SOCIEDAD

¿Beneficia la virtud a quien la posee o solo a los demás?

La moral de cada uno/a sigue unos códigos determinados, que son los que marcan la conducta misma. Es la conciencia la que hace que la persona reúna motivos y forje objetivos para lograr sus metas: acudir semanalmente al gimnasio, estudiar, realizar una actividad extraescolar o mantener la casa limpia son algunos de los compromisos más frecuentes.

Llevar a cabo un cúmulo de actividades semanales para el beneficio propio a largo plazo es algo común (como es lógico); sin embargo, ayudar, enseñar o simplemente escuchar al prójimo sin esperanza de recibir a cambio otro favor, no lo hace cualquiera.

¿Ser buena persona nos hace más felices?

A lo largo de la historia, filósofos y psicólogos se han hecho una pregunta aparentemente sencilla: ¿ser una buena persona también es bueno para uno mismo?

La respuesta no ha sido siempre la misma. Pensadores como Aristóteles defendían que vivir con virtud conduce a una vida plena, mientras que otros autores, como Thomas Hobbes o Friedrich Nietzsche, sospechaban lo contrario: que la moral puede beneficiar a los demás, pero no necesariamente a quien la practica.

Un estudio reciente publicado en Journal of Personality intenta arrojar luz empírica sobre este debate milenario analizando cómo tres virtudes concretas —compasión, paciencia y autocontrol— se relacionan con el bienestar en la vida cotidiana.

El trabajo, titulado Is Virtue Good for You?, fue realizado por los investigadores Michael M. Prinzing, Merve Balkaya‑Ince, Karen K. Melton y Sarah A. Schnitker. Su objetivo era examinar lo que los autores llaman “casos difíciles” de virtud.

A diferencia de comportamientos como la generosidad o la amabilidad —que suelen resultar gratificantes—, la compasión, la paciencia o el autocontrol implican a menudo situaciones incómodas.

La compasión requiere enfrentarse al sufrimiento ajeno; la paciencia solo aparece cuando algo resulta frustrante; y el autocontrol exige resistir deseos o persistir en tareas difíciles. En otras palabras, es virtud aquello que, en el momento de practicarse, puede resultar emocionalmente costoso.

Cómo se estudia la virtud en la vida cotidiana

Para estudiar cómo se relacionan estas conductas con el bienestar, los investigadores realizaron dos estudios con metodologías distintas, lo que permitió observar la vida cotidiana desde diferentes perspectivas. En total analizaron 43.164 momentos de la vida diaria de 1.218 personas, lo que ofrece una de las bases de datos más amplias hasta ahora para examinar la relación entre virtud y bienestar psicológico.

Estudio nº1

El primer estudio se centró en 239 adolescentes musulmanes estadounidenses de entre 13 y 18 años, un grupo poco representado en la investigación psicológica. Durante 21 días, los participantes respondieron a breves cuestionarios en sus teléfonos móviles tres veces al día.

Este método, conocido como experience sampling, permite captar cómo se sienten las personas en momentos concretos de su vida cotidiana. En cada encuesta, los jóvenes indicaban si habían actuado con compasión, paciencia o autocontrol, y evaluaban también su bienestar en ese momento: tanto sus emociones inmediatas como el grado de significado o propósito que percibían en lo que estaban haciendo.

Las tablas del estudio 1 muestran coeficientes que indican si, en un momento concreto, un aumento en compasión, paciencia o autocontrol se asocia con cambios en el bienestar. Fuente: Willey

En cada ocasión debían indicar qué estaban haciendo, si habían mostrado compasión, paciencia o autocontrol y cómo se sentían en ese momento. Este método permite capturar los estados emocionales en tiempo real, evitando los sesgos de memoria que suelen aparecer cuando las personas describen retrospectivamente sus experiencias.

Los resultados fueron relativamente claros: cuando los participantes actuaban con mayor compasión, paciencia o autocontrol, también reportaban mayores niveles de bienestar, tanto en términos emocionales como en relación con el sentido o significado de sus actividades.

Dicho de forma sencilla, en los momentos en que las personas se comportaban de manera más virtuosa, también tendían a sentirse mejor.

Estudio nº2

El segundo estudio adoptó una estrategia diferente y se realizó con adultos. En lugar de preguntar varias veces al día, los investigadores utilizaron el llamado “método de reconstrucción del día”.

En este procedimiento, los participantes describen los distintos episodios de la jornada anterior —por ejemplo, una conversación, una reunión de trabajo o un desplazamiento— y califican cómo se sintieron en cada uno de ellos.

Este enfoque permitió observar algo importante: las situaciones en las que surgen oportunidades para ejercer estas virtudes suelen ser, en sí mismas, momentos difíciles o desagradables. Ayudar a alguien que sufre, soportar una situación frustrante o resistir una tentación rara vez es agradable. Por eso, en esos episodios las personas suelen experimentar emociones menos positivas que en otros momentos del día.

Las tablas muestran los resultados de regresiones multinivel, un método estadístico que permite analizar simultáneamente experiencias momentáneas y diferencias entre individuos.
Fuente: Willey

Sin embargo, el estudio encontró un matiz clave. Aunque las situaciones que exigen compasión, paciencia o autocontrol pueden ser incómodas, ejercer esas virtudes parece ayudar a afrontarlas mejor. En términos de bienestar psicológico, las personas que mostraban más compasión, paciencia o autocontrol tendían a experimentar un mayor bienestar relacionado con el sentido de la vida o la coherencia con los propios valores —lo que los psicólogos llaman bienestar eudaimónico—.

En cambio, el impacto sobre las emociones inmediatas era más complejo: actuar virtuosamente no siempre hacía que el momento fuese más agradable, pero sí parecía contribuir a que las personas percibieran esas experiencias como más significativas.

Resultado y veredicto

Los resultados, según los autores, desafían la idea de que la moralidad implica necesariamente un sacrificio personal. En lugar de ver la virtud como algo que beneficia únicamente a los demás, el estudio sugiere que actuar con virtud también puede beneficiar a quien la practica, aunque no siempre en forma de placer inmediato. Más bien, su efecto parece manifestarse en un nivel más profundo del bienestar: el sentimiento de que lo que uno hace tiene propósito y valor.

Aun así, los investigadores subrayan que el trabajo tiene limitaciones. Ambos estudios se basan en autoinformes de los participantes, y el diseño observacional no permite determinar con certeza qué ocurre primero: si la virtud aumenta el bienestar o si las personas que se sienten mejor tienden a comportarse de manera más virtuosa. También es posible que exista una relación circular: que la virtud fomente el bienestar y que, a su vez, el bienestar facilite comportamientos virtuosos.

En cualquier caso, el estudio aporta nuevas evidencias a una cuestión que ha intrigado a filósofos y científicos durante siglos. Ser compasivo, paciente o disciplinado puede resultar incómodo en el momento, pero estos rasgos parecen ayudar a transformar los desafíos cotidianos en experiencias con más sentido.

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