UNIVERSIDAD

Las segundas oportunidades en la universidad

La imagen tradicional del estudiante universitario joven, recién salido del instituto y siguiendo una trayectoria académica lineal convive cada vez más con perfiles que rompen ese esquema. Cada vez son más las personas que retoman los estudios después de años, o quienes deciden empezar de cero tras darse cuenta de que su elección inicial no era la adecuada. Esto refleja una transformación más amplia del sistema educativo y de las trayectorias vitales.

Según el informe de la Universidad Española en Cifras 2021-2022, el sistema universitario contaba con 1,7 millones de estudiantes, un 18% más que en 2008. Todo ello en un contexto en el que la población joven ha caído un 20%, lo que indica que cada vez más personas, y en distintas etapas de su vida, optan por formarse en la universidad. Esto refleja una transformación más amplia del sistema educativo y de las trayectorias vitales.

Volver a estudiar

Para algunos, la decisión de estudiar o de retomar los estudios no es un impulso repentino, sino una idea que ha estado latente durante años.

Es el caso de Rafael Torres, un estudiante de 57 años que decidió volver a la universidad para estudiar periodismo, una vocación que había quedado pendiente durante décadas. De hecho, estuvo a punto de formar parte de la primera promoción de la Facultad de Comunicación de Cuenca en su inauguración en 2010, pero no logró acceder en ese momento.

Cuando por fin consiguió entrar fue en 2013, pero la vida volvió a interponerse y llegó el nacimiento de sus dos mellizos, lo que hizo imposible compaginar la paternidad con los estudios, obligándole a abandonar.

No fue hasta pasados siete años cuando pudo retomar su camino. Para entonces, su situación era aún más compleja con el peso de una familia y un trabajo de ocho horas diarias. Aun así, decidió volver:

“Poder estudiar ahora, continuar y estar subiendo la cima para llegar a lo alto de los estudios me está suponiendo una gratificación personal muy importante. Es como conseguir un reto u objetivo con mucha entrega, lucha y sacrificio”.

Porque, a diferencia del estudiante tradicional, su día a día no gira en torno a la universidad, sino que el estudio se incorpora a una rutina marcada por el trabajo y las responsabilidades familiares.

Sin embargo, el regreso no fue fácil. Una de las dificultades más evidentes fue la diferencia generacional con el resto del alumnado, ya que compartir clase con estudiantes varias décadas más jóvenes puede generar una sensación de desajuste.

No obstante, esa barrera se transformó en una de las experiencias más enriquecedoras del proceso:

“La experiencia con los alumnos ha sido gratificante hasta el punto que me he sentido joven de estar con ellos. Ha sido una cosa que me ha llenado de ilusión”.

Con todo esto, Rafael resume con sinceridad la clave de su experiencia:

“Con honradez hay que decir que fácil no es. Creo que lo más importante, mientras que estemos vivos, es intentar llevarlas a cabo y luchar por lo que te gusta… nunca tirar la toalla”.

La decisión de cambiar

Lejos de ser casos aislados, los cambios de carrera forman parte de una tendencia bastante extendida entre los universitarios españoles. Según la Encuesta de Población Activa (EPA) sobre los jóvenes en el mercado laboral, el 15,3% de las personas que en 2024 tenían entre 15 y 34 años en España abandonó algún tipo de estudio oficial. De esta cifra, el 40% de las personas que abandonaron, lo hicieron debido al programa de estudios. “Es decir, no era de su interés, no se ajustaba a sus necesidades, no era útil o era demasiado difícil”, explica el documento.

Este cambio surge a partir de dudas que aparecen incluso antes de empezar la universidad. Según la encuesta realizada por la consultora Círculo Formación, un 56% de los estudiantes españoles de Bachillerato en el curso 2023-2024, no tenía claro qué grado universitario deseaba estudiar.

Elegir una carrera con 17 o 18 años, en muchos casos sin experiencia previa ni un conocimiento real del contenido, convierte esa decisión en un punto de partida incierto.

Paula Ruíz lo ha vivido de primera mano. La joven de 23 años empezó el grado en Administración y Dirección de Empresas, convencida de que era una opción con salidas y estabilidad, pero la realidad no tardó en hacerle replantear su decisión:

“Realmente me di cuenta en mi primer año, sobre todo cuando me ponía a estudiar. Me costaba mucho avanzar porque me di cuenta de que no podía memorizar algo que no terminaba de entender o que directamente no me gustaba”.

Aquella sensación constante de desconexión con los contenidos fue el primer aviso de que quizá no estaba en el camino adecuado. Aun así, no tomó la decisión inmediatamente y, como muchos otros estudiantes, continuó varios cursos más. No fue hasta su tercer año que decidió tomar la decisión:

“Piensas mucho en la edad, en que vas a terminar más tarde que los demás o que estás perdiendo tiempo”.

Ese vértigo a salirse del camino marcado es, precisamente, uno de los principales frenos que retrasan este tipo de decisiones. Finalmente, Paula dejó ADE y empezó de nuevo en Trabajo Social, un cambio que tiene claro que fue el acertado:

“Ha merecido la pena. Estudiar algo que no te motiva puede perjudicarte más adelante”.

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