Silvia Dela: la voz detrás de las novelas que leen los jóvenes
La comedia romántica vive uno de sus momentos de mayor esplendor, impulsada especialmente por las redes sociales, donde las comunidades lectoras recomiendan historias, comparten reseñas y convierten títulos en auténticos fenómenos virales. Un claro ejemplo es BookTok, la comunidad de lectores dentro de la red social TikTok que comparte recomendaciones, reseñas y fragmentos de libros a través de vídeos cortos, que ha transformado el consumo literario juvenil y ha consolidado el romance como uno de los géneros más influyentes del panorama editorial actual.
En este contexto, Silvia de la Fuente Migallón se ha consolidado como una joven referente del género. Natural de la capital conquense, la autora encontró inspiración en su hermana Julia, quien se convirtió en su impulso definitivo para iniciar una trayectoria literaria que hoy conecta con cientos de lectoras.
Una generación lectora
Y es que la lectura de novela juvenil en España vive su mejor momento. Según datos del Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España 2025, los jóvenes se sitúan en la cúspide del consumo literario: entre los 14 y 24 años, tres de cada cuatro se declaran lectores por ocio.
«El romance, aunque no se sepa, es uno de los géneros que más se vende en todo el año».
Silvia de la Fuente
Las cifras del sector lo respaldan. En su Presentación de los Datos del Libro 2024, la Fundación Germán Sánchez Ruipérez reveló un récord histórico en el sector editorial español: más de 1.200 millones de euros facturados y 77 millones de libros impresos vendidos, lo que representa un crecimiento cercano al 10% respecto a 2023. Dentro de ese total, la literatura infantil y juvenil aporta aproximadamente el 30% del valor del mercado, equilibrándose con los géneros de ficción y no ficción. Así, el segmento infantil/juvenil mantiene un crecimiento sostenido a doble dígito, siendo este uno de los aumentos más destacados de todo el sector.
La literatura como espacio seguro
Hay escritores que aseguran haber crecido entre libros, rodeados de estanterías infinitas. No es el caso de Silvia. Ella misma reconoce que, de pequeña, apenas leía: “Leía muy poco. Un libro al año, algo así”. Aun así, la literatura siempre rondó por su casa gracias a su hermana Julia, cuatro años mayor, que desde niña tuvo claro que quería ser escritora y con solo seis años ya escribía cuentos para niños. Silvia, en cambio, lo veía desde lejos: “Nunca me planteé que pudiese gustarme a mí también, porque no leía, no me gustaban las historias”.
Todo empezó a cambiar en el instituto, cuando retomó la lectura y el género romántico entró en su vida para quedarse pero, insiste, “solo como lectora”. La pandemia terminó de mover las piezas. Mientras escuchaba de fondo las mentorías que su hermana impartía con otras autoras, la escritura, hasta entonces un territorio desconocido, empezó a resultarle menos inaccesible. Un día, casi sin pensarlo, se preguntó: “¿Y por qué no intento poner en práctica esto que está contando mi hermana?» Ese pequeño gesto fue el inicio de todo. Desde entonces, no ha sabido parar. “Una vez empecé ya no hubo vuelta atrás”, afirma.
El miedo a la primera página
Empezar no es fácil. Para una escritora joven, los desafíos más importantes no siempre vienen de fuera. “Los mayores retos son los que tienes contigo misma”, reflexiona. En muchas ocasiones, la inseguridad aparece disfrazada de pregunta: ¿saldrá bien? ¿Tiene sentido lo que estoy creando? “Los miedos de hacer algo por primera vez”, resume.
Mientras muchos escritores encuentran refugio en los rituales, Silvia funciona justo al contrario: “Soy caos absoluto”. Para ella no existen horarios fijos ni lugares predilectos, escribe cuando y donde puede. Aunque, reconoce: “Sí que me gustaría tener un espacio concreto”; su realidad se basa en la adaptación constante.


Además de escribir, Silvia es profesora de inglés. El idioma la acompaña desde el colegio y siempre se le ha dado bien, aunque nunca lo vivió como una vocación clara. El vértigo llegó al elegir carrera, ya que no tenía claro qué estudiar. Le interesaban muchas cosas, pero también le asustaba poder equivocarse: “No me quería ir fuera de Cuenca, que mis padres me pagaran la carrera, el piso… y que, al final, no me gustara”. La solución fue buscar estudios a distancia, y en la UNED encontró Estudios Ingleses. “Es una opción segura”, pensó entonces. Lo que empezó como una decisión prudente acabó convirtiéndose en un acierto rotundo. “Fue prueba y error. O, en este caso, prueba y acierto”.
Cuando el amor se juega a dieciocho hoyos
El pasado 19 de febrero se cumplió el primer aniversario de la primera novela de la autora conquense. El par perfecto es una comedia romántica ambientada en un campo de golf, y esa elección no es casual. De niña, Silvia pasaba los veranos con sus abuelos, quienes se encargaban de cuidar de ella y de su hermana. Mientras sus padres trabajaban, solo había dos opciones: no ir a jugar o llevársela al campo de golf. Eligieron la segunda.
«Me dejaban un palo para que no me aburriera. Al principio era un desastre, pero a fuerza de repetir, todo empezó a salir mejor. Y cuando algo empieza a salir bien, engancha».
Con el paso del tiempo, el golf dejó de ser una obligación para convertirse en parte de su identidad. Años después, cuando la escritura ya formaba parte de su vida, Silvia descubrió un curioso vacío dentro de las novelas románticas ambientadas en distintos deportes: había de todo, excepto golf. En inglés existía alguna referencia, pero nada más. Así comenzó el proceso de creación de su primera novela, casi como un gesto pionero, una forma de unir sus dos pasiones: la literatura y el golf.
Al hablar de sus personajes, reconoce que es difícil no dejar algo propio en ellos: un gesto, una forma de expresarse. Incluso algunos secundarios que aparecen jugando están inspirados en personas reales que frecuentan el campo. “Son pequeños guiños y homenajes”, confiesa.
Los protagonistas, en cambio, funcionan de otra manera. “Ellos aparecen en mi mente ya creados”, explica. No los diseña, llegan con personalidad e historia propia. Macarena y Guzmán, la pareja protagonista, se presentan completos, y ella solo tiene que plasmar en el papel lo que construye en su cabeza. Aunque, inevitablemente, siempre le añade un toque personal: una fecha de cumpleaños, alguna broma interna, una pequeña referencia…
Además, junto a su hermana organiza eventos literarios para jóvenes: “La gente lee”, afirma con convicción. Y lo que más disfruta es ver cómo los lectores ya no esconden su gusto por la novela romántica. Esa respuesta, ese cariño del público, es lo que la impulsa a seguir escribiendo.
Del «te quiero» al «I love you»
Si lanzarse a escribir ya es un desafío, hacerlo en otro idioma ha sido un salto aún mayor para Silvia. Combinando dos de sus pasiones, la escritura y el inglés, decidió lanzarse a la piscina y experimentar nuevas aventuras. De ahí nació To Fall or Not To Fall, su primera novela en inglés. “Ha sido un reto, pero estoy muy contenta con el resultado. Aprendí muchísimo, que es algo que me encanta. Y, además, pude explorar cosas nuevas y explorarme a mí también como escritora en inglés”.
El proyecto no solo fue un reto lingüístico, sino también una aventura profundamente personal y colaborativa. Silvia contó con la ayuda de amigas cercanas: una se encargó de diseñar la cubierta y otra revisó la novela, corrigiendo y afinando detalles del texto. Ese proceso, lleno de intercambio y aprendizaje, convirtió lo que podría haber sido un reto solitario en una experiencia creativa compartida, donde cada decisión y cada palabra tenían un valor añadido.
Cómo dar el salto
Atreverse a empezar siempre ha sido una tarea compleja, y lo es aún más cuando lo que está por delante es algo desconocido y completamente nuevo. Sin embargo, gracias a ello Silvia ha convertido ese vértigo inicial en su mayor aprendizaje.
«Mi consejo siempre es hacerlo. Lanzarse y sobre la marcha ver qué necesidades hay que cubrir. Es cierto que también pueden surgir obstáculos por el camino, pero poco a poco se van resolviendo. Hay que pensar que si te anticipas a todo lo malo o lo que puede salir mal, al final nunca llega el momento de hacerlo».
Para ella, lo importante no es tenerlo todo calculado ni esperar el momento ideal, sino empezar. Escribir, equivocarse, aprender y seguir. Porque al final, no se trata de hacerlo perfecto, sino de reunir el valor suficiente para dar el primer paso y confiar en el proceso.
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