Scream 7: la saga que ha revivido el terror adolescente
Cuando en 1996 apareció por primera vez un asesino con una máscara blanca y voz distorsionada preguntando por la película de terror favorita de su primera víctima, el cine slasher cambió para siempre. Scream no solo recuperó el género: lo hizo consciente de sí mismo, jugando con sus propios clichés. Tres décadas después, la saga aún sigue viva con Scream 7, estrenada en febrero de 2026, que vuelve a enfrentar a Sidney Prescott con Ghostface.
La franquicia se ha convertido en una de las más longevas del terror moderno. A lo largo de siete películas, el asesino conocido como Ghostface ha reaparecido en múltiples ocasiones con identidades distintas, pero con el mismo objetivo: convertir el horror macabro en un juego marcado por sus reglas. Lo que empezó siendo una crítica casi irónica a las convenciones del slasher terminó construyendo un universo propio que integra misterio, humor negro y violencia estilizada.
De Woodsboro al legado de Ghostface
La historia comienza en Scream (1996), donde una joven estudiante llamada Sidney Prescott se convierte en el objetivo de un asesino que se oculta tras la máscara de Ghostface. Los crímenes sacuden el pequeño pueblo de Woodsboro y sigue un patrón claro: el asesino conoce perfectamente las reglas de las películas de terror y juega con ellas mientras acosa a sus víctimas. La identidad del asesino se revela como parte de un plan de venganza vinculado al pasado familiar de la protagonista.
En Scream 2 (1997), Sidney intenta rehacer su vida en la universidad, hasta que una nueva ola de asesinatos golpea el pequeño pueblo donde vive. La saga se amplía con Scream 3 (2000), ambientada en el rodaje de una película inspirada en los crímenes originales, donde su pasado familiar volverá a cobrar importancia.
Años después, Scream 4 (2011) muestra el regreso de Sidney a Woodsboro en pleno apogeo de las redes sociales, con una nueva serie de adolescentes atrapados en la misma trampa mortal. La franquicia da un giro con Scream (2022) y Scream VI (2023), que introducen a nuevos protagonistas, trasladando el mito de Ghostface a un contexto más moderno.
La historia continúa con Scream 7 (2026), donde el legado de los asesinatos vuelve a perseguir a la protagonista y a los personajes supervivientes a décadas de ataques. Al igual que en otras entregas la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién está detrás de la máscara?
Una saga que reinventa
Uno de los grandes aciertos de Scream ha sido su capacidad para adaptarse a cada generación de espectadores. Las primeras películas giraban en torno a la Sidney Prescott, la “final girl” que sobrevivía a un entramado de asesinatos en Woodsboro. Con el paso de los años, la saga introdujo nuevos personajes y escenarios, desde Hollywood hasta Nueva York en las últimas entregas.
Sin embargo, el personaje de Sidney nunca ha dejado de ser el eje emocional de la historia. En Scream 7, la protagonista regresa tras su ausencia en la anterior película y lo hace en una situación diferente: ahora intenta vivir una vida tranquila lejos de la violencia que dejó marcada su juventud. Pero la aparición de un nuevo Ghostface vuelve a romper esa aparente normalidad cuando su propia hija se convierte en el objetivo del asesino.
Entre la nostalgia y el desgaste
Esta séptima entrega de la saga ha llegado a los cines con una crítica bastante dividida. Mientras algunos consideran que valoran ese intento de volver a las raíces de la franquicia, otros piensan que la fórmula empieza a mostrar signos de agotamiento tras casi tres décadas de historia.
La película funciona especialmente bien cuando juega con la memoria de los fans y ese ha sido uno de los elementos mejor valorados por el público: el regreso de Sidney Prescott, interpretada por Neve Campbell. Muchos destacan que la presencia de personajes veteranos refuerza la sensación de estar frente a un homenaje y vuelve a colocar el foco emocional en la saga. Además, es muy destacable que la película mantiene algunos rasgos clásicos de Scream: el humor, las referencias al cine de terror y numerosos guiños para los fans de las entregas anteriores, y al mismo tiempo, introduce nuevos personajes y situaciones que intentan mantener vivo el espíritu del “¿quién es el asesino?”.
Sin embargo, considero repetitiva la fórmula, ya conocida en el resto de los largometrajes, el misterio central alrededor del asesino no alcanza el impacto de las anteriores películas. Incluso el clímax resulta poco convincente y debilita el conjunto.
En general, Scream 7 podría estar entre las entregas menos valoradas de la franquicia. En algunas páginas de reseñas como Rotten Tomatoes ha recibido una puntuación mucho más baja que sus compañeras de saga, lo que refleja esa recepción más tibia por parte de la crítica.
Aun así, la película mantiene ese atractivo característico: asesinos creativos, tensión constante y un juego de sospechas que mantiene al espectador alerta para descubrir quién se esconde tras la máscara. Aunque no haya alcanzado el impacto del clásico original, Scream 7 demuestra que la franquicia sigue generando expectación entre el público de terror.
El legado de Ghostface
Más allá de su última entrega, el verdadero logro de Scream es haber convertido a Ghostface en uno de los iconos del terror contemporáneo. La máscara, inspirada en el cuadro El grito de Edvard Munch, se ha vuelto tan reconocible como los villanos clásicos del género.

La saga ha superado ya las tres décadas y continúa demostrando que el cine slasher todavía puede reinventarse. Scream 7 quizá no sea la película más innovadora de la franquicia, pero sí confirma que el juego ideado por Wes Craven sigue funcionando: mientras haya reglas del cine de terror, siempre habrá alguien dispuesto a romperlas… con un cuchillo en la mano y una máscara cubriéndole el rostro.
