CULTURA

«Somos juglares del siglo XXI y así nos sentimos»

En plena época donde la IA y las pantallas sustituyen a lo tradicional, Cuenca ha hecho, durante este fin de semana, un pequeño viaje a la Edad Media. Entre el olor a leña quemada y parrilla, se escuchan varias gaitas a la lejanía. Al fondo de la trastienda se encuentra varios músicos del Grupo Turdión limpiando y preparando sus instrumentos para el próximo espectáculo.

Javier Franco es uno de ellos. A la espalda de sus ropajes, hechos y preparados específicamente para la ocasión, se encuentran miles y miles de kilómetros junto a su grupo. «Turdión es un grupo de músicos, aunque nosotros nos denominamos como grupo de animación de calle, especializados en la música antigua, especialmente, de la Edad Media, realizada con instrumentos de la época». Una afición, o mejor dicho, una pasión que hizo unir a personas desconocidas, de muchos puntos de la geografía española, en una misma labor; animar y amenizar los mercadillos medievales y fiestas temáticas de las calles españolas. «Somos un grupo de personas que nos reunimos en torno a la música, específicamente, las gaitas de muchas zonas de España y del mundo». Una riqueza cultural entre sus componentes que se ha ido extendiendo con los años, contando con más y más acompañantes de distintos puntos, algo que les ha hecho sumar y aportar un toque folclórico a la música que realizan fin de semana tras fin de semana.

Grupo Turdión durante uno de sus espectáculos de música, ambientados en la Edad Media, en México / Grupo Turdión
Grupo Turdión durante uno de sus espectáculos de música, ambientados en la Edad Media, en México / Grupo Turdión

El medievo adaptado al siglo XXI

Entre el bullicio de las personas y el ruido de los mercaderes anunciando sus productos en venta, los móviles han desaparecido para dar paso a la diversión. El apretado pasillo por donde la gente va y viene se abre por un grupo de músicos rememorando algunas músicas características de la Edad Media. Flautas de hueso, cuernos o bombardas vuelven a las calles. Instrumentos con décadas de historia y que te llevan de lleno al siglo XV. Aunque, su belleza va ligado a su delicadeza, lo que les hace requerir de una preparación y cuidado especial para que perduren durante años. «Nosotros tenemos trucos para que funcionen lo mejor posible. Sin embargo, para problemas más mecánicos, tenemos un grupo de artesanos que los los construyen. Ellos mismos nos reparan cualquier cosa que de problema para que los tengamos listos para la siguiente actuación”.

Dentro de ese proceso creativo, la elección de un instrumento no es el único quebradero de cabeza que tiene, en este caso, el grupo Turdión. El repertorio de músicas no es fijo, va cambiando y variando, no solo con el tiempo, sino con el lugar al que van a asistir o actuar. La primera tarea es buscar esas canciones que ya existen en reliquias como el libro Vermel de Montserrat. Cuando estas no encajan, también se atreven a coger y componer algunas piezas, siempre respetando su esencia, pero buscando ese toque moderno que haga que el público moderno se sienta como en casa, o mejor dicho, como en su dulce morada.

«Algunos miembros del grupo sí que les gusta componer y componen respetando un poco las normas que había en la época medieval en cuanto a tonalidades, modos y demás. Y luego bebemos también un poco de los folclores más modernos»

Javier Franco, artista del Grupo Turdión

La música siempre es sinónimo de fiesta

Animar y amenizar las fiestas, es la gran e importante labor de este grupo. Un oficio que ya realizaban los antiguos juglares y trovadores de la época. Una comparación de la que no solo no rehúyen, sino que aceptan de manera orgullosa. «Nos gusta pensar que somos juglares del siglo XXI”, afirma el músico. “Personas que viajan, cuentan historias y llevan alegría a las calles”. Aunque, a decir verdad, no solo construyen y tocan canciones, también hacen magia con ella. La música oscura que caracteriza a la Edad Media es adaptada al público y al lugar para que puedan sonar con la fuerza necesaria para ser escuchadas en cualquier lugar: «Nosotros lo que hacemos es darle fuerza con otros instrumentos más potentes para poder tocar en la calle. Es una de las características, que nuestra música suene potente sin necesidad de amplificación para poder tocar en las plazas», comenta el artista.

Grupo Turdión durante uno de sus espectáculos de música, ambientados en la Edad Media, en México / Grupo Turdión
Grupo Turdión durante uno de sus espectáculos de música, ambientados en la Edad Media, en México / Grupo Turdión

Su objetivo no es dar una lección magistral, sino crear una fiesta colectiva. Aceleran las melodías para que el público se arranque a dar palmas e incluso hacen pedagogía en directo para que los espectadores se atrevan a cantar con ellos estribillos en latín. «Hacemos música sencilla en la que buscamos que la gente participe con nosotros y la verdad es que conectamos bien con la gente. Ellos siempre responden con alegría y diversión. Es nuestro mayor premio», explica el músico.

«Igual, con estos cambios, no hacemos lo más medieval auténtico, digamos, lo más estricto para los
puristas, pero con esas características las músicas ya son medievales y al público general, al que
nosotros nos enfrentamos, los transportamos a esa época inmediatamente»

Javier Franco, artista del Grupo Turdión

Un espectáculo conjunto entre desconocidos

La magia del mercadillo va mucho más allá de crear una ambientación medieval. También radica en cómo comerciantes, artistas o artesanos, entre otros muchos oficios, forman un mundo y una atmósfera entre personas que, en la mayoría de casos, no han tenido tratos entre sí anteriormente. En estos espectáculos que los distintos grupos realizan a lo largo de los días no solo participan músicos. Acróbatas y actores, en el momento, tienen que adaptar su trabajo para generar un ecosistema musical o teatral que haga al espectador sentirte en una callejuela de la Edad Media. «La música de calle tiene una característica, si se hace de forma espontánea también funciona. Nosotros tenemos ya piezas preparadas, por ejemplo, piezas de teatro que se tocaban ya en esos propios teatros. Estas, los artistas de teatro ya las conocen y ya vinculan rápidamente con la parte que les toca, logrando una conexión

Mucho más que simples músicos

La labor de estos artistas va más allá de entretener o ambientar estos lugares. Con estas acciones también recuperan y mantienen esas tradiciones, a pesar de los años. Niños, adolescentes y adultos aprenden y comprenden cómo se vivía o qué es lo que se escuchaba en la época. La tradición no muere, la tradición sigue viva: «Hay músicos de muchísimo más prestigio que el nuestro, que sí que igual hacen una labor más de salvaguardar todas esas melodías de forma más histórica y más correcta. Aunque, si nos engloban dentro de esa forma de guardar y recuperar todas esas melodías, pues nos sentiríamos muy orgullosos», afirma Javier.

Los juglares no han muerto, tampoco han desaparecido. Han cambiado, se han modernizado y se han adaptado para llevar a su público el mismo mensaje que hacían hace siglos. «Somos juglares del siglo XXI y así nos sentimos, tanto en lo personal como en lo laboral e histórico. A día de hoy, nosotros hacemos esa labor que se hacía hace ya 500 años. Es un orgullo para nosotros ser los juglares del siglo XXI”.

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