El teatro universitario como herramienta de transformación en la Universidad de Castilla-La Mancha
Participantes del campus de Cuenca destacan el valor de una actividad que “no tiene precio” a nivel personal y que convierte el aula en un espacio sin juicios
El teatro universitario no es solo un espacio de creación artística sino un refugio emocional, una herramienta de crecimiento personal y una vía de conexión colectiva. En el caso de la Universidad de Castilla-La Mancha, esta realidad se refleja en iniciativas que han logrado consolidar el teatro como una experiencia transformadora dentro y fuera de las aulas, especialmente en el campus de Cuenca.
En los últimos meses, el impulso cultural de la universidad se ha visto reflejada en propuestas escénicas que han trascendido el ámbito académico. Representaciones en espacios abiertos como Vara de Rey, municipio de Cuenca, han acercado el teatro universitario a la ciudadanía, reforzando su papel como unión entre la comunidad universitaria y el entorno social.

Pero el verdadero alcance del teatro no se mide solo en el éxito de público, sino en las experiencias individuales de quienes lo viven desde dentro. Para Diana Cerdán Morán, el teatro ha supuesto un descubrimiento inesperado. “Yo no soy universitaria, pero he tenido la suerte este año de experimentar el teatro y para mí ha sido como un descubrimiento”, subraya la participante haciendo hincapié en que una de las claves del teatro universitario es su carácter abierto e inclusivo.
Durante el proceso creativo, explica que “se generaba un ambiente súper bonito, en el que todos y todas aportábamos, y no sentía ningún tipo de juicio”. Ese clima de confianza convierte el aula en un espacio de libertad donde el cuerpo y la emoción juegan un papel central. “Te dejabas llevar… utilizando el cuerpo y también mucha emoción”.
La experiencia, además, deja una huella difícil de sustituir por otras actividades extraescolares, “creo que te aporta cosas que otras actividades no te aportan”. Tanto es así que, al finalizar la obra, aparece una sensación de vacío en quienes practican teatro, “tengo la sensación de que me falta algo”. Para Diana, la recompensa del teatro no es inmediata ni material, pero sí profundamente significativa, “a nivel de recompensa personal, no tiene precio”, afirma.



Por su parte, Miriam Morcillo Sanz, alumna de la Universidad de Castilla-La Mancha, describe el teatro como un espacio de desconexión. “Es ese lugar de escape de la presión que tengo constantemente”. En su caso, subraya el poder transformador de la interpretación. “Puedo meterme en el papel de un personaje y salir completamente de mí”, expresa Morcillo.
Sin embargo, ese “salir de uno mismo” no implica aislamiento, sino una mayor conexión con los demás. “Lo más bonito que tiene es la gente que conoces, porque se crean vínculos súper especiales y súper bonitos”, resalta la estudiante. El teatro universitario se convierte de este modo en un lugar donde se construyen relaciones profundas, basadas en la confianza y el trabajo colectivo.
Además, Miriam destaca uno de los beneficios de esta práctica, que es la mejora en la comunicación. “Soy una persona muy tímida y me costaba hablar en público… el teatro me está ayudando muchísimo», explica.
Lejos de ser incompatible con los estudios, el teatro se integra en la rutina universitaria con facilidad. “Sacar dos horas a la semana tampoco es tanto, es cuestión de tener ganas”, afirma la participante.

El teatro universitario en la UCLM actúa como un laboratorio de aprendizaje. No solo forma en habilidades escénicas, sino que contribuye al desarrollo personal, emocional y social del alumnado y de quienes, como Diana, se acercan desde fuera del ámbito académico.
En un momento en el que la universidad busca nuevas herramientas para conectar con la sociedad y ofrecer una formación más completa,el teatro emerge como una alternativa que pasa desapercibida pero profundamente eficaz. No se mide en créditos ni aparece en los planes de estudio como asignatura troncal, pero transforma a quienes lo practican.
