Una ensalada de villanos para morirse de risa, crítica a Manzanas Podridas
Cuando miras hacia atrás, hacia todas esas noches en las que tus padres te leían aquellos cuentos infantiles, la vida parecía más fácil. Lejos de la sobreestimulación de las redes sociales, lejos de la ansiedad que apenas te deja dormir y solo preocupados por que el lobo feroz no se comiese a los tres cerditos. Por esa razón, la cultura y el teatro son tan importantes en nuestra sociedad. Tienen la doble función de hacer que nos evadamos y de hacernos pensar. La adaptación de Manzanas Podridas realiza esta doble tarea, llevándonos a esa época llena de cuentos, pero dándole un giro de tuerca: un asesinato en la corte. Los villanos no son tan malos como parecen y en esta obra pretenden demostrarlo.
Un espectáculo de cuento
En el campus de Cuenca, el grupo de teatro universitario de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) realizó el 17 de abril una tarea titánica. Con un Paraninfo que superó las expectativas de Vanesa Cano y Eva Sáez, directoras de la obra, el grupo La Chupipandi adaptó con creces el texto de la dramaturga estadounidense Tracy Wells. Con apenas otra obra más representada en el pasado, este joven grupo de teatro tenía vía libre para poder crear a través de esta historia llena de personajes de cuento que se reúnen al recibir una misteriosa invitación.
Una vez en la butaca, tocaba esperar a que empezase la función. El comienzo fue lo más complicado de llevar de toda la velada. Con varias filas de cabezas por delante o asientos que apenas dejaban ver el trabajo artesano de escenografía, había que hacer equilibrios para darse cuenta de todos los detalles. Por suerte, otros problemas como fueron el sonido por la acústica o la novata proyección de la voz se solucionaron de manera más que solvente según avanzaba el tiempo.
Luces y sombras del texto
Hablando más acerca del propio texto, la obra original se dirige principalmente a la representación en institutos o en grupos de teatro como este. Se trata de una reunión de villanos de cuento que buscan al culpable de un misterioso asesinato. No busca ser el lápiz más afilado del estuche ni con sus diálogos ni con sus situaciones, es consciente tanto del público que tiene como de lo que pretende ser. Es una puerta de entrada a jóvenes actores al teatro.

Sin embargo, el propio texto peca de no encontrar su foco hasta pasado el primer acto. Si bien la adaptación es buena y no tiene un ritmo lento y aburrido, la constante presentación de personajes, que ya conocemos, que se hace en el primer acto no termina de encajar, es demasiado abrupta. Con la traducción se arreglan algunos problemas, y quizás es un tema más personal o de gustos, pero no conseguí entrar tanto en la historia hasta el momento en el que se apagan las luces y descubrimos el destino de un personaje que siempre nos decían que «pronto será revelado». Más allá de eso, la simple traducción de la obra original ya es digna de elogio, igual que el frenetismo que se alcanza una vez avanza en la trama.
La difícil tarea de hacer reír
Donde más destaca la obra es en el tratamiento de sus personajes. Resultan caras familiares, desde la madrastra de Cenicienta hasta un Pinocho que no puede parar de taparse la nariz. A todos estos se incluyen también personajes como un Jack que se burla de sí mismo por lo desconocido que es. Pero sin lugar a dudas, el que se roba el show no es el personaje protagonista que los hace pasar a esa reunión, y sin hacer spoilers, habrá que tener muy en cuenta. Son los secundarios, que estelarizados por un lobo feroz que funciona a las mil maravillas como alivio cómico, se echan la obra a los hombros.

Los actores novatos, pese a trabas con la dicción o la sobreactuación, defienden muy bien su trabajo. En algunos casos puedes llegar a no creerte a los personajes y ver a alumnos disfrazados, pero las dinámicas que tienen entre todos hacen que rápidamente te olvides de ello. No hay que pasar por alto que en La Chupipandi no son profesionales, pero que su amor por el teatro está presente. Siendo un estreno con un público multitudinario que poco a poco iba entrando en el juego de la obra, es meritorio no haber entrado en pánico.
Ver esta obra, además de una oportunidad que ofrece UCLM Cultura de disfrutar del teatro, es más que recomendable. Más allá de si te gusta o no la temática o de si consigue su objetivo de hacerte pensar, deja claro lo difícil que es la actuación y la comedia. Más allá de errores, sacar una carcajada a todo un recinto no es sencillo y durante algo menos de una hora, estos chicos son capaces de conseguirlo.
