El dilema de las vacunas: entre la aguja y la duda
Hasta el 2019, las vacunas fueron un método de inmunización rutinario y casi que incuestionable por gran parte de la población. No obstante, a raíz de la pandemia del COVID-19, desde el 2020 el tema de la vacunación pasó a ser tendencia y convertirse en un asunto bastante social opacando a lo científico.
El origen de las vacunas
Por más de un siglo, las vacunas se convirtieron en uno de los mayores logros de la medicina. Fue en 1796 cuando Edward Jenner desarrolló la primera vacuna que buscaba acabar con la viruela. Para National Geographic, el término vacuna proviene del animal que brindó el primer antígeno protector: la vaca (vacca en latín). Jenner descubrió que las ordeñadoras de vacas no tenían la enfermedad de la viruela común por estar infectadas con la viruela bovina. Fue ahí donde se le ocurrió inocular a un niño de 8 años las raspaduras de una vaca infectada con la enfermedad. Posteriormente, el menor de edad presentó fiebre por días, pero jamás sufrió contagio por la viruela ‘humana’.
Casi 200 años más tarde, en 1980, y luego de alrededor de 300 millones de muertes en el siglo XX, la Organización Mundial de la Salud (OMS) confirma que se ha erradicado por completo la viruela gracias al uso de la vacuna. Como este, hay muchos más ejemplos de casos exitosos de vacunas. No obstante, siempre puede haber personas que se nieguen a vacunarse o consideren arriesgado hacerlo. “Nos dicen que son seguras, pero tienen efectos secundarios”, comenta Cristian Ochoa, estudiante de Derecho en Colombia. Vale recalcar que son muchas las personas que piensan como Ochoa.
«¿Por qué deberían obligarnos a ponernos algo que no sabemos qué contiene?», añade Ochoa.
Sin embargo, según el Comité Asesor de Vacunas e Inmunizaciones todos los fármacos pueden llegar a causar efectos adversos, por lo general son: dolor de cabeza, fiebre o hinchazón que no suele durar más de 48 horas. También, reconoce que efectos más graves como reacciones anafilácticas o encefalopatía son halladas en 1 de un millón de casos aproximadamente, y evidentemente, mucho menos que lo que produciría la enfermedad sin inmunizarse.
Expertos en salud al rescate
Por otro lado, está el colectivo que está a favor de las vacunas y considera totalmente equivocado a aquellos que le han tenido miedo al fármaco y a la solución que brinda la ciencia contra este tipo de problemáticas sociales y salubres. El neurólogo Tomás Segura, catedrático de Medicina de la UCLM, indica que en el caso de la pandemia del COVID-19 el miedo fue exagerado y que todo sucedió en un entorno de miedo y desinformación.

No obstante, el especialista culpa a las autoridades sanitarias por haber dado información contradictoria y en algunos casos errada. Segura considera que, la situación no se manejó de la mejor forma con decisiones tales como: realizar la vacuna demasiado rápida y sin seguir los plazos habituales o prohibir el acceso a restaurantes y transporte público a personas no vacunadas, sin antes confirmar si los vacunados no contagiaban de igual forma.
“Como médicos, tratamos pacientes de forma individual y no por grupos”, es la respuesta de Segura con respecto a la vacunación masiva y afirma que se debe revisar caso por caso antes de forzar cualquier medicamento en una persona. De la misma forma, el neurólogo cree que para los niños algunas vacunas sí deben ser obligatorias porque quién la recibe no tiene capacidad de decisión, pero que el estado debe velar por ellos si se considera que es necesaria y benéfica.
Situación en la Unión Europea
En cuanto al COVID-19 y sus vacunas, la Unión Europea autorizó en primer lugar 4 vacunas: Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen. Se han tenido en cuenta las recomendaciones de entidades competentes como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), quien vela por garantizar la seguridad y eficacia de las vacunas utilizadas en Estados Unidos y luego distribuidas por el mundo. La FDA jugó un papel muy importante al dar la primera autorización de vacuna contra el COVID-19 a Pfizer. Un motivo importante para su aprobación ha sido su ARN mensajero, conocido simplemente como un material genético que simula en el cuerpo una de las proteínas del virus.
Una vez dentro del cuerpo, el individuo y su sistema inmunológico reacciona de manera defensiva ante los síntomas de la enfermedad. El ARNm que utilizó Pfizer solo está presente en el cuerpo durante un poco periodo de tiempo sin alterar el material genético de una persona. De hecho, según el Ministerio de Sanidad, en España de las 109.476.518 dosis adquiridas, la gran mayoría fue de Pfizer.
Al igual que Segura en España, en Estados Unidos, el farmacéutico y exprofesor Sven Normann también apoya la vacunación. Comprende a algunos negacionistas por miedo a las agujas, falta de educación o influencia política. Normann critica al Partido Republicano, especialmente desde el mandato de Donald Trump. Considera que se difundió información falsa que aumentó la resistencia a las vacunas en Estados Unidos. El farmacéutico considera incréible que un país tan desarrollado cuestione tanto la ciencia.

De incuestionable a debate social
En pleno 2026, el tema de las vacunas pasó de los laboratorios a un debate social donde cualquiera opina. La socióloga e investigadora Alba Taboada considera necesario escuchar y entender el miedo de los negacionistas. Afirma que, dialogar sobre el tema es más sano y puede ayudar a encontrar soluciones. Durante la pandemia, la OMS defendió que los avances tecnológicos permitieron desarrollar vacunas en meses gracias a la cooperación e inversión pública.
«La ciencia es una institución confiable», apunta Taboada.
Aun así, la desconfianza fue amplia a nivel mundial. Para Taboada, esto es normal: siempre habrá personas que no confíen y se necesita más información. Según la OMS, la cobertura vacunal mundial era mayor antes de la pandemia (86% en 2019 frente a 81% en 2021). Portales como The Lancet demuestran que en los últimos años ha aumentado la desconfianza hacia las vacunas en varios países.
Las vacunas y las redes sociales
Taboada, en cooperación con Alejandro Romero y Cristóbal Torres, ha publicado el artículo Gateway Conspiracy: la desconfianza en la pandemia por COVID-19 como puerta de entrada a teorías de la conspiración, donde concluyen cómo la red social Twitter/X sirvió de campo de información falsa o conspirativa producto del uso de los hashtags en contra del gobierno y las medidas implementadas para afrontar la problemática de salud. Para la socióloga, estos comportamientos no son nuevos: siempre ha existido resistencia hacia la industria farmacéutica y la medicina. Sin embargo, Taboada destaca el enigma de por qué los canales oficiales y expertos no reciben la atención necesaria para difundir información correcta.
En definitiva, la pandemia del COVID-19 no solo creó avances en la manera de producir vacunas, también alteró la relación de la ciencia con la humanidad. De ser un símbolo de sanidad, solución y vida, las vacunas se han convertido en objeto de discusión y debate. Los científicos y la industria en general se enfrentan al doble desafío de continuar mejorando sus avances tecnológicos, pero también de recuperar la confianza de la sociedad. El futuro de la vacunación no se medirá solo por dosis aplicadas, sino en lecciones aprendidas.
