El terror clásico toma la gran pantalla del Cineclub Chaplin en Cuenca
El pasado fin de semana, el Cineclub Chaplin de Cuenca transformó las salas de los Multicines Odeón en un auténtico santuario para los amantes del miedo con su esperado «Maratón Nuestros Terrores Favoritos». Según detalla la asociación cultural cineclubchaplin.es, la cita ofreció una sesión continua de siete grandes clásicos del género. Permitió a los cinéfilos conquenses sumergirse de lleno en la magia del séptimo arte. Para un cineclub histórico que ya ha alcanzado su límite de 800 socios, operando actualmente con lista de espera, este tipo de eventos demuestran el enorme interés por el cine de calidad que existe en la ciudad. Prioriza la experiencia puramente cinematográfica por encima de los antiguos encuentros sociales o meriendas que la masificación ha obligado a dejar atrás.
El gran atractivo de la jornada fue, sin duda, el valor incalculable de las proyecciones elegidas y la oportunidad de revisitar estas obras maestras en pantalla grande y en Versión Original Subtitulada (VOSE). Tal y como destaca uno de los socios veteranos, poder captar la entonación y los matices reales de las interpretaciones es «un auténtico lujo». Esto es un aspecto muy valorado por los espectadores que huyen del cine comercial en busca de obras con mayor profundidad. Disfrutar en estas condiciones de cintas tan icónicas y cargadas de simbología como El Resplandor convirtió la sesión en una experiencia inmersiva. Lo importante no era la compañía, sino el espacio, el tiempo y la conexión íntima y directa entre el espectador y la película.
Sin embargo, la innegable calidad de los clásicos proyectados chocó frontalmente con el feedback negativo respecto a las instalaciones y la logística. El visionado de la joya de la corona, Alien, se vio gravemente empañado. Un fallo técnico recurrente que cortó la cinta a escasos diez minutos del final, arrebatando a los espectadores el impactante clímax de la obra. A este abrupto e imperdonable desenlace para los más puristas se sumaron las quejas habituales sobre la sala. Aforo para unas 450 personas, unos asientos incómodos que no se han renovado en cuarenta años y un descontrol en la climatización que somete al público a episodios de frío o calor extremo. En conclusión, la enorme calidad de los clásicos contrastó con un cine que pide a gritos una renovación.
