SOCIEDAD

La huella de los desaparecidos y el laberinto de los que se quedan

Pese a que el 95,7% de los casos se resuelve con rapidez, el estancamiento de otros muchos desgasta y crea secuelas en el entorno más cercano del desaparecido. El Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) ha dado a conocer su Informe Anual, diseccionando la realidad de las desapariciones en España durante el pasado año (2025). Aunque el propio documento es una sucesión de tablas estadísticas y números, esto no puede estar más lejos de la importancia del asunto. Hasta 16.024 personas fueron reportadas como desaparecidas en el pasado curso.

Esta cifra supone un descenso muy ligero en comparación con el año 2024 (1,1%), donde se reportaron hasta 16.201 personas desaparecidas. Este fenómeno persiste como un desafío mayúsculo para las instituciones y autoridades. Sin embargo, el peso de la estadística recae sobre los hombros de los familiares. Ellos son las víctimas indirectas de las desapariciones, enfrentándose a una espera interminable que afecta directamente su bienestar semana a semana.

Descenso en el volumen, aumento en la cronicidad

El Informe Anual revela que durante 2025 se registraron un total de 25.086 denuncias. Un dato un poco raro en relación con las 16.024 personas que desaparecieron. Estas más de 9000 denuncias se explican gracias a la tasa de reincidencia, donde al menos 4.563 personas desaparecieron más de una vez durante el curso (promediando tres episodios por persona). Muchos de estos perfiles se corresponden a menores de entre 13 y 17 años (63,8%), ya que a menudo estos casos se relacionan con fugas de centros de acogida.

Pese a disminuir el número de desaparecidos y a que las fuerzas y cuerpos de seguridad mantienen una eficacia altísima (95,7% de los casos), las denuncias activas del 2025 preocupan y mucho. La última toma de datos recoge que, a 31 de diciembre de 2025, todavía se mantenían abiertas 6.874 investigaciones, incrementándose un 2,3% respecto a los 6.722 casos activos del año anterior.

Perfil del desaparecido en 2025

En cuanto al perfil, podemos identificar un claro seguimiento respecto a otros años. Existe una mayor incidencia en los desaparecidos varones, representando el 63% de los casos, frente al 37% de los casos en mujeres. En cuanto a la edad en el momento de la desaparición, el informe revela una ligera mayoría en personas mayores de edad, con un 51,3%. Por otra parte, más del 60% de los casos son ciudadanos de nacionalidad española.

Perfil del desaparecido / Fuente: Martín Esteban Hevia

Castilla-La Mancha: 108 familias en espera

En el contexto regional, Castilla-La Mancha muestra una tendencia al alza. En 2025 se registraron 900 denuncias en toda la comunidad, notando un incremento notable frente a las 743 del informe previo. Pese a que la mayoría ya están resueltas, hasta 108 casos siguen activos a día de hoy, distribuidos por toda la geografía castellanomanchega:

  • Toledo: 42 casos activos.
  • Albacete: 21 casos activos.
  • Ciudad Real: 18 casos activos.
  • Cuenca: 14 casos activos.
  • Guadalajara: 13 casos activos.

Las desapariciones dejan huella

Pese a que el informe acerca de manera indirecta a cualquier persona a estos casos mediante datos y simples números, la realidad es completamente distinta. La frialdad de las cifras esconde el duelo que las familias y amigos tienen que sufrir en sus propias carnes. La desaparición se puede denominar como stand-by, donde los familiares no conocen el verdadero estado del desaparecido. Un limbo donde estos se consideran víctimas indirectas, sufriendo un dolor emocional permanente.

Es por ello que psicólogos como Augusto Castaño Recio determinan estos casos con una «urgencia máxima». El psicólogo toledano hace mella en la importancia de tomar acción cuanto antes, si fuese necesario: «En las primeras horas tras la desaparición de un ser querido, el cerebro entra en un modo de supervivencia y alerta máxima. El problema surge cuando esa alerta no se desactiva nunca«. Las desapariciones no tienen fecha de caducidad, pueden durar días, meses u años. Es por eso que la prioridad es desactivar la alerta de la que nos habla Castaño.

El peso del tiempo

Según el informe de desparecidos, el 55% de los casos se resuelve en los primeros 3 días tras la denuncia. Con el porcentaje restante, el 72% se resuelve en apenas una semana. Sin embargo, los casos que quedan descolgados son los más complicados de sobrellevar. Con el paso del tiempo, la incertidumbre se convierte en una enfermedad crónica para las familias. Una lluvia de dudas y preguntas cae sobre ellas y la «culpa del superviviente» cae sobre sus hombros.

«El familiar de un desaparecido vive en un estado condicional continuado. No puede llorar una muerte porque mantiene la esperanza, pero tampoco puede disfrutar de la vida porque siente que hacerlo es traicionar al que no está»

Augusto Castaño Recio, psicólogo clínico toledano

Esto no solo perjudica al día a día de cualquier familiar, sino que deja cicatrices persistentes. Estas cicatrices también generan secuelas. La hipervigilancia a cualquier llamada telefónica, reconocer un parecido físico por la calle o incluso generar imaginaciones en el propio entorno familiar. «La desaparición puede generar cuadros de estrés postraumático muy complejos», asegura Castaño.

Simulacro de desaparecidos / Fuente: Ayuntamiento de Madrid

Esta situación puede alargarse tanto como se alargue el caso en concreto. Es por ello que, a recomendación del psicólogo toledano, «hay que tomar medidas desde el inicio«. Esta realidad ha llevado al Ministerio del Interior a impulsar la contratación pública de asistencia psicológica gratuita especializada y enfocada para familiares de estos casos de larga duración.

Los datos que se ofrecen en el informe anual del CNDES son apaciguadores. Menos desapariciones y un ratio de resolución de casos en muy poco tiempo. Sin embargo, una desaparición no se puede medir solo en números. Pese a la iniciativa sobre la asistencia psicológica gratuita y el gran hacer de las fuerzas, el peso de una «pérdida» durante tiempo indefinido puede acarrear un sinfín de problemáticas, incluso damnificando y oxidando el entorno familiar del desaparecido.

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