La Semana Santa se escribe en pequeño en Fuente del Oro
La procesión infantil de Fuente del Oro se ha convertido ya en una tradición dentro del calendario previo a la Semana Santa. Tuvo lugar el pasado domingo 22 de marzo y reunió a cerca de dos centenares de niños. Impulsada por la parroquia de San Julián, más que un acto simbólico, se trata de una propuesta concebida para acercar la Semana Santa a los más pequeños.
Hace varias décadas, en torno a finales del S.XX, un grupo de catequistas de la parroquia de San Julián decidió dar un paso más en la formación de los niños. El objetivo principal era no solo enseñar la Semana Santa en las aulas, sino hacerla vivir en la calle. “Queríamos que conocieran y sintieran la Semana Santa desde dentro y no solo saber lo que significa, sino experimentarlo”, relata Mónica Guijarro Contreras, miembro de la organización.
Así nació esta procesión infantil, pensada como una actividad educativa, pero a la vez participativa. Al principio, la procesión contó con una participación muy reducida. Esta estaba limitada principalmente a los niños de la parroquia que acudían a catequesis. Sin embargo, con el paso del tiempo, la iniciativa fue ganando arraigo en el bario. De este modo, fue despertando el interés de más familias, lo que ha proporcionado un crecimiento progresivo en sus participantes.

Este año y, como es habitual, la procesión comenzó en la parroquia de San Julián. Desde ahí los niños partieron con velas, cruces y pequeños pasos representativos de las escenas de Semana Santa. Entre los más destacados se encuentran Jesús Nazareno, la Virgen de la Amargura, la Cruz Desnuda y la imagen de Jesús resucitado. Todos ellos de tamaño reducido, por supuesto, para que los niños puedan cargar con ellos y acompañarlos durante todo el recorrido. Tras salir de la iglesia, la procesión continúa por Calle San Damián y avanza por el Paseo del Pinar. Después, sigue por la Calle San Cosme, donde el grupo coral de la parroquia entona el miserere; para regresar finalmente al templo de origen.
A diferencia de otras citas más oficiales, aquí no hay rigidez. En este proceso ha sido clave su carácter abierto, es decir, todos los niños pueden participar en esta procesión, pertenezcan o no a hermandades. Esto es lo que marca la principal diferencia con la procesión infantil que organiza la Junta de Cofradías de Cuenca. Mientras que la del barrio nace desde la base de la parroquia y el vecindario, la de la Junta responde a una estructura mucho más institucional.
La procesión infantil oficial, celebrada en el centro de la ciudad, está concebida como una extensión de las hermandades. En ella, los niños participan como si fueran pequeños nazarenos, muchos de ellos integrados en cofradías, vistiendo sus pequeños hábitos y siguiendo un protocolo más definido. Se trata, en gran medida, de una reproducción adaptada de las procesiones de adultos, pero con mayor número de participantes y organización más compleja, porque no es lo mismo coordinar a los adultos que a niños pequeños. En cambio, Fuente del Oro no busca reproducir, sino transmitir. No pretende ser multitudinaria, sino más cercana. Al final se trata de una experiencia del barrio, para el barrio. “Es muy bonito ver a los niños participar con tanta ilusión. Además, es una forma de enseñarles desde pequeños una de las tradiciones más importantes que tiene la ciudad”, explica Clara Ruiz, vecina del barrio.

Ambas procesiones comparten el mismo objetivo: asegurar el futuro de la Semana Santa conquense. Una lo hace desde la estructura oficial, desde las cofradías y la otra, desde la convivencia vecinal. En Fuente del Oro, cada niño que carga con una pequeña cruz o acompaña un paso está dando sus primeros pasos en una tradición que, generación tras generación sigue encontrando en los más pequeños una mayor garantía de continuidad.
