El buitre entra en caída libre: La conferencia de Antoni Margalida que defiende a los carroñeros
Han pasado ya 33 años desde que la instantánea tomada por Kevin Carter, fotografiando un niño africano terminal, a merced de un buitre, sacudió el planeta. Carter ganó el premio Pulitzer aquel año, y meses después se quitó la vida por la presión y el ensanchamiento que recibió al priorizar sacar la foto antes que ayudar al niño.
Sin embargo, esa no fue la única reminiscencia que se llevó la humanidad de aquel fatídico escenario. A partir de ahí, la figura del buitre se oscureció y pasó a concebirse como un animal algo más antagónico y malévolo.
La RACAL celebró ayer su 10ª conferencia
La Real Academia Conquense de Artes y Letras albergó el día de ayer la conferencia ‘Buitres y servicios ecosistémicos: una aproximación sobre los beneficios sanitarios, sociales y económicos’ presentada por Antoni Margalida, doctorado en Ciencias de Ecología y Evolución por la Universidad de Berna.
Antes de empezar, Miguel Jiménez, director de la RACAL, presentó al penúltimo invitado de ‘Los Martes en la Academia’, una oferta de seminarios que lleva celebrándose cada martes desde principios de enero y que ultima su programa.



Antoni Margalida, una vida dedicada a la investigación
Antoni Margalida ha desarrollado numerosos proyectos de investigación en torno a cómo funcionan los ecosistemas, lleva cerca de 300 trabajos de investigación en numerosas revistas y ha sido el encargado de dirigir y corregir tesis doctorales.
«Lo que quiero es que cambiéis un poco la percepción de los buitres como aves carroñeras»
Una hoja de servicios fundamental para realizar una exposición superlativa en el día de ayer: “Hoy analizaremos estos animalitos de tan feo aspecto, pero que tan útiles resultan”, expresó Margalida en los primeros compases de la conferencia.
El primer objetivo que tuvo el investigador entre ceja y ceja fue esclarecer la diferencia entre los carroñeros estrictos (se alimentan exclusivamente de carroña) y los facultativos u oportunistas (no dependen solo de la carroña y también recurren a la caza), encontrándose los buitres dentro del primer término.
El peligro al que se enfrenta el buitre
El elenco de especies que puede categorizar a la carroña como su fuente de alimentación es muy amplio, pero la congregación se reduce únicamente a buitres si se habla de carroñeros estrictos. Siendo la especie animal que consigue la masa animal, pero no la mata.
El buitre, un animal ampliamente conocido por todo el mundo y con mucha historia, atraviesa una de sus peores épocas a nivel de cifras. De las 23 especies de buitres que hay en el mundo, unas 11-12 se encuentran en peligro de extinción o crítico.
Esto supone que prácticamente la mitad de las especies están en riesgo y, contando a los vulnerables, la estadística habla de que un “70-75% de todos los buitres del mundo están amenazados”.
España tiene poca penitencia que pagar en este asunto; por el momento, el país es líder europeo en la investigación de buitres (760), con únicamente Estados Unidos por delante (923).
El país español tiene actualmente cuatro especies activas; la más concurrida es el buitre leonado, que cuenta con unas 30.000 parejas, cifra que puede sonar poco preocupante.
Pero la realidad es que las otras tres especies son un sensible ‘bajón’ para la ornitología española; el buitre negro reúne 2583 parejas, el alimoche común 1490 y el quebrantahuesos tiene únicamente 128 (solo 3 de cada 10 parejas sacan pollo), según estudios del Instituto Pirenaico de Ecología.

¿Enemigo o aliado?
Hubo un momento en el seminario en el que Margalida lanzó un inciso, una afirmación que puede resultar contraproducente, pero es verídica: “Humanos y buitres históricamente han convivido en armonía y obteniendo beneficios recíprocos”, afirmó el investigador.
El argumento se sostiene con dos fundamentos base: el primero, que eliminan rápidamente los cadáveres de animales en el campo, evitando la acumulación de materia en descomposición, todo esto gracias a los carroñeros, y en gran parte a los buitres.
Este proceso natural de “limpieza” reduce la propagación de enfermedades, limita la presencia de otros carroñeros potencialmente problemáticos y contribuye a la reducción en la emisión de gases de efecto invernadero, estimada en 77,344 toneladas métricas de CO2 por año (suponiendo un ahorro de 1’5M de euros).
El ahorro se produce al evitar que se tenga que establecer un proceso de recogida de los cuerpos de los animales y su posterior incineración llevada a cabo por empresas privadas, influyendo de esa forma en un sobrecoste alto.
El segundo servicio que cubren los buitres es el cultural por la expectación que generan, la gente viene y paga para acudir a un punto de alimentación y observar a los buitres.
Y esa misma masa social es la que, a su vez, duerme, come en los restaurantes y aporta un beneficio directo para zonas rurales que están deprimidas económicamente.
Los ataques a personas y animales no lo ponen fácil
Pero esta ‘relación cordial’ se ve emborronada con las últimas noticias que están apareciendo, que informan de que buitres atacan a personas humanas estando vivas, y con la intención de matar para luego comer.
A pesar de las noticias, Andoni Margalida calmó la situación el día de ayer diciendo que es imposible que el buitre pueda llegar a ser peligroso para la humanidad.
Los ataques de buitres a vacas vivas, principalmente durante partos difíciles o a animales moribundos, han aumentado en el norte de España, lo que ganaderos atribuyen a la falta de carroña en muladares tras normativas sanitarias. Pues, a pesar de ser necrófagos, se ha demostrado que el hambre puede llevarlos a comportarse como depredadores.
Este triste fenómeno, denominado como período de ‘vacas locas’, tuvo su mayor índice de casos entre 2009 y 2019, pero Margalida asegura que el ecosistema no puede volver a permitirse que suceda: “Otra oleada de ataques produciría abandono rural, despoblación, pérdida de actividades agroganaderas, regresión del ovino y transhumancia”, aclara.
Los ganaderos, pieza clave en el ‘papelón’
La responsabilidad en este punto se afirma, recae en los ganaderos, por ser el gremio humano más próximo al problema. La vigilancia en los partos, el control de animales enfermos o la simple presencia humana en momentos críticos puede ser suficiente para ahuyentar a los buitres.
El equipo de investigación de Margalida ha hecho estudios con la opinión de los ganaderos, y fueron revelados en la conferencia de ayer. El 90% de los ganaderos creen que los buitres pueden atacar, un 90%, creen en la necesidad de mitigación y menos del 10% de los ganaderos afirman que dejan el cadáver en el campo.
El ejercicio de Margalida está en hacer ver el riesgo por el que pasan los buitres actualmente y generar confianza en los seres humanos. A pesar de las ‘vacas locas’ o los ataques a personas, se tratan de episodios aislados que opacan y denigran al buitre, arrasando con todos los beneficios que aporta su existencia.
La mayor mortalidad de los buitres es provocada, y así lo explicó el científico/investigador: “La mayor mortalidad de las especies está asociada con el cebo envenenado y a los fármacos, es algo que está muy arraigado, aunque sea ilegal y esté siendo perseguido, nos incumbe a nosotros y es el problema más importante para tratar”, afirmó.
Se acaban los ‘martes en la academia’
El cierre de la conferencia culminó con una breve ronda de preguntas y los espectadores quedaron satisfechos con la totalidad del acto. La Real Academia concluirá su racha de seminarios la semana que viene, siendo este próximo, el último y abordando lo siguiente: ¿Vivimos con menos violencia que nuestros antepasados? Un análisis de larga duración desde el otoño de la Edad Media. A la misma hora (20:00 horas) y con entrada gratuita.
