El arte (y dificultad) de compaginar universidad y trabajo
Compaginar la universidad con otras obligaciones, ya sean laborales, académicas o personales, se ha convertido en una realidad cada vez más común entre los estudiantes. Lejos de la imagen tradicional del universitario centrado únicamente en su carrera, muchos jóvenes organizan su día a día entre múltiples responsabilidades que exigen una gestión del tiempo casi quirúrgica.
No solo la necesidad económica, sino también el desarrollo personal o la formación continua son las razones que justifican esta circunstancia. Sin embargo, detrás de esta combinación de actividades hay una constante: la exigencia. Mantener el equilibrio entre distintas áreas implica asumir cargas de trabajo elevadas y, en muchos casos, renunciar a tiempo libre o descanso.
La organización: un encaje de bolillos
La clave para sostener este ritmo suele estar en la planificación. Quienes combinan varias responsabilidades coinciden en la necesidad de estructurar cada jornada con precisión, priorizando tareas y aprovechando cualquier espacio disponible.
En ese contexto se encuentra Paula López, quien estudia el doble grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual, y también toma clases en el conservatorio. Una organización meticulosa caracteriza su rutina: “Me planifico la vida a medias horas. Tengo que tener todo muy detallado, porque si no es imposible”, confiesa.
Esa planificación no siempre es suficiente. La acumulación de tareas obliga a optimizar incluso los momentos de descanso. “Cuando tengo muchas cosas en la universidad, los cinco minutos que tengo los uso para ensayar”, explica. Así consigue mantener una práctica musical constante, aunque fragmentada a lo largo del día.
La importancia de la gestión emocional
Hay periodos que son particularmente difíciles, a pesar de la organización. Las épocas de exámenes son momentos de alta presión, especialmente cuando las evaluaciones de diferentes áreas coinciden. “Suele haber mucha demanda tanto en la universidad como en el conservatorio”, señala López, quien actualmente afronta el final de ambas etapas formativas al mismo tiempo.
Esta sobrecarga no es solamente académica, sino también emocional. Gestionar el estrés se convierte en una parte fundamental del proceso. “Respirar es la clave en momentos en los que te dan ganas de dejarlo todo”, reconoce, en lo que es una sensación compartida por muchos estudiantes que se enfrentan a jornadas intensas y prolongadas.
Más allá del estudiante «a tiempo completo»
La idea del universitario dedicado exclusivamente a estudiar convive hoy con perfiles mucho más diversos. Algunos combinan su formación con otras carreras académicas; otros, con trabajo o responsabilidades familiares. Esta realidad plantea interrogantes acerca de si el sistema universitario está adaptado a este tipo de circunstancias.
Juan Carlos Santos, profesor de radio y estudiante del grado en Geografía e Historia, aporta una perspectiva diferente al sumar también su actividad profesional como periodista. “El periodismo activo te consume mucha energía”, afirma tras décadas de experiencia como reportero.
En su caso, la falta de tiempo ha condicionado su recorrido académico: “Siempre dejaba para el final mis obligaciones en el grado”, lo que ha alargado sus estudios durante diez años. Una situación que ejemplifica a la perfección las dificultades de compatibilizar múltiples responsabilidades.
Una cuestión de doble vertiente
Cuestionado sobre si el sistema universitario está preparado para acoger a este tipo de estudiantes, Santos, desde su experiencia como profesor, plantea una pregunta fundamental: ¿Qué tan capaz es el alumnado de asumir estas cargas? “La mayoría no podría afrontar una segunda carrera universitaria”, sostiene, aunque reconoce que existen excepciones.
Más allá de las capacidades individuales, el debate también apunta a la estructura universitaria. Horarios rígidos, sistemas de evaluación exigentes y poca flexibilidad pueden dificultar la conciliación para quienes no encajan en el perfil tradicional. No obstante, hay un punto en el que tanto los alumnos como los docentes están de acuerdo: la motivación es fundamental. «Todo es proponérselo, disfrutar con lo que haces y no rendirse», resume Santos.
A medio camino entre el esfuerzo y la recompensa
Pese a las dificultades, compaginar varias actividades también tiene un impacto positivo. En el caso de Paula López, esta experiencia le ha permitido desarrollar disciplina y una visión más amplia del conocimiento: “Me aporta un pensamiento más transversal y la posibilidad de combinar mis pasiones”.
Sin embargo, advierte de los riesgos de idealizar esta situación: “Es muy duro y estresante, no se puede romantizar”. Su consejo es claro: reflexionar antes de asumir esa carga y, si se decide hacerlo, tener objetivos bien definidos.
En un contexto en el que cada vez más estudiantes se alejan del modelo tradicional, compaginar la universidad con otras obligaciones deja de ser una excepción para convertirse en tendencia. Una realidad que exige esfuerzo individual, pero que también abre el debate sobre la necesidad de una universidad más flexible y adaptada a las nuevas formas de estudiar.
