La entrevista ya no entiende de horarios: del prime time a los nuevos formatos
Reinventarse en los nuevos formatos
Son las diez de la noche en España y mientras unos cenan, otros ya descansan esperando descubrir qué invitado tendrá hoy La Revuelta, aunque esta incógnita sea cosa del pasado. La renovación hasta 2028 del programa de David Broncano confirma algo más que el buen estado de forma del programa. Certifica que el prime time televisivo, al que se suma el todopoderoso El Hormiguero, sigue siendo igual o más relevante que hace años, pero ya no es el único lugar donde se deciden los formatos que importan. La apuesta de las televisiones por las entrevistas se mantiene firme. Sin embargo, este formato y muchos de sus apoyos están encontrando fuera de la parrilla más tradicional un nuevo espacio con más tiempo y libertad.
Frente al modelo clásico de entrevista, las redes sociales y YouTube moldean una nueva realidad alejada de la lógica del prime time y más cercana al ritmo del espectador. Las plataformas digitales y los proyectos nacidos directamente por y para redes sociales apuestan por un estilo que acarrea cambios a lo ya preestablecido. Se apuesta por conversaciones más largas y distendidas de las que poder sacar cortes, no aparecen pausas publicitarias ni tampoco límites estrictos de tiempo. La atención pasa por ofrecer contenidos que se puedan consumir cuando y como se quiera gracias a su vez a los clips para redes, que incluso ya incluyen los programas más clásicos de televisión.
La conversación trasciende plataformas
En este laboratorio de formatos destacan programas como GRMY TV, ejemplo perfecto de este cambio de paradigma. Pero, ¿cómo una marca de ropa de Madrid pasa a ser uno de los referentes de entrevistas más consumidos por los jóvenes en España? Todo pasa por la credibilidad y una mirada que trasciende el rap del que originalmente surge. Busca alejarse del plató tradicional con un set en un almacén y encuentra cercanía no solo con el público, sino con los entrevistados. Sin esa apertura de miras Jordi Évole o Alba Flores no hubieran pisado el plató, pero es esa búsqueda de verdadera conversación la que atrae a tanta gente. A todo esto, se suma el engagement en redes que suma millones de reproducciones. Puede que pocos vean una entrevista de hora y media, pero millones consumen los fragmentos virales que la resumen.
Más allá de podcasts o derivados, el carisma del entrevistador sigue sin ser negociable. GRMY TV, igual que La Pija o La Quinqui o los espacios de diálogo que generaba Club 113, muestran un ritmo distinto marcado por estas figuras. A su vez, su lenguaje juvenil y su autenticidad, que en ningún momento se busca intencionalmente, muestran otra cara de la moneda que la televisión poco a poco incorpora con timidez.
Que los hábitos de consumo y los formatos migren hacia otras plataformas no significa el final de la televisión, pero sí evidencian que incluso la entrevista tradicional busca otras salidas para seguir brillando. El prime time resiste, pero en los nuevos mapas de tendencias, lo relevante no es a qué hora se emite el programa o si podremos verlo, sino cómo elegimos hacerlo.
