Estudios afirman que la cafeína de las bebidas energéticas equivale a la de dos cafés
Desde hace años es muy común ver a jóvenes utilizar las bebidas energéticas como una fuente de ‘gasolina’ con la que mantienen a raya la concentración y la falta de sueño durante la época de exámenes.
Su alto contenido en azúcar y cafeína (una lata es equivalente a dos cafés expresos) es un aliciente para el consumo de personas que se encuentran en una edad excesivamente temprana para su ingesta, y que corren el riesgo de desarrollar enfermedades como la diabetes.
Las taquicardias y la ansiedad, claves en la prohibición
Es un hecho que sorber una simple lata proporciona efectos estimulantes que podrían ayudar a mantener al organismo despierto y alerta —si es que puede considerarse como ventaja—, pero luego está la otra cara de la moneda; arritmias, palpitaciones, taquicardia, aumento de la presión arterial y nerviosismo son síntomas que se experimentan según la Sociedad Española de Cardiología.
Tal es el grado de adicción al que ha llegado la sociedad actual, que el Ministerio de Consumo ha decidido prohibir la venta de todas las bebidas energéticas en España a los menores de 16 años, además de hacer lo propio con las bebidas que contienen más de 32 mg de cafeína por cada 100 ml a los menores de 18, por primera vez desde el año 2006 que empezó su distribución.
La cafeína, el mayor peligro
Los tres ingredientes más conocidos de esta sustancia (sin contar los más sintéticos) son la taurina, la cafeína y el azúcar. ¿Pero cuál es realmente el más dañino o peligroso? Francisco “Fran” Zaragoza, Farmacéutico Adjunto en Cuenca, dice lo siguiente: “Para mí, sin duda la cafeína. Hay que tener en cuenta que es una cafeína artificial y no natural, como la del café”, afirma.
La diferencia entre los dos tipos de cafeína es importante: la absorción de la natural es más lenta y gradual, proporcionando energía sostenida y suavizada por compuestos como la L-teanina en el té; en cambio, la artificial que poseen las bebidas energéticas se absorbe instantáneamente, lo que puede incurrir en los síntomas mencionados anteriormente y una caída repentina de la energía.
Lo que se obtiene no es más que una falsa sensación de tener las pilas cargadas, producido por los estímulos que se dan en los neurotransmisores: “La taurina y otros aminoácidos no me preocupan tanto, es algo que el organismo no necesita y lo desecha a través de la orina, pero la cafeína artificial sí es un problema”, subraya Zaragoza.

Principales enemigas del estudio
Cuatro de cada diez menores en España consumen bebidas energéticas de manera habitual, en una dosis mínima de 500 ml que tiene aproximadamente 160 mg de cafeína. Y desde sanidad se advierte que beberlas no ayuda ni en el rendimiento deportivo ni en el académico. La ley sancionará de manera leve a los menores que consuman bebidas energéticas con 200 euros.
La publicidad que tienen estos productos tampoco lo hace fácil; marcas como Red Bull o Monster, muy presentes en los espectáculos deportivos o modalidades del motor, son motivo de curiosidad y primera toma de contacto para los menores de 16 años. Al igual que la existencia de influencers en TikTok o Instagram que valoran, en sus vídeos, cientos de sabores distintos de la gama de estas marcas.
El consumo del producto está asociado con el costumbrismo que la sociedad está adquiriendo con la dopamina de esta nueva etapa, en la que todo se demanda con rapidez. Si se tiene hambre, se acude a la comida rápida; se opta por series en casa antes que ir al cine, y se acude a la inteligencia artificial para elaborar textos con más facilidad en el estudio (lo que puede terminar siendo un lastre); así lo explica el farmacéutico Fran Zaragoza. (audio)
Concienciación en los jóvenes
Otro problema de las bebidas energéticas es que los jóvenes las utilizan como mezcla para el alcohol; la cafeína puede influir en el metabolismo con drogas, alcohol o medicamentos. “El cuerpo en esta situación abandona muchas de sus funciones y se pone a procesar la cafeína de más que hay en el organismo”. “Todas las funciones se detienen y empieza a metabolizar, dejando de interactuar con otros problemas, y ahí está el peligro”, afirma Fran Zaragoza.
En cualquier caso, hay motivos para el optimismo. Algunas Comunidades Autónomas (Galicia) han establecido un veto, alejando las latas en supermercados de productos que están pensados para niños, y La Xunta ya ha puesto en marcha programas que alertan a los más pequeños (vapers y bebidas energéticas) ya desde la época escolar, que es el momento previo al consumo más frecuente.
Estas iniciativas se sitúan en línea con otras medidas tomadas por más países europeos que plantean restricciones futuras en la publicidad de alimentos no saludables dirigidos a menores, con el propósito de diseñar una estrategia más amplia que proteja la salud infantil.
