad temprana no siempre es una necesidad; en algunos casos, es una elección consciente. Así lo explica Martín Romero, quien comenzó su trayectoria profesional entre los 18 años dentro de la inmobiliaria familiar, un negocio con más de tres décadas de recorrido.

Aunque el acceso al sector estaba, en cierto modo, al alcance de su mano, Martín subraya que su decisión fue personal. «Me atraía un entorno real, dinámico y muy conectado con la economía», señala. No se trataba solo de continuar una tradición familiar, sino de entender desde dentro un sector donde cada operación implica tanto números como emociones.

Su primer día marcó el tono de lo que vendría después. Lejos de una adaptación progresiva, se encontró con un entorno exigente: llamadas constantes, clientes con necesidades diversas y operaciones en marcha. «Fue intenso. Entendí desde el primer momento que aquí no hay pausas, que las decisiones se toman continuamente». Esa exposición directa le permitió asimilar rápidamente que, en el ámbito inmobiliario, la experiencia práctica pesa tanto o más que la teoría.

Fotografía exterior Inmobiliaria Romero

En sus inicios, su rol estuvo ligado al aprendizaje activo: observar, acompañar y comenzar a interactuar con clientes bajo supervisión. Pronto descubrió que conocer un inmueble como su ubicación, precio o características era solo una parte del trabajo. «El verdadero valor está en interpretar al cliente. La vivienda no es un producto cualquiera; hay una carga emocional muy fuerte en cada decisión», explica.

Como en cualquier proceso de aprendizaje, también hubo dificultades. Adaptarse al ritmo del sector y comprender los tiempos de negociación fueron algunos de los retos iniciales. Sin embargo, contar con la guía de profesionales experimentados dentro de su propia familia, especialmente su padre y su tía, fue determinante.

“Ese acompañamiento me dio una visión realista del mercado y me ayudó a entender cómo se construyen las operaciones desde dentro”.

Martín Romero

Compatibilizar estudios y trabajo no fue sencillo. Requirió disciplina, organización y una clara orientación a objetivos. Aun así, Martín reconoce que esta doble exigencia tuvo un impacto positivo en su desarrollo personal. «Te obliga a madurar antes. Empiezas a tomar decisiones con implicaciones reales, económicas y personales, y eso cambia tu forma de pensar».

Esa madurez temprana también se reflejó en su entorno. Mientras otros jóvenes de su edad estaban centrados exclusivamente en los estudios o el ocio, él dividía su tiempo entre aulas y clientes. Aunque esto pudo implicar renunciar a ciertos momentos de su vida personal, no lo percibe como una pérdida, sino como una inversión. «Cada etapa tiene sus prioridades. En mi caso, construir una base profesional sólida era fundamental».

Fuera de su recorrido y centrándose en unos de los problemas más demandados como es el acceso a la vivienda en los jóvenes ha querido dejar una opinión objetiva: El acceso a la vivienda para los jóvenes en España puede explicarse desde un desequilibrio estructural entre oferta y demanda, agravado por factores económicos y laborales. Por un lado, la demanda de vivienda se mantiene elevada, especialmente en zonas urbanas, mientras que la oferta disponible es limitada o no se ajusta a las capacidades económicas de los jóvenes. «Esto genera una presión al alza en los precios». Por otro lado, los ingresos de los jóvenes no han evolucionado al mismo ritmo que el mercado inmobiliario. El desajuste entre precios y salarios provoca una pérdida de capacidad adquisitiva, dificultando tanto el acceso al alquiler como a la compra.

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