UNIVERSIDAD

Cuenca y su encanto para los estudiantes extranjeros

Lo primero que se viene a la mente cuando se piensa en Cuenca capital es su maravilloso casco histórico, con calles empedradas y antiguas edificaciones como la catedral, sus múltiples museos y, por supuesto, las Casas Colgadas. Todo el conjunto está rodeado por la hoz del río Júcar. Básicamente, es la combinación de una ciudad pequeña, pero con mucha historia y paisaje natural.

No obstante, para muchos jóvenes de todo el mundo se convierte en su casa por uno o  dos semestres. Puede llegar a ser de mucho interés el modo de vida de estos estudiantes, el cómo afrontan los desafíos, la manera de adaptarse e integrarse en la cultura y sociedad conquense.

Menos estudiantes extranjeros este año

Este semestre, según la Oficina de Relaciones Internacionales (ORI) de Cuenca, se reciben 86 estudiantes extranjeros en la ciudad, donde 30 son de Europa y 56 de Latinoamérica. De la Universidad de Castilla-La Mancha, 17 han optado por hacer su semestre en el extranjero. En comparación con el año pasado, se tiene un número de alumnos salientes reducido a más de la mitad, con 40, y la cantidad de entrantes ha bajado drásticamente desde los 138 del curso 2024/2025.

Guillermo Ruiz y Claudia López, becarios de la ORI, no consideran la existencia de un motivo específico por el cual haya disminuido tanto el número, ya que podría entenderse el hecho de que los números cambien de un año a otro tan drásticamente como una mera casualidad. En cuanto a las carreras elegidas por los estudiantes internacionales, destacan Bellas Artes, Educación Primaria y Humanidades, seguidas de Periodismo y Turismo.

Intercambio impulsado por Erasmus+

La gran mayoría del alumnado de intercambio viene del programa de la Unión Europea, Erasmus+, cuyo objetivo con este proyecto es inculcar la educación, la formación y el deporte en el continente. Para el periodo de 2021 a 2027, la Comisión Europea afirma que se cuenta con un presupuesto aproximado de 26.200 millones de euros para todo el continente, casi duplicando la financiación del periodo comprendido entre los años 2014 y 2020.

Estudiantes de intercambio con voluntarios de ESN // Fuente: Comunicación ESN.

Entre los estudiantes beneficiados con este apoyo económico, está el alumno francés Louis Poulain, de 20 años, quien ha escogido Cuenca para continuar su aprendizaje de español y su doble grado de Derecho y Periodismo. “Tenía la opción de elegir entre Latinoamérica y España para seguir con mis objetivos, pero me incliné por España debido a la cercanía con Francia”, explica Poulain, proveniente de la Universidad Capital de Toloza. Sin duda, el idioma es una pieza clave a la hora de escoger un destino de Erasmus, puede ser temeroso o muy motivante.

Prepararse con el idioma

Otro ejemplo sería el caso de Georgia Patouchea, quien lleva más de un año aprendiendo español desde Grecia, lo cual le ha servido para ser aceptada en la Universidad de Cuenca y así poder mejorar sus habilidades lingüísticas. Patouchea confiesa que intentó escoger primeramente Madrid, pero la exigencia de español para atender a las clases era muy alta.

“Escogí Cuenca, porque había escuchado que España es uno de los mejores destinos Erasmus», admite Patouchea.

Es evidente que, para la ciudad de Cuenca, hay varias implicaciones por el hecho de tener estudiantes de otras partes del mundo. Su presencia puede llegar a enriquecer la cultura local, compartiendo costumbres y distintas perspectivas de sus países de origen. Al igual que estudiantes como Poulain y Patouchea, aprenden español, otros residentes hispanohablantes también se sienten motivados posiblemente a aprender inglés u otros idiomas y abrir sus miras más allá de lo regional.

De la otra cara de la moneda

Arturo Valverde, quien cursa cuarto de Ingeniería de Telecomunicaciones en la UCLM, confirma que ha sido bastante útil practicar su inglés con los estudiantes de intercambio, de tal manera que este pasado semestre universitario cursó su estancia de Erasmus en Cracovia, Polonia. Valverde afrontó este reto como una forma de aprendizaje y salir de la rutina: “Creo que esas experiencias son las que realmente te hacen crecer y te dejan recuerdos únicos”. La llegada de estos estudiantes internacionales también es un impulso al comercio y al consumo de bienes y servicios conquenses. Al invertir su dinero en alojamiento, transporte, ocio y restauración; para nadie es un secreto que la economía de España en gran parte depende del turismo, y Cuenca no es una excepción. 

Arturo Valverde en un viaje a Zakopane, Polonia, durante su intercambio // Fuente: Sebastián Torres.

No todo es color de rosa

No obstante, Cuenca y cualquier otro destino de intercambio imponen una serie de desafíos, entre estos está la integración a una nueva sociedad, lo cual para algunos puede dificultar el contacto con los conquenses o estudiantes locales y llegar a salir de la zona de confort al interactuar con otros estudiantes extranjeros.

Por otro lado, la burocracia existente y el constante papeleo para poder homologar y convalidar sus estudios, o en el caso de algunos, gestionar visados y permisos de estancia, suponen un problema añadido. Es la situación que enfrentan los estudiantes que vienen de otros continentes, como es el caso de Agustín Sepúlveda, que viene del Departamento Universitario Obrero Campesino de la Universidad Católica de Santiago de Chile. Este latinoamericano admite que el papeleo, los trámites, los seguros y la visa le provocaron un gran nivel de estrés y ansiedad, pero que tampoco fue demasiado difícil. Es, sin duda, una preocupación menos para aquellos que vienen desde Europa, al no tener que gestionar permisos de residencia. Por ejemplo, en vez de un seguro médico, les sirve la Tarjeta Sanitaria Europea. 

Ayudas por parte de la UCLM

No obstante, la Universidad de Castilla-La Mancha reconoce todos estos retos que enfrentan los estudiantes de intercambio y comparte información en sus portales web de las iniciativas que dispone que pueden hacer más ameno el tiempo por la región. Entre esas ayudas está el Buddy Programme, donde cualquiera del alumnado local puede aplicar en línea y posteriormente ser padrino o madrina, lo cual se traduce en guiar y ayudar al compañero foráneo durante este tiempo. Entre las tareas básicas están las siguientes: enseñarles el campus, explicarles la vida universitaria, desde horarios hasta forma de estudio o incluso las posibilidades culturales y de ocio en la ciudad.

La ORI también organiza jornadas de bienvenida durante el primer mes de llegada. Se encuentran: charlas informativas, presentaciones de los servicios universitarios, normas básicas de convivencia y el enlace con asociaciones como Erasmus Student Network. Dicha asociación está conformada normalmente por estudiantes y jóvenes voluntarios que preparan eventos sin ánimo de lucro, con el fin de ayudar a la integración del alumnado de intercambio.

Adaptarse y mezclarse o resignarse como forastero

Aquellos que pasan por Cuenca suelen tener el dilema de estar divididos entre dos mundos, uno es el tratar de acercarse a los estudiantes locales y otro es el estar únicamente de visita. Para muchos como Poulain, es la primera vez que viven fuera de casa, pero también otros como Sepúlveda lo hacen para cumplir sus retos en otro horizonte. “España es bastante reconocido a nivel global en las telecomunicaciones y encaja bien con mi carrera”, explica Sepúlveda, quien ha optado por cruzar el charco en búsqueda de una mejora en su titulación de Ingeniería en Conectividad y Redes. 

Es interesante cómo, a pesar de ser una ciudad de alrededor de 50.000 habitantes, se ha logrado adaptar a la internacionalización. Es cada vez más normal que muy cerca o dentro del casco antiguo escuches conversaciones en inglés, italiano o incluso mandarín. Algunos restaurantes, gimnasios y academias ofrecen descuentos a los estudiantes de intercambio como una forma de entender lo complicado que es emigrar, así sea por un semestre.

En definitiva, escoger Cuenca como ciudad de intercambio es vivir entre el mundo académico y el de adulto independiente, entre lo conocido y lo próximo a conocer. Se puede clasificar como una situación con muchos puntos positivos para todos. Para aquellos jóvenes que se suman al reto de vivir en el extranjero, significa una experiencia única e inolvidable, mientras que para la ciudad es una forma de demostrar su cultura, sin perder su esencia.

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