El voluntariado como corazón de la lucha contra el cáncer
En la compleja lucha contra el cáncer, mientras que la medicina pone los medios y son la “cara visible”, el voluntariado trabaja en un rol más “invisible” pero es un pilar muy clave en el trascurso de la lucha. En la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), esta labor no es simplemente una ocupación del tiempo libre, sino que es una pieza fundamental que permite a la organización extender sus manos donde, en ocasiones, el sistema público no llega.
Tal y como explica Almudena Hinarejos, de la AECC de Cuenca, el voluntariado es el motor que permite divulgar y transmitir todos los recursos y servicios gratuitos que se ofrecen tanto a pacientes como a familiares. Pero hay algo que define a esta red principalmente: su capacidad de derribar las fronteras provinciales.
Un apoyo sin fronteras
Uno de los puntos que más destaca Hinarejos es la red de apoyo a nivel nacional. La solidaridad de la AECC no entiende de códigos postales: “El voluntariado que hay en, por ejemplo, Albacete puede dar cobertura a la necesidad de un paciente de Cuenca que comience su tratamiento de radioterapia en el hospital de Albacete”, explica Almudena.
Esto garantiza que un paciente desplazado de su hogar nunca se sienta “solo” en otra ciudad ya que siempre habrá un voluntario esperando al otro lado para ofrecerle el mismo calor que recibiría en su sede original.
Los distintos tipos de voluntariados
Para comprender cómo funciona la AECC, hay que comprender el papel del voluntario. Almudena Hinarejos distingue entre dos pilares que sostienen la estrucutura:
- El Voluntariado Económico (los socios): Son quienes, a través de una aportación económica, permiten que la asociación mantenga sus servicios profesionalizados de forma gratuita.
- El Voluntariado General: Son aquellos que invierten su tiempo y presencia en cuatro áreas clave:
- Acompañamiento directo: Ya sea en hospitales, domicilios o mediante el teléfono.
- Obtención de recursos: Es el rostro visible en los mercadillos y en las campañas específicas como puede ser la del cáncer de mama.
- Gestión: El soporte logístico y administración en las sedes.
- Embajadores de información: Voluntarios que conciencian sobre la importancia de la prevención en campañas de colon, pulmón o piel.
El camino del voluntario
Ser voluntario en la AECC no es un acto de tan solo un día. La organización cuida tanto al paciente como al propio voluntario. Tal y como detalla Almudena, el procedimiento para ser voluntario es riguroso: tras un primer contacto y una entrevista personal, se firma un compromiso de colaboración.
Sin embargo, el paso más crítico es la formación obligatoria. Nadie puede estar en contacto con un paciente sin haber sido formado previamente bajo la supervisión de la Coordinadora del Voluntariado, quien realiza un seguimiento exhaustivo de la “vida del voluntario” dentro de la asociación.
¿Quiénes son estas personas?
Los motivos por lo que se decide ser voluntario de una asociación tan relevante como es la del cáncer es muy variada. Desde personas que han superado esta enfermedad y deciden “devolver” la ayuda recibida, hasta familiares que conocen de primera mano el proceso oncológico. Muchos de ellos llegan a través de las redes sociales o mediante portales especializados como hacesfalta.org, pero el motor principal sigue siendo el testimonio directo de otros voluntarios.
En conclusión, la labor que describe Almudena Hinarejos muestra que esta asociación no refleja al voluntariado como un complemento, sino que forja un papel fundamental dentro de ella. Gracias a ellos es posible transformar un proceso de enfermedad en un camino de acompañamiento y esperanza.
