SOCIEDAD

El fallo del sistema que brinda la ludopatía juvenil

Anteriormente, para que un joven cayera en la ludopatía tenía que acudir a un local físico y colarse en el caso de que no tuviese la mayoría de edad para entrar en el ambiente del juego. Sin embargo, hoy en día ese entorno ha ido desapareciendo poco a poco por su facilidad de acceder a través del teléfono móvil. Ahora, esto aparece camuflado entre aplicaciones y redes sociales a través de anuncios o, incluso, a través de resultados deportivos. Esta digitalización ha convertido el juego en una acción que puedes realizar solo sin la necesidad de buscar un control familiar y administrativo.

Las grietas de la verificación

El gran problema no es la falta de leyes contra el acceso a los casinos de manera digital, sino que se pueden saltar con mucha facilidad. Por ejemplo, hay algunas plataformas que permiten registrarte y depositar dinero con mucha facilidad y, luego a la hora de sacar el dinero, ya te pide el DNI. Esto genera la posibilidad donde el menor de edad puede perder grandes cantidades de dinero antes de ser detectado. Sergio, empleado en un salón de apuestas, ve este problema casi a diario y, aunque se intente evitar que un menor apueste, “es imposible saber si el chico que acaba de cargar saldo en su cuenta va a usarlo él mismo o se lo va a pasar a un amigo que sea menor de edad”.

La publicidad que te conoce

Ahora no es necesario ver un cartel gigante en la calle o esperar hasta las tantas de la noche para ver publicidad de apuestas en la televisión; ahora el anuncio te busca a ti independientemente la aplicación que estés usando en el móvil. Los algoritmos de Instagram o Tik Tok detectan el interés de los jóvenes por temas recurrentes como pueden ser el fútbol o los videojuegos y les sirven una gran cantidad de “bonos de bienvenida” y cuotas promocionales. Incluso, en algunos casos, sus “influencers” favoritos pueden promocionar alguna casa de apuestas, lo que hace que puedan caer de una manera más fácil a las apuestas.

Juan, un estudiante de 20 años que suele apostar, explica que el entorno digital le empuja a seguir apostando porque “cada vez que abría una aplicación en el móvil me salía un anuncio prometiéndome dinero fácil y sentía que estaba perdiendo una oportunidad si no accedía”.

Además, junto a estos anuncios se ha encontrado un aliado infalible: los pronosticadores de las redes sociales. Estos perfiles que se presentan como expertos con una vida llena de lujos actúan como un puente de confianza que las casas de apuestas aprovechan. “Ves a alguien que gana miles de euros con una aplicación y acabas pensado que por qué no podrías acabar igual”, explicaba Juan.

La pérdida de la noción del gasto en los videojuegos

La interfaz de las aplicaciones de apuestas ha copiado la estética de los videojuegos. El uso de colores llamativos, sonidos de premio y animaciones que te generan dopamina rápida. El verdadero peligro es que, al apostar con saldo digital y no con billetes físicos, el cerebro no procesa la pérdida de la misma forma.

La digitalización no solo ha facilitado el acceso, sino que ha supuesto un riesgo real para la economía juvenil. El resultado es una generación que vive con un casino abierto las 24 horas en el bolsillo, donde las barreras de entrada son tan fáciles de saltar como aceptar los términos y condiciones de la aplicación.

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