CULTURA

Cuenca y la magia de los títeres

Dos trayectorias, una misma pasión mantienen vivo el teatro de títeres en Cuenca

Cada 21 de marzo, el mundo celebra el Día Mundial de la Marioneta, una fecha que reivindica el valor cultural de un arte milenario. En Cuenca, esta conmemoración adquiere un significado especial gracias a la labor de profesionales que, desde distintas trayectorias, mantienen viva la magia de los títeres. Entre ellos, destacan Ángel Suárez Herranz y Mario Fernández más conocido como Mario Ezno en redes sociales, procedente de Huete, dos nombres que, desde generaciones diferentes, contribuyen a sostener y renovar este arte.

Una celebración con arraigo internacional y corazón local

Impulsado por la UNIMA, el Día Mundial de la Marioneta nace con el objetivo de dar visibilidad a una disciplina artística que ha acompañado a la humanidad durante siglos. Más allá del entretenimiento, el teatro de títeres se presenta como una herramienta educativa, emocional y cultural. En Cuenca, esta jornada no se limita a una efeméride, sino que se traduce en una actividad constante durante todo el año, gracias al trabajo continuado de sus artistas.

Foto: Día Mundial de la Marioneta. Fuente: DMM 2026.

Dos trayectorias, un mismo compromiso

Hablar de títeres en la ciudad implica reconocer tanto la experiencia como la innovación. Ángel Suárez, con más de cuarenta años de trayectoria, representa la constancia, la dedicación y el arraigo de este arte en la vida cultural conquense. Su labor ha permitido mantener viva una tradición que ha acompañado a varias generaciones.

En paralelo, Mario Ezno aporta una mirada contemporánea, ampliando los límites del teatro de marionetas. Su camino no fue lineal: comenzó en el Arte Dramático, pero encontró su verdadera voz tras una etapa en Australia, donde una experiencia personal le llevó a crear su primer personaje, “Manolo”. “A partir de ese momento empezó a surgir todo”, recuerda, señalando el inicio de su evolución artística

El nombre propio de los títeres en Cuenca

Hablar de títeres en la ciudad es hablar, inevitablemente, de Ángel Suárez. Su trayectoria, que alcanza ya los cuarenta años, representa un ejemplo de vocación y resistencia cultural. Desde que fundara la compañía en 1986, su trabajo ha sido constante, incluso en contextos poco favorables para las artes escénicas. Tal y como recoge https://elfocodigital.es/ , su figura se ha convertido en un pilar fundamental para entender la evolución del teatro de marionetas en la ciudad. No solo ha mantenido viva la tradición, sino que la ha acercado a nuevos públicos, consolidando un espacio de encuentro familiar en torno a cada función.

Tradición y renovación sobre el escenario

Mientras que la trayectoria de Suárez ha consolidado un espacio estable para el teatro de títeres en la ciudad, la propuesta de Mario introduce nuevos lenguajes escénicos. Su proceso creativo, que parte de las manos en lugar de la cabeza, pone el foco en la expresividad: “Para mí lo importante es cómo se mueve, cómo transmite”. A ello se suma la música, que incorporó como elemento clave para conectar con el público: “Es un lenguaje universal”.

Sus espectáculos, en los que su títere canta e interactúa, han demostrado una gran capacidad de atracción. Personajes como “Manolo”, con influencias culturales españolas inspiradas en figuras como Joaquín Sabina, reflejan esa fusión entre tradición y reinterpretación contemporánea.

Su experiencia en la calle también le ha dejado momentos inesperados. Durante una actuación en Kiel (Alemania), una persona ebria golpeó el recipiente donde el público dejaba el dinero. Lejos de reaccionar directamente, decidió hacerlo a través de su personaje: “Mario le habría llamado la atención, pero decidí reaccionar como Manolo”, relata. La escena derivó en una interacción tan singular que, como él mismo cuenta entre risas, “creo que llegó a pensar que la marioneta estaba viva”.

Una tradición que une generaciones

Uno de los rasgos más destacados del teatro de títeres en Cuenca es su capacidad para trascender edades. Padres que crecieron asistiendo a funciones regresan ahora con sus hijos, manteniendo viva una cadena de memoria y emoción.

Tanto en las funciones impulsadas por Ángel Suárez como en las propuestas de Mario, el objetivo es común: emocionar y conectar con el público. “Ver a la gente reír y disfrutar hace que todo merezca la pena”, afirma Fernández, resumiendo el sentido último de su trabajo.

Cultura frente a la adversidad

Foto: Títeres Larderos.

El camino no ha estado exento de dificultades. La desaparición de iniciativas como el festival Titiricuenca supuso un golpe para la programación cultural de la ciudad. Sin embargo, el compromiso de profesionales como Suárez y Mario ha sido clave para que este arte continúe presente, adaptándose a los cambios sin perder su esencia.

El hilo invisible de la ilusión

En un mundo cada vez más acelerado, el teatro de marionetas sigue recordando el valor de lo esencial: una historia, unos personajes y la capacidad de emocionar. El Día Mundial de la Marioneta no es solo una fecha simbólica, sino el reflejo de un trabajo constante que se sostiene gracias a quienes lo hacen posible.

Porque en Cuenca, la magia de los títeres no depende de una sola figura, sino del diálogo entre generaciones, miradas y formas de entender el escenario. Y mientras haya manos que den vida a los personajes y público dispuesto a creer, la ilusión seguirá adelante.

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