CUENCA

«No perdemos la esperanza»: la Fundación Los Maestros y el optimismo rural como respuesta a la despoblación 

En la Serranía Alta de Cuenca, donde muchos pueblos han visto disminuir su población, su actividad y parte de su vida cotidiana, nació la Fundación Los Maestros. Su origen está ligado a una preocupación muy concreta: luchar contra la despoblación en una comarca que José Miguel conoce de primera mano.

“Ver cómo cada vez hay menos actividad, menos población y menos vida en la comarca ha motivado nuestra labor”, explica.

La Fundación surge así de la inquietud de sus miembros por hacer algo útil en favor del territorio. Su respuesta no se centra solo en denunciar el problema, sino en impulsar actividades, especialmente culturales y educativas, que ayuden a dinamizar la zona. La idea de fondo es sencilla, pero ambiciosa: el conocimiento, la cultura y la educación pueden convertirse en herramientas para mantener vivos los pueblos.

Acto de la Fundación Los Maestros en Tragacete

El nombre de la Fundación, Los Maestros, tiene un doble significado. Por un lado, es un homenaje a los maestros de escuela rural, entre los que se encuentran los padres de José Miguel. Para él, estas figuras han sido fundamentales en los pueblos, no solo por transmitir conocimientos académicos, sino también valores, cultura y una forma de estar en comunidad. Por otro lado, el nombre responde a una convicción más amplia:

“Todos debemos ser maestros y transmitir a los demás lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, antes de dejar este mundo”.

Esa idea de traspaso está muy presente en el proyecto. Para la Fundación, los mayores y los saberes tradicionales ocupan un papel esencial. José Miguel defiende que quienes han vivido en los pueblos poseen un conocimiento profundo de la naturaleza, la ganadería, la agricultura, la micología, la caza o la pesca. “Nadie sabe más de muchas cosas que los que han vivido en los pueblos”, afirma. Por eso, considera que ese saber no puede perderse, sino que debe integrarse en el conocimiento actual a través de la educación y las buenas prácticas.

La Fundación no entiende la cultura rural como algo del pasado, sino como una realidad viva. La cultura, para José Miguel, no es solo aquello que suele aparecer en los programas oficiales o en las instituciones. También forma parte de la cultura rural ir al bar, entrar en la tienda, conversar con los vecinos y mantener relaciones cotidianas. “Cultura en el mundo rural es ir al bar o a la tienda y relacionarse”, señala.

Desde esta mirada, la educación es una herramienta clave contra la despoblación. José Miguel considera que muchas veces el abandono del mundo rural tiene que ver con el desconocimiento de sus beneficios, de su importancia y de sus posibilidades. “La falta de conocimiento del mundo rural y de lo tradicional muchas veces es lo que incentiva la despoblación”, explica. Por eso, la Fundación apuesta por una educación que valore lo rural y respete lo tradicional.

El impacto que buscan no es únicamente cultural, sino también económico y social. La organización de cursos, encuentros y actividades puede atraer visitantes a la comarca. Esas personas necesitan alojamiento, comida, transporte y otros servicios. Esa demanda puede generar empleo y, de forma indirecta, contribuir a fijar población.

“Si todos los meses hay actividades en los pueblos, esa gente necesitará servicios y cubrir sus necesidades; ahí creemos que estaría el verdadero impacto social”, resume José Miguel.

Uno de los proyectos que mejor representa esta filosofía es Transhumancias, una iniciativa desarrollada durante varios años en colaboración con la universidad y con apoyo público. El proyecto consiste en acercar los saberes tradicionales a estudiantes universitarios mediante cursos celebrados en pequeños pueblos. A partir de esa experiencia, los alumnos realizan trabajos y se produce un intercambio entre la población rural y el ámbito académico. “Se crea una sinergia importante y muy productiva entre los estudiantes y la población rural”, destaca José Miguel. De ese contacto, además, han surgido proyectos relevantes.

Acto de la Fundación Los Maestros en Tragacete

Sin embargo, la Fundación sabe que para que los jóvenes puedan quedarse o volver al medio rural hacen falta condiciones materiales. Preguntado por la principal necesidad de la comarca, José Miguel responde sin dudar: “Vivienda principalmente”. Explica que en la Serranía Alta de Cuenca existe demanda de empleo en hostelería, oficios y trabajos tradicionales, pero muchas vacantes no se cubren por la falta de vivienda disponible.

A esa dificultad se suman otras necesidades básicas: servicios sanitarios, educación, oportunidades laborales y opciones de ocio. Todo ello es imprescindible para crear arraigo. No basta con ofrecer empleo; también debe existir un entorno donde los jóvenes puedan desarrollar un proyecto de vida.

Cuando José Miguel imagina la Serranía Alta de Cuenca dentro de diez años, no habla de grandes cifras ni de un crecimiento imposible. Imagina una zona “mucho más dinámica y con algo más de población”, relacionada con proyectos impulsados por la Fundación y también por la Administración.

«No perdemos la esperanza»,añade.

Los objetivos de futuro de la Fundación son claros: consolidar los cursos y actividades culturales que ya realizan, aumentar su frecuencia y lograr que tengan un impacto estable en la comarca. Su aspiración es que cada pueblo pueda atraer algunas familias nuevas. José Miguel lo expresa con una frase sencilla y potente: “Con cinco niños por pueblo valdría”.

José Miguel con el alcalde de Tragacete Diego Yuste

Entre los próximos pasos destaca la puesta en marcha de actividades en un hotel que llevaba años sin utilizarse. La Fundación quiere convertirlo en un espacio cultural y educativo, un punto de encuentro e intercambio de conocimiento que vaya ganando importancia poco a poco.

Entre los próximos pasos destaca la puesta en marcha de actividades en un hotel que llevaba años sin utilizarse. La Fundación quiere convertirlo en un espacio cultural y educativo, un punto de encuentro e intercambio de conocimiento que vaya ganando importancia poco a poco.

El balance de estos años es positivo, aunque no ha estado libre de obstáculos. José Miguel reconoce que han encontrado trabas económicas, burocráticas y también cierta incomprensión. Aun así, se muestra satisfecho:

“Vamos cumpliendo nuestros objetivos, haciendo cosas, implicando a la gente y dinamizando los pueblos de la zona”.

El apoyo de la gente de la comarca y de sus ayuntamientos ha sido clave desde el principio. Ahora, además, la Fundación empieza a recibir reconocimiento de ministerios, administraciones, universidades, diputaciones y empresas privadas. Con ese respaldo, y bajo el lema de “Optimismo Rural”, Los Maestros siguen trabajando para demostrar que el futuro de los pueblos también puede escribirse desde la cultura, la educación y la confianza en el territorio.

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