Pablo Prida, el joven árbitro que sueña con llegar al fútbol profesional
El fútbol no solo se vive desde el banquillo o la grada. También se siente desde el centro del campo, con un silbato y la responsabilidad de tomar decisiones en segundos. Es ahí donde se encuentra Pablo Prida, un joven árbitro asturiano que comenzó casi por casualidad y que hoy persigue abrirse camino hacia las categorías nacionales del arbitraje español.
Una vocación que nació en la adolescencia
Pablo descubrió el arbitraje con apenas 13 años, durante su etapa en la ESO. Aunque siempre le había generado curiosidad la figura del árbitro dentro del fútbol, no fue hasta ese momento cuando decidió dar el paso.
“Siempre me había llamado la atención el árbitro dentro del fútbol, pero fue algo que surgió casi sin pensarlo”
El papel clave de un profesor
En su historia hay una figura determinante: su profesor de Educación Física. Antiguo árbitro durante una década, fue quien le mostró el lado más humano del oficio. Le habló no solo de normas y partidos, sino de experiencias, amistades y oportunidades. “Me contó todo lo que había vivido, los amigos que hizo y eso me motivó mucho”, recuerda Pablo. También hubo un factor práctico: “poder ganar algo de dinero también influye cuando empiezas”.
Formarse para impartir justicia
El camino hacia el arbitraje no es inmediato. Pablo tuvo que completar un curso de iniciación de dos meses, dividido en cuestionarios semanales sobre las reglas del juego, además de superar exigentes pruebas físicas. Este proceso es habitual en España, donde los árbitros deben combinar formación teórica y preparación física.
“Había muchas preguntas de sentido común si te gusta el fútbol, aunque algunos temas eran bastante largos”
Aun así, insiste en que no lo consideró especialmente complicado, sino más bien una cuestión de constancia.
El debut: nervios y aprendizaje
Su primer partido quedó grabado como una experiencia única. Los nervios marcaron el inicio y los errores no tardaron en aparecer, algo habitual en quienes comienzan. “Estaba bastante nervioso y cometí errores, pero pude sacarlo adelante”, afirma. Esa primera toma de contacto le sirvió para entender que el arbitraje se aprende, sobre todo, sobre el terreno de juego.

Una figura clave… y cada vez más necesaria
El caso de Pablo refleja una realidad más amplia. Según datos de la UEFA, en Europa faltan decenas de miles de árbitros para cubrir todos los partidos, lo que evidencia la necesidad de nuevas incorporaciones al colectivo. En este contexto, jóvenes como él resultan fundamentales para sostener el fútbol base.
Personalidad y autoridad en el campo
Para Pablo, un buen árbitro debe tener personalidad y criterio propio. “Tienes que ser tú mismo y no dejarte llevar por nadie”, explica. Considera esencial mantener la autoridad sin perder la cercanía con los jugadores, encontrando un equilibrio que permita gestionar el partido con naturalidad.
Además, asegura que ha aprendido a convivir con las críticas, muy consciente de que la polémica forma parte del fútbol.
“No me importa mucho lo que digan desde fuera, siempre va a haber alguien que no esté de acuerdo”
El sueño del fútbol profesional
Tras años de experiencia, Pablo se plantea objetivos ambiciosos. Su meta es alcanzar categorías nacionales como Primera, Segunda o Tercera RFEF, antesala del fútbol profesional. Sin embargo, es consciente de las dificultades:
“Requiere muchos sacrificios, muchas horas y renunciar a otros planes”
Aun así, no pierde la ilusión: “me gustaría algún día estar en categorías profesionales”. Su objetivo más inmediato es claro: “llegar a categoría nacional y disfrutar de partidos con más nivel, que al final son los más entretenidos”.
Pasión por el fútbol desde dentro
Lo que más le motiva no es solo arbitrar, sino vivir el fútbol desde una perspectiva diferente:
“Es seguir dentro del fútbol, pero de otra manera, siendo la autoridad”
Una responsabilidad que asume con naturalidad y que le permite formar parte del juego desde un lugar privilegiado. Porque, aunque muchas veces pasen desapercibidos o sean objeto de crítica, sin árbitros no hay fútbol, y jóvenes como Pablo Prida representan el futuro de una figura tan necesaria como exigente.
