UNIVERSIDAD

Raquel Tierno: «No hay que escuchar tu historia, sino las de otros para poder aprender»

Raquel Tierno,psiquiatra del Centro de Salud Mental de Leganés acudió este miércoles a las VII Jornadas de Comunicar en el abismo. Como cada año, desde 2020, Rubén Ramos, vicedecano de Comunicación y Prácticas de la Facultad de Comunicación de Cuenca se ha hecho cargo de la organización de este evento. Estas charlas no solo tienen como objetivo analizar cómo se construyen los relatos, sino pretende ir más allá. No obstante, quiere explorar cómo influye la identidad en la forma que interpretamos la realidad, cómo nos relacionamos y cómo vamos construyendo nuestra propia historia a medida que avanza el tiempo.

Raquel centra su trabajo en comprender cómo se configura el psiquismo humano en un contexto marcado por los cambios sociales y tecnológicos. Durante su intervención en el Instituto Psiquiátrico José Germain, abordó la salud mental desde una perspectiva histórica y crítica. Asimismo, analizó de qué manera la sociedad moldea nuestra idea de normalidad y cómo las transformaciones culturales afectan a la construcción de la personalidad y al bienestar psicológico.

¿Por qué consideras importante hablar de lo “normal” y lo “anormal”?

Lo normal no es algo fijo, lo delimita la sociedad en la que vivimos. A lo largo de la historia hemos visto cómo cambian esas fronteras. Si miramos atrás, vemos cómo esas categorías cambian constantemente. Por ejemplo, con la aceptación de la homosexualidad, que antes se consideraba algo patológico y hoy no. Esto nos obliga a cuestionar nuestras certezas y a entender que muchas veces el sufrimiento también tiene que ver con no encajar en ciertos marcos sociales. A la vez que nos incita a preguntarnos qué entendemos por normalidad.

Redes Sociales y jóvenes

¿Qué te preocupa de la situación actual de los jóvenes y cómo crees que influyen las redes sociales en este contexto?

Me preocupa el aumento de los trastornos que se está produciendo últimamente. Los jóvenes, y los que no son tan jóvenes cada vez son más inestables emocionalmente hablando. Pero, sobre todo, me preocupa que muchas personas no saben lo que les está pasando. Hay un malestar difuso que no siempre se puede nombrar, y cuando no puedes poner en palabras lo que te ocurre, es muy difícil poder pedir ayuda o intervenir a tiempo.

Las redes sociales influyen mucho en este aumento. Introducen una lógica de comparación constante que es muy difícil de sostener. En la vida siempre va a haber una persona a la que se le dé muy bien hacer una cosa, otra a la que se le dé mejor otra. En las redes sociales, esto no ocurre. Siempre hay alguien más guapo, más interesante o que parece tener una vida mejor que la tuya. Eso genera una sensación continua de insuficiencia. No es una comparación puntual, sino una acumulación de muchas pequeñas comparaciones que van erosionando la autoestima.   

¿Qué medidas crees que deberían tomarse?

Creo que es fundamental replantear la educación. No se trata solo de prohibir, pero sí de poner ciertos límites, especialmente en edades tempranas. Hay contenidos y dinámicas para las que uno tiene que estar preparado, y no siempre lo estamos. La idea de que cualquiera puede acceder a todo en cualquier momento tiene consecuencias. Más que dar recetas concretas, diría que es necesario formar a las personas para que puedan protegerse, porque si no hay una base, es muy difícil que esa protección funcione.

Conclusión

¿Con qué idea resumirías tu intervención?

Un concepto muy importante es que no podemos construirnos solos ni encerrados en nuestra propia experiencia. Vivimos en una época muy centrada en el “yo”, pero es fundamental abrirse a los demás. Escuchar otras historias, otras formas de poder vivir y de entender el mundo es lo que realmente nos permite aprender y crecer. Por eso diría que no hay que escuchar solo tu historia, sino las historias de otros para poder aprender.

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