CUENCA

La oruga procesionaria vuelve a la Fuente del Oro y obliga a extremar la precaución

Con la llegada de la primavera, las orugas procesionarias vuelven a aparecer en distintos puntos de Cuenca. Estas orugas bajan de los pinos entre los meses de febrero y abril. El motivo de su bajada es debido a que en esta época del año este tipo de orugas se acercan a la tierra para enterrarse.

A simple vista puede parecer inofensiva. Sin embargo, la procesionaria es mucho más peligrosa de lo que parece; cuentan con unos pelos urticantes, diseñados para liberar toxinas, que pueden causar reacciones alérgicas en humanos y animales. En el caso de las mascotas, especialmente en perros, puede llegar a tener consecuencias muy graves.

La Fuente del Oro, uno de los puntos más afectados

En Cuenca, la presencia de estos insectos se concentra principalmente en las zonas con abundancia de pinos. Es el caso del barrio de la Fuente del Oro, donde cada año se repite esta misma situación.

La cercanía de zonas verdes y los grandes pinares de la zona favorecen la aparición de estas orugas en calles, parques y caminos. Durante estas semanas, es habitual encontrarse con grupos de estas orugas desplazándose en fila, comportamiento que da nombre a esta especie.

Preocupación en el CEIP Fuente del Oro

 El CEIP Fuente del Oro, situado en el barrio homónimo, es uno de los lugares más afectados debido a la presencia de estas orugas en las inmediaciones del centro.

Los alumnos, especialmente los más pequeños, tienden a acercarse a estos insectos fruto de la curiosidad. En algunos casos, llegando a tocarlos o incluso a cogerlos, lo que provoca reacciones como urticarias o irritaciones en la piel.

Es importante advertir a los más pequeños de los riesgos del contacto con estos insectos para mantenerlos lo más alejados posibles. Paula García Zapero, profesora que estuvo en prácticas en el centro el curso pasado indica que «advertíamos a los niños de no acercarse a las orugas y los barríamos tras verlas».

Impacto de la oruga y medidas de control

Más allá del riesgo en personas y animales, la oruga procesionaria también afecta de forma directa a los pinares de la zona. Según explica Jesús Soto, técnico superior de Gestión Forestal y del Medio Natural, se trata de “una plaga defoliadora que se alimenta de las acículas de los pinos, lo que provoca el debilitamiento progresivo de los árboles y los hace más vulnerables a enfermedades o plagas”. Para controlar su expansión existen diferentes métodos. Entre los más eficaces se encuentran las trampas físicas, instaladas en los troncos para capturar a las orugas antes de que estas desciendan al suelo. Soto, comenta que otros métodos de control se basan en el “uso de bacterias como el bacillus thuringiensis o químicos”. 

Trampa usada para prevenir las orugas procesionarias/ Jesús Soto

Con la subida de las temperaturas, la vigilancia se convierte en la mejor herramienta para reducir los riesgos que pueden provocar estas orugas. Evitar el contacto con ellas y mantener a menores y mascotas alejadas de ellas son factores clave para evitar complicaciones.

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