Tomás Mantecón deja ojipláticos a los asistentes con su análisis histórico de la violencia humana
La Real Academia Conquense de Artes y Letras ha puesto fin a su calendario de seminarios de los que ha sido promotora. Este impulso por la cultura ha dejado apariciones de expertos que durante poco más de una hora han tenido su espacio para diseminar sus conocimientos sobre temas que les apasionan.
La carrera de Tomás Mantecón
La jornada de ayer empezó de forma natural, como en cada entrega, y con puntualidad británica; Miguel Jiménez, presidente de la RACAL, introdujo al último invitado de la serie. Tomás Mantecón Movellán es docente e historiador, y tiene una vida académica extensa; ha sido profesor en la Universidad de Cambridge, Nápoles y en la Escuela de Altos Estudios de París.
Su currículum es uno de los más extensos de toda la galería, y el propio presidente admitió haber reservado su aparición para la última cita: “Le hemos querido aguantar hasta el final”, manifestó. Y la conferencia no defraudó, pues la temática de la que se habló fue algo tan bizarro y atroz que subyació ante la serenidad y precisión quirúrgica con la que se expresó Mantecón.
Una conferencia con final alternativo
¿Vivimos con menos violencia que nuestros antepasados? Es la pregunta que marcó la conferencia (de ahí que se llame así), pero lo curioso es que, a medida que iba acabando, el público percibió que la papeleta no iba a resolverla el profesor, sino que la respuesta quedaría a criterio propio.
Los datos no se pueden cambiar y, si se analizan, es fácil sacar una correlación de lo que afirmó Mantecón. Pero como bien dijo, “el cerebro humano es, ha sido y será un misterio independientemente de la época”, sostuvo.
Las primeras investigaciones de Mantecón giraron en torno a descubrir cómo se cohesionaba la sociedad, y el segundo eslabón fue trabajar con la documentación judicial y de cofradías para averiguar el veredicto de los casos y, por ende, las cifras con las que investigar.
La violencia siempre es mucho mayor que la que se puede conocer a través de los recursos gubernamentales, pero hay formas de violencia que son ineludibles, como es el homicidio. “Si se calcula el número de homicidios que ocurren en un año por 100.000 habitantes, obtenemos un dato objetivo de los índices de violencia que tenemos”, subrayó Mantecón.
La labor investigativa de Mantecón
No obstante, al hablar de violencia, se abarca todo; el estudio consiste en agrupar los homicidios, cualquier tipo de agresión de cualquier tipo, las injurias e insultos, investigando en los archivos de casos de violencia interpersonal en tribunales castellanos de algunas áreas de distritos urbanos y rurales. Todos aquellos actos que sean definidos como violencia cotidiana.
Mantecón elaboró un gráfico que mostraba la evolución del homicidio en Europa, desde el siglo XII hasta el XX. El elevado nivel de homicidios en la Baja Edad Media (siglos XII–XV) lo atribuyó a la debilidad de las instituciones estatales y a la fragmentación del poder.
Suscribió las palabras del sociólogo Norbert Elias, que dijo que “el proceso de la civilización Y la progresiva consolidación de los Estados modernos contribuyó a monopolizar el uso legítimo de la violencia”, reduciéndose los homicidios.
El siglo XVI, un punto de inflexión
A partir del siglo XVI, se fortalecieron los sistemas judiciales, el desarrollo de fuerzas policiales y normas sociales más estrictas. Llegó la expansión del comercio; la alfabetización y la racionalización de la vida social favorecieron conductas menos violentas.
Esta caída en picado también se debe a la llegada de la Revolución Científica en el siglo XVII, impulsada por Galileo y Descartes. Con el descubrimiento de la ciencia y la llegada de la medicina, se empezó a estudiar el cerebro con mayor detenimiento, y esa investigación fue clave para empezar a diagnosticar los problemas mentales graves antes de que sucediesen las desgracias.
«En criminología, las mismas cifras pueden simbolizar todo lo contrario»
A pesar de que la acumulación de estos deleznables sucesos se haya producido por todo el mundo, Mantecón quiso dejar claro que, en estos casos, “mismas cifras significan cosas diferentes”.
“En Bogotá está el problema del narcotráfico, El Cairo tiene el problema del terrorismo y Johannesburgo tiene el problema racial. Cada una de estas ciudades ha ido evolucionando en el número de homicidios independientemente de su situación”, dijo el conferenciante.

Las grandes ciudades, más propensas al homicidio
La realidad es que los homicidios tienden a producirse con mayor cantidad en las grandes ciudades que en los pueblos, y esto se debe a la proximidad y cercanía, que es la que actúa como freno a la hora de decidir si hacerlo o no (más fácil descubrir al haber menos gente). “Es normal que el número sea más alto en Ámsterdam que en Cantabria”, afirmó.
El problema de la juventud
Llegando al clímax de la conferencia, Mantecón dirigió su opinión hacia lo que él cree que es el mayor de los problemas que tiene la sociedad, en términos violentos. Qué para él es la violencia juvenil.
Las edades de las bandas organizadas son cada vez menores (se sitúan generalmente entre los 10 y 29 años, con una mayor incidencia y riesgo de homicidio concentrado entre los 15 y 24 años).
Y los psicólogos creen conveniente investigar los factores por los que la juventud decide que el crimen es una salida laboral. “En este caso, la educación juega un papel fundamental, tanto académicamente como a nivel social y cultural”, aclaró.

Una estadística engañosa
Si bien las cifras de homicidios han ido decreciendo a lo largo de los últimos siglos, la realidad es que es una estadística claramente interpretable para mal, y que no habla bien de la sociedad y de su alto índice violento.
Actualmente es imposible averiguar el número de homicidas (no de homicidios) sin hacer un análisis exhaustivo de las cifras de los archivos judiciales como el que ha hecho Tomás Mantecón.
La violencia de género sigue siendo otro problema grave
Pero lo que sí se puede averiguar son las víctimas de violencia de género. “La gente piensa que las cifras no van a bajar; se haga lo que se haga, el feminicidio sigue vigente y hay que combatirlo”.
Las cifras siguen siendo altas (46 en 2025), pero lo que sucede es que las situaciones y culturas cambian, pero los factores siguen. Problemas en el trabajo, problemas con terceros y los abusos de drogas son ahora mismo los máximos responsables de la violencia de género actual.
Conclusión y clausura
En la ronda de preguntas, uno de los asistentes formuló la pregunta del millón, preguntó por qué las cifras de homicidios han ido decreciendo con el paso de los años.
A lo que el doctor contestó lo siguiente: “El ser humano ha ido aprendiendo a lo largo de la historia a convivir con otras especies animales, pero al final el factor cultural pesa mucho y la evolución, el aprendizaje y la conciencia o la moral son las que diferencian al humano del animal”.
De forma extraordinaria, Miguel Jiménez se sentó en la mesa junto con Mantecón para despedir y agradecer la asistencia a todos durante ‘los martes en la academia’ y despidió el formato hasta el próximo mes de octubre.
