DEPORTES

Las telas acrobáticas piden paso

La práctica de las telas aéreas (con origen en el circo francés del siglo XIX) viene demostrando una dulce demanda en los últimos años; cada vez son más las personas que deciden darle la oportunidad a una actividad que, además de suponer un gran desafío para el cuerpo, se combina con la expresión artística y la conexión emocional.

Las telas, deporte completo, pero de alto riesgo

Un subidón que experimenta y comparte con su ‘hermano mayor’ la escalada, modalidad de la que va de la mano, por similitudes de subsistir en un entorno que se encuentra entre los 10 metros (o incluso más) de altura habitualmente si se hace en interior. La diferencia está en que en las telas se va ‘a pelo’; el arnés o dispositivo de seguridad es el propio cuerpo humano.

Se trata de un deporte de riesgo en el que el seguro son las propias partes del cuerpo, y es la persona acróbata la que decide si aflojar o endurecer su cinturón de seguridad, principalmente con la fuerza empleada con core, tren superior y tren inferior.

Este deporte es considerado como uno de los más completos a nivel físico; trabaja el core, brazos y piernas, y es muy nutritivo para que el organismo fortalezca la espalda y las rodillas, lugares en los que se concentra un gran porcentaje de tejido conjuntivo del sistema nervioso.

Acróbata realiza una exhibición en el Parque de San Julián (Cuenca). Fuente: Espacio Pachamama

Mitos y prejuicios que dañan la modalidad

El Espacio Pachamama, en Cuenca, ofrece la práctica de ambas disciplinas, pues tiene la infraestructura suficiente para hacerlo. Allí entrena todas las semanas Lidia Yagües, acróbata de telas y escaladora: “Cuando se empieza a practicar acrobacias aéreas, se necesita un periodo de adaptación, pero no tan largo como el que la gente imagina; debes conocer un nuevo medio como es el aire y desarrollarte contra la gravedad”, sostiene.

«Es difícil evolucionar en la práctica»

Está demostrado que la disciplina ayuda a desarrollar elasticidad, fuerza explosiva en todas las articulaciones, y mejora la elongación y la resistencia física. Además de un complejo nivel de concentración y perfeccionamiento técnico que exige memorizar en cuanto a movimientos y nudos que son trabajados desde el aire.

Junto con Lidia Yagües trabaja Zoe Ramos, instructora y acróbata con un recorrido y trayectoria extensos en las telas acrobáticas, y que coincide con el testimonio de Lidia: «Todo depende de la adaptación corporal; si se trabaja duro y en serio, en el periodo de 1-2 meses ya puedes estar practicando subidas, bajadas y caídas en una altura media; y en unos 3 meses de trabajo ya puedes empezar a probar volar de forma guiada y en muy pocos metros”, dice la acróbata.

«Las clases deben ser muy sofisticadas y para nada rudimentarias»

Las clases de acrobacia en telas aéreas tienen una duración cercana a las dos horas. Y la metodología de trabajo consiste en realizar primero movimientos articulares, musculación y flexibilidad.

Después viene el trabajo técnico, ya entrando en contacto con los aparatos (herramientas colgantes), para cerrar finalmente con un trabajo y cuidado del cuerpo, así como una elongación de los principales músculos trabajados. “Al trabajar contra la gravedad, se logra una reactivación de la circulación”, dice Lidia Yagües.

Las telas acrobáticas no son, ni mucho menos, una disciplina accesible e ideada para todo el mundo. A pesar de su rápida evolución en quien lo practica desde cero, “a la gente que tiene problemas en articulaciones podría costarles un poco más”. Se trata de un deporte de riesgo que, en ocasiones, deja sin aliento a sus espectadores cuando las acróbatas caen en picado hasta que las cinta les salvaguarda.

De hecho, hay un peso determinado del que se hace muy complicado practicarlo (sin necesidad de presentar problemas de sobrepeso) por la agilidad y equilibrio de movimientos, ya que requiere una fisonomía que permita maximizar la flexoextensión de todos los músculos.

«Es una habilidad exclusivamente para personal de circo»

Un prejuicio que molesta mucho al gremio es que se tienda a dar por sentado que el deporte está totalmente profesionalizado e inaccesible: “Muchas veces parece que este deporte se atribuye únicamente al teatro o al circo; yo empecé a los 11 años, pero desde los 5-8 años ya hay clases de iniciación, es como todo”, dice Lidia.

Las edades prematuras de enseñanza en telas están permitiendo crear una escuela consolidada y con un mayor impulso para el futuro. Fuente: Espacio Pachamama

El fenómeno de las telas acrobáticas se mueve por Cuenca y por toda España

Las telas acrobáticas exponen su trabajo normalmente en competiciones como el Aerial Art en Villanueva del Pradillo, Madrid, en en el Aerial Camp, celebrado habitualmente en Gran Canaria; o el Aura Aerial Fest celebrado en diciembre en Cuenca. Pero también es común que los clubes celebren funciones con música y espectáculo (de hecho, Cuenca lo hace), de las que cada vez se sigue con mayor expectación (cerca del centenar de espectadores en el auditorio), como plan para pasar el domingo con familia o amigos.

En Cuenca, es usual ver exhibiciones en los rocódromos, en el parque de San Julián, y la zona del casco antiguo que cada vez llaman la atención de un mayor número de personas. Al ser una modalidad que se puede practicar en varios escenarios, su asistencia suele reflejar un recibimiento positivo y curiosidad por la modalifad.

El catálogo de artilugios para realizar telas es bastante sencillo, a la par que económico. Requiere de una colchoneta en el suelo, que no puede ser pisada salvo por quien lo practica y con calcetines. Y se usa «punto de seda», una tela hecha de poliéster con una resistencia firme y un tacto aterciopelado que cuelga del techo con un mosquetón de seguridad.

Aunque el porcentaje de participación masculina (12,92%) sea claramente inferior al de las mujeres (87,25%), es usual ver a hombres realizar el arte de las telas acrobáticas e incluso enseñar, pero de momento, el plano titular de la disciplina está reservado al género femenino.

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